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Un grito de libertad

El Reus supera con solvencia al Lloret (4-1) y suma su tercera victoria consecutiva en la OK Liga

Marc Libiano Pijoan

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Álex Rodríguez, al fondo, conduce una bola durante el partido.  Foto: pere ferré

Álex Rodríguez, al fondo, conduce una bola durante el partido. Foto: pere ferré

Existe en el templo cierta manifestación de libertad cada vez que el Reus asoma. La anarquía de su comportamiento provoca cierto guiño hacia el romanticismo revolucionario. Mariotti dirige a un ejército que vive del ingenio, no del orden. En el caos puede sentirse feliz. Entre cadenas entristece. Quien espere un derroche de rigor del Reus, mejor que elija tomarse una cerveza en la Plaça Mercadal. Invertirá su tiempo con mayor provecho. Ante el Lloret, en una de esas citas con aire a tardeo de verano en un chill out, los rojinegros hallaron el éxito en el último bocado del primer tiempo. En el segundo sestearon, probablemente presos en esa cómoda posturita de sofá.

Barceló sería capaz de hacer competir a una pandilla de barrio. No busca coartadas en la escasez de recursos. Prefiere hallar soluciones. Con un Lloret tierno de experiencia, expone manual táctico para mantenerlo de pie. Gane o pierda. Todo lo que exhibió en el Palau creó admiración. En talento individual, entre Reus y Lloret, la distancia resulta sideral. En los hábitos de pizarra, Manolo la acorta peligrosamente.

A los de Mariotti les costó un abismo desnudar el crudo sistema defensivo gerundense. Se arropa en la trinchera el Lloret para cultivar sus méritos. La solidaridad es el punto de partida. Al Reus, cuando el enemigo le exige soluciones colectivas, se le desnudan sus sospechas, aunque terminó por descubrir entresijos. Sobre todo cuando logró robar y correr la transición.

Ofreció hoja de servicios Álex Rodríguez, que participó en tres de los cuatro goles del Reus. En el primero generó el espacio y sirvió al segundo palo. Esperaba Casanovas para empujarla de primeras, de cuchara. No es sencillo el remate desde ese perfil. El reusense clavó el stick en el suelo como un gancho de paraguas. Fue gol. Se habían consumido 17 minutos y Plaza había amenazado a Pedro Henriques con un remate al poste. El Reus concedió poco más. Su derrame de energía terminó por inclinar la tarde. Todo antes del respiro.

Sobra un tiempo

Joan Salvat, con un doblete de aspirante al oficio del rematador insaciable, y Marín cerraron el partido. El capitán fue malabarista de circo tras recibir en ventaja y jugar con la pelota a medio metro del suelo. Tres toques y definición magistral. Todo sin ver el terrazo. Deliciosas maniobras de artistas de parque que enloquecen a los niños.

En realidad, al Reus le sobró el segundo tiempo. Hasta el punto que Mariotti guardó munición pensando en la primera batalla europea del sábado. Marín, Torra y Platero se acomodaron en el banco. Hubo espacio para Torné y Marc Ollé. También para errar dos tiros directos y dos penaltis. En otras condiciones, demasiado peaje. Ante el Lloret, una simple anécdota. Marc Grau decoró el resultado y llenó de dignidad a su equipo, firme como el acero, en pleno grito a la libertad del Reus.

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