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Uche le da sentido a todo (Nàstic 2-0 Granada)

El delantero nigeriano hace un doblete para dar al Nàstic su segunda victoria de la temporada. 
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Un momento del partido de hoy. Foto: La Liga

Un momento del partido de hoy. Foto: La Liga

Un doblete de Uche dio los tres puntos a un Nàstic muy necesitado. El Granada llegaba en racha. Con tres triunfos consecutivos. Pero se encontró con un inconmensurable Ike Uche. El nigeriano ganó el partido en tres minutos y permite coger confianza al equipo.

Rodri necesitaba un encuentro así para dar argumentos a sus hombres de que la identidad que van asumiendo entreno tras entreno es el buen camino para salir de la zona baja. 

El Nàstic no es un equipo que madure las jugadas. Sus rasgos son más verticales. Velocidad y precisión. Del medio del campo hacia arriba es donde la plantilla tiene sus mejores bazas. Dos delanteros de postín, bandas incisivas y dos arquitectos que te construyen un puente sobre el vacío. Rodri no se lo pensó a la hora de apostar fehacientemente por combates a golpes directos.

El Granada cogió bien pronto el control del partido. Los hombres Oltra impusieron su superioridad con la posesión. Encerró al Nàstic en su campo. Baena tomó el control. Se puso el disfraz de Xavi y ofrecía una clase de distribución de juego. Machís comenzó a castigar a Abraham, el elegido por Rodri para cubrir el lateral derecho. Sin Suzuki, sancionado, y con Kakabadze recién llegado de Georgia, no le quedó mejor remedio al entrenador grana que cambiar de banda a uno de sus dos carrileros zurdos. Le tocó a Abraham.

Un verdadero ‘marrón’ para el barcelonés que debía medirse a uno de los mejores jugadores de la categoría. Machis domina la imprevisibilidad. Le da orden y sentido a través de las caricias al balón. Verlo de frente exige un gran dominio del espacio y de la precisión para tocar el balón en el momento justo antes de ver como el venezolano se escapa irremediablemente. Dos veces superó el futbolista del Granada al del Nàstic. Las dos veces consiguió centrar a Joselu. En ninguna pudo llegar al balón el pichichi de la pasada temporada. 

El Nàstic las veía venir y pintaba mal. Hasta que irrumpió Ike Uche. A lo bestia. Ridiculizando a los que dicen que está acabado. Los que no entendieron su continuidad. Convencidos de que la venta a la Superliga china era un regalo. Como si los chinos no supieran a quién fichaban. 

Su ‘hermano’ Emilio Viqueira hizo de puente entre el club y el jugador. Les hizo ver que ambos se necesitaban y que seguir juntos era la mejor opción para todos. El tiempo empieza a darle la razón al director deportivo grana.

El delantero nigeriano saltó al césped con fuerza. Igual que en Tenerife. Asumiendo los galones que le pertocan a un jugador de su talento. Por primera vez compartía delantera de inicio con Manu Barreiro. Tenían muchas ganas los dos de juntarse de partida. Se entienden y se complementan como solo las estrellas saben hacerlo.

En pleno dominio visitante Ike Uche ya metió el susto a los granadinos con una jugada personal deshaciéndose de la presión de dos rivales antes de meterle un pase a Mesa que la defensa cortó. También provocó un penalti pero el colegiado Moreno Aragón no quiso señalar.

Era un aviso de lo que estaba por venir. El show de Uche. El atacante dio sentido a la verticalidad que Rodri ha establecido como rasgo identitario de su Nàstic. Al juego directo que aplica el cuadro grana cuando tiene el balón le había faltado la puntilla. La definición de los metros finales. El hábitat natural del africano.

En el minuto 27 pilló un pase largo procedente de la defensa. Sin dejarlo botar la picó hacia adelante. Un autopase que le dejó solo ante Javi Varas. Con toda la tranquilidad del mundo Ike le pasó el cuero por debajo de las piernas.

Los pitos que había recibido el africano en dos malas acciones se convirtieron en un sonoro grito de celebración. 

Uche hizo el doblete tres minutos después. Error defensivo que permite al nigeriano volver a plantarse ante el portero del Granada y superarle, esta vez, con un disparo cruzado y ajustado.

Con muy poco el Nàstic había hecho mucho daño a un Granada que llegaba con tres victorias consecutivas.

Antes del descanso se rozó el tercero. También de Uche, que sentó a dos rivales antes de tirar por encima de la portería. 

Con la reanudación vino un guión más estable para el Nàstic. Dormir el partido y controlar a Machís y Joselu, muy solitario todo el partido. 

Rodri, que había hecho limitadas rotaciones, buscó oxígeno para sus hombres. No pensó en el tiempo cuando realizó un doble cambio que arruinó una sustitución más para ganar segundos al crono.

La defensa tarraconense cerró bien. Se merecía acabar un partido a cero por primera vez en la temporada para consolidar también el aspecto defensivo.  Molina y Perone ejercían de líderes sin concesiones. Gaztañaga ordenó al equipo, convirtiéndose en el ‘stopper’ que hacía falta. Recuperó balones y taponó las vías que se abrían en la medular con las transiciones. 

El sacrificio colectivo en tareas defensivas fue mermando las esperanzas andaluzas de sacar el partido adelante. No veían huecos y cuando aparecían, rápidamente se cerraban. La portería de Dimitrievski apenas la distinguieron desde lejos.

Javi Varas tampoco tuvo más trabajo. Cuando el Nàstic salía de la cueva lo hacía con mucho terreno por delante. Barreiro lo intentó en un par de ocasiones pero se quedó sin aire y no escogió la mejor opción para finalizarla.

Aparecieron Juan Delgado y Juan Muñiz pero no aportaron más que piernas frescas. Sólo el árbitro animó a la grada con una decisión incomprensible. Vio la agresión de Machis a Abraham pero nada más le enseñó la cartulina amarilla. 

Una victoria de rasgos cómodos, que permiten crecer al equipo en defensa y en ataque. Desquitarse algo la presión y poder aplicar su fútbol de una manera más confortable.

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