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Un Nàstic con dos caras

La desastrosa primera mitad ante el Oviedo quedó maquillada tras la buena reacción de los granas tras el descanso

Juanfran Moreno

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Manu Barreiro y Álex López no funcionaron jugando juntos en la punta de ataque. Foto: Pere Ferré

Manu Barreiro y Álex López no funcionaron jugando juntos en la punta de ataque. Foto: Pere Ferré

El Nàstic mostró dos versiones totalmente antagónicas en el encuentro ante el Oviedo. La primera parte fue para el olvido. La segunda mitad para el recuerdo. El planteamiento inicial por el que apostó Merino no generó ningún tipo de confianza en los jugadores de granas. De hecho, daban la sensación de no estar nada cómodos. Los rostros de impotencia y rabia comenzaron a aparecer.

El técnico linense apostó por un 1-4-4-2 claramente definido. La alineación no era insólita, pero sí algunas de las posiciones que ocupaban algunos de los jugadores que salieron de inicio. En la defensa apostó por cuatro centrales. Bouzón y Suzuki ocuparon el lateral derecho y el izquierdo, respectivamente. El eje de la zaga estuvo compuesto por Xavi Molina y Bruno Perone. La intención era la de dotar de mayor libertad a los dos extremos por los que apostó Merino, Cristian Lobato y Jean Luc. El objetivo era abrir el campo para bombardear con centros el área rival en la que Álex López y Barreiro tenían que imponer su ley en el juego aéreo.

Sin embargo, nada funcionó. El Nàstic fue un equipo previsible. Incapaz de batir las líneas de la defensa asturiana. Todo era demasiado artificial. No había ni fluidez ni naturalidad en el juego grana. No hubo más remedio que apostar por un continuo juego directo que fue totalmente estéril. Colocar a Jean Luc y Lobato a pierna cambiada era una decisión que implicaba de manera obligatoria la subida constante de los laterales para generar superioridad. No obstante, Iago Bouzón y Suzuki no son dos defensas capacitados para ello. Aquello provocó que los extremos granas estuviesen maniatados y en inferioridad de manera constante. El Oviedo logró cortocircuitar el juego grana con sus dos trincheras totalmente ordenadas.

Reacción desde el banquillo

Merino reaccionó y buscó mayor profundidad por el flanco derecho. Sacrificó a Bouzón y dio entrada a Valentín. El Nàstic encontró mayor dinamismo e incisión con la entrada del gerundense. El movimiento de piezas no terminó ahí. La segunda parte se inició con Jean Luc y Lobato jugando a banda natural. Eso permitió a los granas abrir mucho más el campo, las ayudas del Oviedo en los extremos ya no eran tan efectivas. Se completó la metamorfosis grana con la entrada de Juan Delgado por Álex López. De repente, el Nàstic comenzó a encontrar fluidez. Barreiro fijó centrales, mientras que el chileno jugaba con total libertad por el frente de ataque. El Nàstic embotelló al Oviedo con un Sergio Tejera que actuó de director de orquestra. Movió al equipo, dotándole de ese dinamismo y verticalidad necesaria para resquebrajar la defensa ovetense.

Con el uno a dos en el marcador y a falta de 20 minutos para el final, el gaditano fulminó su plan inicial en los laterales y sustituyó a Suzuki por Stéphane. Lobato finalizó el encuentro como carrilero zurdo, mientras que el camerunés ocupó la punta de ataque junto con Barreiro. La reacción tuvo premio. Tejera completó su actuación magistral con otro gol de museo e hizo olvidar un plan inicial con muchas taras.

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