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Un Nàstic nuevo y renovado

Nano Rivas le ha dado un aire más alegre desde un dibujo diferente (4-3-3) y una propuesta atractiva 

Jaume Aparicio

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Maikel Mesa recuperó su mejor juego en su regreso al medio del campo.  FOTO: pere ferré

Maikel Mesa recuperó su mejor juego en su regreso al medio del campo. FOTO: pere ferré

El ‘redebut’ de Nano Rivas trajo felicidad al Nou Estadi. El empate ante el Cádiz no era el resultado esperado. Pero la imagen del equipo mejoró ostensiblemente y ofreció un buen punto de partida de cara a tener un tramo final del campeonato liguero más tranquilo que el de la temporada pasada.

Con Nano Rivas parece que el grupo ha recuperado alegría. Frente al Cádiz los futbolistas transmitieron un sentimiento de confianza que hacía jornadas no se veía. El entrenador manchego ofreció un lavado de cara completo al equipo. Una profunda renovación en todos los aspectos. 

Seis de los siete fichajes de invierno participaron en el partido. Para eso llegan los refuerzos. Si no mejoran el nivel del equipo, no serían buenas incorporaciones. 

El único de los ‘nuevos’ que se quedó fuera fue César Arzo. Julio Pleguezuelo, Álvaro Vázquez, Fali y Javi Márquez lo hicieron en el once titular, mientras que Matilla y Dumitru salieron en el segundo acto.

Los refuerzos ayudaron a dar aire fresco al equipo y despejar esa angustia que transmitía el juego del equipo en el Nou Estadi. Nano Rivas dejó fuera a futbolistas que eran piezas destacadas para Rodri como Gaztañaga o Suzuki. 

No fue la única diferencia entre ambos entrenadores. Mientras el barcelonés defendió el 4-4-2 como único dibujo aceptable para el tipo de jugadores que tenía la plantilla, Nano Rivas apostó por un 4-3-3. Si Rodri dibujaba a su equipo partiendo de los dos delanteros, el manchego construye en base a un medio del campo creativo. 

La propuesta de Nano Rivas parte de la posesión. Ser protagonista del juego. Proponer más que encerrarse en su propio campo. No descartó poder usar ese registro en algunas fases, cuando el partido lo requiera, pero la premisa es asumir el peso del juego. 

Para ello necesita futbolistas capaces de liderar el fútbol combinativo. Ahí aparecen Maikel Mesa y Javi Márquez. Los dos centrocampistas cogieron las riendas del equipo con personalidad. El canario recuperó su versión de ‘playmaker’ asociándose de primeras y encontrándose más cómodo sobre el césped que cuando partía escorado en la banda. 

Ya no estaba solo en la elaboración. Javi Márquez cosía el juego de la mediapunta encontrando espacios con la conducción para cargar el disparo lejano. El centrocampista conectó con Álvaro Vázquez como si ambos nunca hubieran dejado de jugar juntos.

Tres temporadas compartieron vestuario en el RCD Espanyol. Unas raíces de un binomio que puede catapultar al Nàstic.
El equilibrio del equipo en la contención lo sostuvo Rafael Giménez ‘Fali’. La presencia del pivote defensivo facilitó el repliegue y evitó los contragolpes del Cádiz. Uno de sus grandes peligros.

El valenciano cumplió con su cometido. Echó kilómetros para cubrir toda la amplitud del campo y puso ese carácter que tanto cariño le granjeó con la grada del Nou Estadi antes de su marcha al filial del FC Barcelona. 

Le faltó cierta precisión, pero es algo que tampoco se le pide en su demarcación. 

En el ataque encajó de manera diferente a Álvaro y Barreiro. Mandó al de Badalona a la izquierda y dejó al gallego como punta. Nano confía que el atacante cedido por el Espanyol pueda encarjarlo.

La hinchada notó el nuevo talante de su equipo. Se palpó la ilusión de ver de nuevo al de Ciudad Real en el banquillo del Nou Estadi. Los aficionados granas se fueron a casa con otra cara. Lo que vieron sobre el terreno de juego les ofreció suficientes motivos para el optimismo. 

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