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Torreforta también celebró la Copa África

Orgullo de Argelia. La comunidad argelina celebró en bares y calles de los barrios de Ponent el histórico triunfo de su selección de fútbol 

Raúl Cosano

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Aficionados de Argelia, con banderas y camisetas, celebran la victoria en la Copa de África.   Foto: R. C.

Aficionados de Argelia, con banderas y camisetas, celebran la victoria en la Copa de África. Foto: R. C.

En pleno julio, los bocinazos de las Ligas del Barça y las Champions del Madrid suenan a deshoras, fuera de contexto, porque cualquier título de clubes parece el pleistoceno cuando ya se ha iniciado la pretemporada. ¿Qué es, entonces, ese jolgorio veraniego que revoluciona a las diez de la noche la calle Amposta o Riu Glorieta, en Torreforta? ¿Qué son esos coches que circulan por los barrios de Ponent o por Salou ondeando banderas blanquiverdes y celebrando algo?

Cerca del Centre Cívic, en el Bar Sol y Sombra –nombre castizo, para la multiculturalidad– está parte de la respuesta. «Estamos muy felices. Hacía 29 años que no ganábamos la Copa de África. Yo vivía por entonces en Argelia», dice uno de los parroquianos, emocionado y feliz. Otros se retratan exultantes, casi en medio de la calzada, pocos minutos después del Senegal 0-Argelia 1. 

El tempranero gol de Bounedjah les ha valido para llevarse el título, el primero en casi tres décadas. «Es algo muy importante para nosotros», admiten. No faltan las camisetas oficiales, las bocinas, las banderas; y hasta los niños se suman a esta fiesta improvisada que revoluciona a una Torreforta que soporta el calor a golpe de cervezas y tapas en las terrazas. Argelia domina futbolísticamente el continente africano y su comunidad no ha dudado en salir a la calle. Vienen de La Floresta, de Campclar o del centro de Tarragona. «No somos muchos, pero hemos querido venir a ver el partido juntos y a celebrarlo», relata otro de los aficionados. 

En efecto: los argelinos no son muy numerosos, hay alrededor de 1.748 en la provincia de Tarragona, nada que ver con los 36.558 marroquíes, según las últimas cifras de Idescat, pero tienen la misma pasión para celebrar los éxitos patrios, aunque muchos de ellos se sientan más de aquí, tierra de acogida, que de allí. «Hay una generación muy buena de futbolistas, jóvenes, que juegan en ligas competitivas, en España, en Inglaterra y en Italia, por ejemplo», desgranan.

Todos coinciden en que el éxito no es flor de un día y que se veía venir desde hacía tiempo. «Hemos hecho buenas participaciones en los mundiales. De alguna manera, este título certifica que se están haciendo bien las cosas». En el recuerdo más reciente para el aficionado queda el Mundial de 2014, donde Argelia no sólo pasó de la fase de grupos quedando segunda por detrás de Bélgica, sino que plantó cara a toda una Alemania en octavos de final. «Aún se recuerda mucho que jugamos muy bien a fútbol en aquel torneo», relatan. 

El todopoderoso equipo teutón sufrió para eliminarles en la prórroga, después de un partido que los africanos gobernaron en muchas fases. Allí ponen algunos el germen de esta Argelia triunfal. Esta vez el más aclamado es Riyad Mahrez, el jugador del Manchester City. «Es uno de los mejores. Yo creo que es un líder. Ganó la Liga con el Leicester y luego lo fichó Guardiola para el City», cuentan. Suyo fue el gol decisivo en las semifinales contra Nigeria. Con empate 1-1 en el marcador, Mahrez tuvo una falta al borde del área cuando se acababa de sobrepasar el 94’. Marcó y se convirtió en aún más héroe en su país –se ven algunas zamarras con su nombre– y también en este bar de la periferia hubo grandes festejos tras ese duelo de ‘semis’.  

La fiesta continuó después, con ese orgullo futbolístico y de país que quizás la distancia de estar fuera de casa acrecienta. Torreforta, tierra de inmigración, batiburrillo de procedencias, la zona que suele vibrar con el Barça, el Madrid o la Roja, también festejó la Copa de África, aunque no lo haga en la Plaça de la Font o la Font del Centenari; todo un signo de los tiempos y un retrato sociológico de este pedazo de Tarragona. 

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