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Victoria liberadora del Nàstic en Anduva

Los granas logran su primera victoria de la temporada tras vencer al Mirandés en su estadio por 0-1, con gol de Juan Muñiz

Jaume Aparicio López

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Foto: LaLiga

Foto: LaLiga

Anduva se está convirtiendo en un campo fetiche para el Nàstic. La temporada pasada supuso el ‘nacimiento’ del Jugador Revelación de Segunda, José Naranjo. Se empezó a destapar en Miranda de Ebro, con un gol en el tiempo de descuento que dio los tres puntos a los tarraconenses. Esa victoria sirvió también para adquirir confianza colectiva en sus posibilidades. Un punto de partida de la magnífica temporada grana.

Eso es lo que ahora necesita el Nàstic. Volver a convertir el ‘británico’ estadio burgalés en un trampolín emocional.

La victoria en Anduva, primera del curso, tuvo un tono liberador. Los futbolistas granas acabaron abrazados en el centro del campo. No hay mejor pegamento que el triunfo.

El conjunto de Vicente Moreno recuperó la imagen de equipo compacto. Después de convertirse en el equipo más goleado de la categoría, con una media de tantos encajados de más de dos por partido, dejar la portería a cero es síntoma claro de mejora. Encima se hizo lejos del Nou Estadi, con lo que ha costado ver un buen Nàstic de visitante. Hubo que sufrir y tirar de intervenciones milagrosas. Dimitrievski en la primera mitad y Suzuki en el tiempo añadido. Pero el marco del macedonio se mantuvo virgen durante los 90 minutos.

Anduva contempló el debut liguero de Djetei. Hacía semanas que rondaba la posibilidad de salir de titular, después de hacerlo en Vallecas, en Copa del Rey. En Miranda llegó su turno y el camerunés respondió a las expectativas. Suplió sus deficiencias tácticas con la anticipación y su contundencia en el corte. Le queda rodaje por hacer, pero se vislumbra un central en ciernes.

Ideó Vicente Moreno un plan para cerrar el grifo de creación del Mirandés. Para ello apostó por poblar la medular y tener superioridad numérica. Molina recuperó el perfil ‘mediocentrista’ junto con Cordero. Un doble pivote que funcionó hasta la lesión del andaluz. Poco más de media hora. Madinda, que comenzó el encuentro como interior derecho, regresó a su posición habitual, mucho más cómodo.

El planteamiento del valenciano dio resultado. Taponó la salida limpia de balón del Mirandés. Los pupilos de Terrazas no encontraban pasillos para llevar la pelota a la zona ofensiva, bien cerrados por los jugadores tarraconenses. Sin que ninguno de los dos equipos tuviera la posesión en propiedad, fue el Nàstic quien daba mejores sensaciones. La desesperación local era plausible, mientras los granas aseguraban su rendimiento defensivo sin sufrimiento.

Las primeras ocasiones fueron de los visitantes. Una volea de Cordero desviada, después de una buena combinación colectiva que llevó el balón de lado a lado.

El peligro local partía de los robos. Era importante concentrarse para no perder el esférico ni en zona de creación ni a media salida. Los de Terrazas atacan en manada y una pérdida abría la puerta a la llegada de muchos hombres a los dominios del Nàstic.

El conjunto de Moreno siguió a lo suyo, sin mucho continuidad, pero amenazante con pases filtrados a la espalda de la defensa de tres local. Fue Álex López el que mejor lo vio. Leyó el pase de Madinda y pescó un balón interior. Solo le faltó definición ante Sergio Pérez. La cabeza le fue más rápida que los pies y se hizo un lío.

La primera vez que se hizo notar el Mirandés fue a la media hora de juego. Una galopada de Sangalli que pilló a la defensa grana desordenada. Salvó todos los obstáculos, excepto el último. Un descomunal Dimitrievski que aguantó en pie para tapar todos los espacios posibles. Sangalli no encontró ninguno y se estampó contra el macedonio.

El descanso le sentó bien al Mirandés. Regresó al tapete de juego con mayor empuje y decisión. La zaga comenzó su labor de achique ante los centros locales. Pero fue por el piso por donde encontró la brecha el Mirandés. Trenzaron en el balcón del área y dejaron a Néstor Salinas controlar en el punto de penalti. Chutó mal y el Nàstic respiró.

El truco era el contragolpe. Lo fue la pasada temporada con dos acciones calcadas, la segunda de las cuáles supuso el gol de Naranjo. La fórmula funcionó igual. Corrió Giner. Como una bala. Se pateó toda la banda izquierda, superando rivales por piernas. Los tres centrale burgaleses no le podían frenar. El campo se le acababa, levantó la vista y descubrió a Muñiz que había aprovechado que Giner concentraba toda la atención para llegar solo. Justo para empujar el centro raso al fondo de la red.

El gol dio fuerzas al conjunto grana que se preparó para sufrir el acoso del Mirandés. Terrazas estiró aún más sus líneas, exponiéndose aún más en defensa. El duelo se convirtió en la pugna entre dos conceptos distintos. El Nàstic guarecido en su defensa, a la espera de un nuevo contragolpe que le diera tranquilidad en el marcador y el Mirandés, a tumba abierta, volcado en ataque.

Los granas necesitaban cortar el ritmo. Cerrar los partidos era una asignatura pendiente. Valía todo para lograrlo. Primero la contundencia. Juntar líneas y proteger el marco de Dimitrievski por tierra, mar y aire. También la pillería. Como hacen la mayoría de equipos cuando sufren. El árbitro alargó más de lo oportuno. Se fue hasta los más de cinco minutos de añadido. En ese tiempo de prolongación llegó la oportunidad más clara para el conjunto burgalés. Un disparo de Pedro que tapó Suzuki desde el suelo. Se jugó su integridad el japonés. Todo por la victoria. La primera. Un punto de partida para recuperar la confianza. La fe en salir de la cola de la tabla y hacerlo cuanto antes.

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