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Toché sentenció al Nàstic y lo manda de nuevo a la cola de la tabla (Oviedo 1-0 Nàstic)

El delantero azulado remata solo en el segundo palo un saque de esquina

Jaume Aparicio López

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El jugador del Oviedo celebrando el gol. Foto: La Liga

El jugador del Oviedo celebrando el gol. Foto: La Liga

La pólvora decide siempre. Por eso se paga cara. En Segunda, en Primera y en todos lados. Si tienes dinero completas una delantera de miedo. El Oviedo tiene ambas cosas y un estadio que presiona. Al rival, al árbitro y a todo bicho viviente. Un estadio que volvió a sepultar al Nàstic en la cola de la tabla. Los granas controlaron el cuero. Pelotearon una hora larga, pero sin maldad. Todo lo contrario que los locales. Su arsenal ofensivo es un pelotón de fusilamiento. Si no está fino Michu aparece Linares, Pereira o Toché, verdugo de los granas. El atacante carbayón explotó esa habilidad única de los arietes de esperar la pelota donde va a caer. Se posicionó en el segundo palo, a la espalda de los defensores y superó a Dimitrievski.

La novedad del once de Moreno fue una ausencia, la de Levy Madinda. El centrocampista gabonés se quedó en el banquillo, pese a su buen partido ante el Alavés en Copa del Rey. Molina le pasó por delante. El de La Canonja regresó al equipo después de cumplir sanción y lo hizo en el medio del campo. El técnico del Nàstic no concibe, por ahora, un once sin el carácter de Xavi. Si la irrupción de Djetei le cierra la puerta de la defensa, Moreno le abre el medio del campo, aunque ello implique dejar a otro de sus futbolistas preferidos, Madinda, en el banco. Además, el gabonés se perderá algo más de un mes por su participación en la Copa de África, entre el 14 de enero y el 5 de febrero. Habrá que ir practicando sin el africano.

La grandeza del escenario exige un despliegue de piezas preciso. No descuidar ninguna parcela del terreno de juego es crucial ante un conjunto que destroza oponentes a partir de espacios descuidados.

El Carlos Tartiere también requiere personalidad. Dejar a un lado los miedos escénicos y creer en sus propias posibilidades. Lo hizo el Nàstic que jugó unos minutos iniciales realmente buenos. Dominó la posesión y merodeó el área de Juan Carlos. Muñiz se movía libremente. Un ‘sportinguista’ suelto por el Tartiere. Lobato interpretó los movimientos interiores que dejaban libre la banda izquierda para la llegada de Mossa. Un centro del lateral del Puig generó la mejor ocasión tarraconense. Djetei alzó su cuerpo. Saltó por encima de todos sus rivales para conectar un testarazo cruzado. El Tartiere aguantó la respiración. Espiró aliviado cuando el cuero se marchó por línea de fondo. No tardó la hinchada carbayona en demostrar su disgusto a los suyos. Descontentos con la indolencia inicial del Oviedo ante un Nàstic que le superaba inició tímidos silbidos. Pitos que se transformaron en aplausos con el gol de Toché. El delantero oviedista se quedó solo en el segundo palo para cabecear al fondo de las mallas un córner botado desde la izquierda del ataque local. La estrategia volvía a darle vida a los de Fernando Hierro. Igual que la temporada pasada, un córner que corrompía el buen arranque tarraconense. Todo lo que generaron los locales llegó de la bota de Susaeta y sus golpeos precisos a balón parado. Toché y Michu explotaron los errores de marca granas pero Dimistrievski respondió a sus latigazos.

De la estrategia también quiso vivir el Nàstic. Sabe hacerlo. Tiene jugadores dotados para ello y un arquitecto dotado de una zurda exquisita para ello. Juan Muñiz inició la jugada de laboratorio. Se abrió José Carlos para recibir sin problemas y centrar raso. Djetei llegó el primero. Remató al primer toque pero el portero local despejó.

El Nàstic siguió dominando. Pese a las interrupciones constantes del Oviedo en busca de una nueva opción en jugada de estrategia, los granas controlaban el juego aunque sin profundidad y escasas ideas. Ninguno de los futbolistas de arriba estuvo acertado. El banquillo ofrecía alternativas revolucionarias. Álex López para hacer compañía a Uche y las diabluras de Jean Luc.

A Hierro el choque le resultaba incómodo. Su equipo no olía el balón y notó el riesgo. Si quería disputarle la posesión a los granas hacía falta un pelotero. Tenía uno de los mejores de la liga en el banco, David Rocha. Un dolor de espalda le había dejado sin participar de entrada ante su exequipo. Con el cacereño en el césped, el Oviedo encontró la pausa para llevar el partido a su terreno y cerrar un partido que el Nàstic pudo rascar algo más.

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