Toni Nadal: «No hubiera hecho con otro lo que hice con Rafael»

El exentrenador del mejor tenista español de la historia defiende la formación como un proyecto de desarrollo personal para acercarse al éxito

ADRIÀ MIRÓ

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Toni Nadal antes de su charla en
la Institució Turó. FOTO: FABIAN ACIDRES

Toni Nadal antes de su charla en
la Institució Turó. FOTO: FABIAN ACIDRES

Toni Nadal (Manacor, 60 años) ha sido el entrenador y preparador físico de Rafa Nadal, desde el inicio de su carrera hasta 2017, convirtiendo a su sobrino en cuádruple ganador de la Copa Davis, medalla de oro en Pekín 2008 y campeón de 17 Grand Slam, y consecuentemente siendo el entrenador de tenis más laureado de la historia. Ahora es director deportivo de la Rafa Nadal Academy ofreciendo su metodología. El pasado sábado ofreció la conferencia ‘Les coses que tenen valor són les que més costen’ en la Institució Turó.

Te defines antes como “formador” que únicamente como un entrenador. ¿Cuáles son los factores claves que se deben inculcar a jugadores que aspiran a estar en la élite como Rafa Nadal?

Me defino así porque me he dedicado a la formación de mi sobrino como jugador. Todos los que intervenimos en la formación de jóvenes lo son, ya sean de fútbol, tenis, música o pintores. Cuando decía lo de formador, lo decía en el sentido de que no me considero tanto un entrenador porque mi trabajo es la formación. Las características que inculco no son las que tienes que inculcar, sino las que creo que se deben inculcar, pero no sé necesariamente si voy bien. Con todos los niños que entrené quise siempre hacer un desarrollo personal porque sabía que, si lo hacía, tendría más opciones de éxito. No solo con Rafael, sino con todos los que entrené antes. Si ayudaba a formar el carácter y a hacer las cosas de una determinada manera, tendría más opciones de éxito.

En algunas ocasiones ha comentado que se conjuga poco el verbo “aguantarse” y que, cuando las cosas no funcionan, se debe gestionar esa frustración.

Uno de los escritores más importantes de la historia de Alemania, Johann Wolfgang von Goethe, decía que el talento se educa en la calma y el carácter se construye en la tempestad. Esto es así. Para construir un carácter fuerte no queda más remedio que emplear hechos. Para superar esta capacidad de aguante no queda más remedio que hacerlo con hechos y no palabras. No le puedo decir a un niño: tienes que aguantar. La explicación queda muy bonita a nivel político, pero es muy poco efectiva. Mi sobrino este año cuando estaba jugando en Roma le dije: Rafael, se te va la concentración, pierdes el hilo, no eres constante. Él me respondió: estoy perdiendo la concentración. Y yo le dije: pues no la pierdas. ¿Qué quieres que te diga? No hay teorías.

¿Con Rafael Nadal esa actividad formativa era distinta porque es su sobrino?

Claro. Por un lado, tenía más implicación y más margen de actuación porque era un familiar y, por el otro, no hubiera hecho nunca con otro lo que hice con Rafael. Soy duro con mis hijos, pero no los soy con los otros de la academia. Cada uno tiene que hacer lo que crea en su casa. Entiendo que dentro de la formación no es lo mismo que tenga una relación próxima y de vínculo familiar, que no.

Lo que pueda pasar en casa también es un factor decisivo en este proceso de formación. ¿Qué rol juegan los padres?

Básico. Al final, el niño pasa solo unas horas con el entrenador. Si dices una cosa y los padres lo contrario, no vamos en el buen sentido. La diferencia es que el entrenador, al no tener este vínculo, su actuación puede ser más imparcial. El padre siempre protege más de la cuenta a los hijos y, al final, les desbarata un poco.

¿Una vez estos jugadores llegan a la cima, como Rafa, es difícil encontrar incentivos para mantener el nivel?

Creo que no. Cuando estás arriba es más fácil mantenerte porque sabes que si haces lo mismo, seguirás ahí. A veces, el problema es que cuando ya estás ahí te olvidas de lo que tienes que hacer y cambias. Lo normal sería que fueses capaz de mantenerte.

¿Qué papel tiene el ego en esas circunstancias?

Es uno de los principales problemas de todo. Primero, quien triunfa en la vida tiene un ego suficientemente reconocido de sí mismo porque sabe que es bueno. Por otro lado, normalmente la gente que triunfa se rodea de gente que está dispuesta a darle la razón constantemente. Aquí tuve suerte porque mi sobrino no tuvo nunca un gran ego.

Es complicado formar parte de su entorno y ser duro con las críticas para no tirarle continuamente flores.

Nunca lo hice. A la mayoría de gente le cuesta, pero yo me acostumbré a lo otro y no entiendo otra manera de actuar. Siempre intenté en todo momento decirle a mi sobrino lo que creía y no lo que él quería escuchar. A veces le gustaba escucharlo y otras no.

¿Todo lo que envuelve el deporte de élite permite tener esa actuación más reflexiva en las derrotas?

Depende del tipo de gente que seas. Si los factores externos te desbaratan, tienes un problema. Si te mantienes firme con tus principios, es más difícil que la prensa o la exigencia del público te desbarate. Rafa no tuvo mucha presión de fuera porque ya la puse yo.

Uno en la vida tiene que buscar su tranquilidad y la satisfacción personal. Cuando actúas correctamente, habrá cuatro “anormales” que aún hablarán. Pero si haces lo que toca, normalmente tendrás una respuesta buena de la gente.

La rivalidad es también un factor que modifica tu rendimiento e incluso lo hace mejor. El caso de Messi y Ronaldo, o la competencia entre Rafa, Djokovic y Federer.

Te hace mejor de calidad tenística, pero te hace peor de resultados. Si Rafael no hubiese tenido un Federer o un Djokovic, a lo mejor hubiese ganado más título y en lugar de terminar con 20 acabaría con 24. Pensarías: el mejor de la historia. Siempre uno mejora en función de lo que te exigen los otros y uno mismo. Sabe que para ganar a otro no necesita un gran golpe, pero para ganar a Federer sí. Por consiguiente, está obligado a hacerlo. Es la fuerza de superarse cada día. Las victorias más celebras son las que más te han costado, es cuando realmente tiene valor.

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