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Vítor Silva, 'El mago de Penafiel'

En Paços de Ferreria alcanzó su esplendor y en San Petersburgo sintió la melodía celestial de la Champions. Admirador de Xavi Hernández, Vítor Silva quiere ahora llevar al Reus a Segunda A
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Vítor Silva, durante el entrenamiento de esta mañana. Foto: Alfredo González

Vítor Silva, durante el entrenamiento de esta mañana. Foto: Alfredo González

 

Un 28 de agosto de 2013, Vítor Silva (Penafiel, 1984) soñó despierto en San Petersburgo. En el estadio Petrovski, aquel Paços de Ferreira tan sorprendente se presentó con sobrado entusiasmo para plantarle cara al consolidado Zenit, en la ronda previa de la Champions. Vítor formó en el once. Era el mediapunta diferente del Paços. Los ojos de varios cazatalentos le observaban minuciosamente. El mercado seguía abierto. 
Vítor se había salido en la temporada anterior y, junto a sus compañeros del modesto equipo luso, firmó una tercera plaza histórica en el campeonato del país vecino. Por eso pudo poner los pies en la Champions. El Zenit fue muy superior en aquella eliminatoria. 1-4, en Paços de Ferreira y 4-2 en San Petersburgo. No importó demasiado. Vítor se había ganado un contrato de altura con su talento. Aquel verano le firmó el Sporting de Lisboa.
«Recuerdo mucho aquel día. Ellos fueron muy superiores, pero no hay nada comparable a jugar un partido de Champions», confirma el protagonista, que tras el entrenamiento atendió al Diari. En el Zenit de Luciano Spaletti destacaba su compatriota Danny, además de Neto, Shirokov o Tymoshchuk. Sólo las apariciones del rojinegro en el mítico estadio José Alvalade con la verdiblanca del Sporting pueden igualar a aquella noche en la que sonó la música celestial europea.
En las calles de Penafiel, Vítor Silva entendió que el fútbol era su vida. No se despegada del balón. En el club de su ciudad completó el proceso de formación. Luego pasó por los modestos Lousada (2004-05) y Madeira (2007-08) para volver a Penafiel, justo antes de dar el salto definitivo a la élite. En Paços de Ferreira (2011-13) explotó. «Allí tuve la confianza de todos. Jugaba de ‘10’ y me sentí a gusto desde el principio», confiesa. Los lujosos estadios de Primera División favorecían a sus características. Había espacios para que pudiera expresarse. 
Su aparente fragilidad física suele mentir. Vítor nunca recurrirá al despliegue para lucir sus virtudes. Es el mejor amigo del balón. Con él habla. Un experto en crear sociedades, en filtrar pases definitivos. En Reus empieza a aparecer la mejor versión de Vítor. Algo que no pudo ocurrir en el Sporting. No disfrutó de continuidad y decidió buscar una salida. La palabrería suele contar que el mediapunta ya pudo recalar en el fútbol español justo en verano de 2013. El Espanyol y algún equipo más decidieron tentarle, aunque él sabe poco. «A mí nadie me llamó. Puede que a mi representante sí». Vítor admira a los ‘jugones’ del fútbol nacional. «En directo, Xavi es el jugador que más me ha impresionado».
Su fichaje por el Reus en el último suspiro del mercado veranigo sorprendió. Se charló mucho sobre ello. Él y su esposa Diana decidieron hacer las maletas y probar una nueva aventura. Siempre al lado de la pequeña Carolina, la única hija de la familia. «Sin ellas hubiera sido imposible que yo estuviera aquí», aclara el futbolista.
A Vítor le ha costado más de la cuenta porque quizás «mentalmente no estaba preparado para bajar una categoría», aunque ha quedado sorprendido del nivel de la Segunda B. «La realidad supera a lo que yo imaginaba». Poco a poco se ha ganado el respeto de todos. Nunca su puso en tela de juicio su calidad. Ésta emergió especialmente ante el Badalona, en una segunda parte maravillosa. Él no se conforma. Quiere al Reus en Segunda A.

Un 28 de agosto de 2013, Vítor Silva (Penafiel, 1984) soñó despierto en San Petersburgo. En el estadio Petrovski, aquel Paços de Ferreira tan sorprendente se presentó con sobrado entusiasmo para plantarle cara al consolidado Zenit, en la ronda previa de la Champions. Vítor formó en el once. Era el mediapunta diferente del Paços. Los ojos de varios cazatalentos le observaban minuciosamente. El mercado seguía abierto. 

Vítor se había salido en la temporada anterior y, junto a sus compañeros del modesto equipo luso, firmó una tercera plaza histórica en el campeonato del país vecino. Por eso pudo poner los pies en la Champions. El Zenit fue muy superior en aquella eliminatoria. 1-4, en Paços de Ferreira y 4-2 en San Petersburgo. No importó demasiado. Vítor se había ganado un contrato de altura con su talento. Aquel verano le firmó el Sporting de Lisboa.

«Recuerdo mucho aquel día. Ellos fueron muy superiores, pero no hay nada comparable a jugar un partido de Champions», confirma el protagonista, que tras el entrenamiento atendió al Diari. En el Zenit de Luciano Spaletti destacaba su compatriota Danny, además de Neto, Shirokov o Tymoshchuk. Sólo las apariciones del rojinegro en el mítico estadio José Alvalade con la verdiblanca del Sporting pueden igualar a aquella noche en la que sonó la música celestial europea.

En las calles de Penafiel, Vítor Silva entendió que el fútbol era su vida. No se despegada del balón. En el club de su ciudad completó el proceso de formación. Luego pasó por los modestos Lousada (2004-05) y Madeira (2007-08) para volver a Penafiel, justo antes de dar el salto definitivo a la élite. En Paços de Ferreira (2011-13) explotó. «Allí tuve la confianza de todos. Jugaba de ‘10’ y me sentí a gusto desde el principio», confiesa. Los lujosos estadios de Primera División favorecían a sus características. Había espacios para que pudiera expresarse. 

Su aparente fragilidad física suele mentir. Vítor nunca recurrirá al despliegue para lucir sus virtudes. Es el mejor amigo del balón. Con él habla. Un experto en crear sociedades, en filtrar pases definitivos. En Reus empieza a aparecer la mejor versión de Vítor. Algo que no pudo ocurrir en el Sporting. No disfrutó de continuidad y decidió buscar una salida. La palabrería suele contar que el mediapunta ya pudo recalar en el fútbol español justo en verano de 2013. El Espanyol y algún equipo más decidieron tentarle, aunque él sabe poco. «A mí nadie me llamó. Puede que a mi representante sí». Vítor admira a los ‘jugones’ del fútbol nacional. «En directo, Xavi es el jugador que más me ha impresionado».

Su fichaje por el Reus en el último suspiro del mercado veranigo sorprendió. Se charló mucho sobre ello. Él y su esposa Diana decidieron hacer las maletas y probar una nueva aventura. Siempre al lado de la pequeña Carolina, la única hija de la familia. «Sin ellas hubiera sido imposible que yo estuviera aquí», aclara el futbolista.

A Vítor le ha costado más de la cuenta porque quizás «mentalmente no estaba preparado para bajar una categoría», aunque ha quedado sorprendido del nivel de la Segunda B. «La realidad supera a lo que yo imaginaba». Poco a poco se ha ganado el respeto de todos. Nunca su puso en tela de juicio su calidad. Ésta emergió especialmente ante el Badalona, en una segunda parte maravillosa. Él no se conforma. Quiere al Reus en Segunda A.

 

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