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Vitor, al rescate (Mirandés 1-1 Reus)

El Reus empata a uno en Anduva ante un Mirandés que dominó el juego hasta la entrada de Vitor en la segunda mitad con un juego más creativo. Querol igualó el tanto inicial de Guarrotxena

Iñaki Delaurens

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Foto: Adriana Andrés

Foto: Adriana Andrés

El invierno en Miranda de Ebro es frío. Muy frío, casi gélido. Quizá por ello al Reus le costó encontrar su mejor versión en Anduva. ¿Quién sabe? En cualquier caso, los rojinegros no tuvieron un primer acto muy fino en que el Mirandés mostró más ambición. Tampoco el inicio del segundo resultó mucho más esperanzador. Pero el guión cambió con la entrada al pasto de Vitor. Natxo González introdujo una pieza determinante, un alquimista capaz de inventar y moldear la realidad a su gusto. Giró la tónica y Querol empató el tanto de Guarrotxena. El medio portugués aportó calor a un escenario que cada vez más se estaba helando.

El Mirandés planteó un arranque con un ritmo alto y vertical, intentando provocar el desorden. Miró el marco de Badia desde el primer minuto y el Reus le respondió con la misma moneda. Máyor y Eguaras fueron los primeros en probarlo. El visitante con un testarazo forzado y el local con un chut duro que lamió el larguero rojinegro.

Édgar Badia, eterno salvador, estrenó su inventario de paradas en un saque de falta lateral. Kijera la puso con veneno. Nadie acertó a rematar pero la bola caprichosa buscaba la red. El meta rojinegro sacó a relucir sus reflejos para evitar el tanto.

El arrojo inicial quedó como anécdota del aperitivo. El Reus relajó el balón y le pidió calma. Le ofreció mimos. Pero el Mirandés, con un espíritu canalla, sacaba provecho de los errores en la elaboración rojinegra para crear peligro. Sangalli y Eguaras olieron el poste con dos tiros al contragolpe.

Los chicos de Natxo no se achantaron. A volver a empezar y tocar la pelota hasta entonar el solfeo. Éste se ensordecía más allá de tres cuartos. En los últimos metros, pese a insistir en los espacios, la prisa se anteponía a la precisión, lo que facilitó la labor de la zaga local.

Las llegadas de los pupilos de De los Mozos sucedían con más asiduidad, aunque los disparos desviados, tímidos e incluso desganados no ponían en apuros la puerta de Badia. Parecía que el Mirandés necesitaba una genialidad para anotar. Así fue.

De la picardía rojilla nació el primer tanto. Pérdida del Reus en la creación con posible falta y la bola le cae botando a Guarrotxena en la órbita de la media luna. El vasco empalma de primeras y dibuja un arco que golpea en el travesaño antes de entrar a gol (1-0).

El cuadro reusense siguió a lo suyo. Ramon Folch y López Garai se fijaban en la sala de máquinas mientras arriba Fran, Querol, Miramón y Máyor se asociaban en la búsqueda de resquicios imperceptibles. La defensa del Mirandés estaba cómoda asentada con la ventaja en el marcador. Y de nuevo en los últimos metros el balón moría sin un obituario digno de la gloria del gol.

Un pausado Mirandés saltó en el segundo acto. Sin el apremio que había mostrado al inicio, sino más tranquilo y proponiendo un estilo de toque. Quería evitar que la posesión fuera rojinegra para alejar el peligro de su parcela.

El Reus combinaba intentando atacar los huecos, cuando se presentaban, y en corto a través de la paciencia, cuando los rojillos cerraban líneas. Una partida táctica y conservadora que requería de más desparpajo ofensivo reusense para cambiar el destino del encuentro.

En esta postal, Guarrotxena mellaba los resquicios del muro visitante como una lagartija impetuosa. Primero, se marcha de dos defensas para poner el pase atrás. Luego, su chut se topa contra Babic. Una amenaza constante a la que no se podía conceder ni un metro para correr, ni un segundo para pensar.

Natxo buscó en su caja de soluciones y halló dos piezas portuguesas. Vitor y Guzzo renovaron las ideas en la medular. Sobre todo, el primero. Vitor, ese hombre taciturno, concibe el fútbol con el espíritu de un artista, un poeta, un arquitecto, en fin una figura que se exige marcar tendencia. Con solo dos pases cambió el ritmo del juego. Le dio al Reus la imaginación que necesitaba arriba para generar peligro.

En una acción colectiva Vitor puso la bola al espacio para Ángel en plena alfombra del área. El zurdo dio el pase de la muerte y se hizo el silencio. Máyor no acertó primero y luego Guzzo disparó al cuerpo de un rival. En otro pase de ensueño del luso, Querol llegó a línea de fondo y la puso al primer palo. Allí, Máyor estiró la pata para empujarla a gol. Sin la suerte de cara, lamió la madera.

La insistencia halló su premio. Pared entre Vitor y Guzzo para buscar a Campins en profundidad. Centró el lateral y la bola llegó al segundo poste. En un segundo eterno, Querol apareció para empujarla a la red. El ‘Cuco’ se reencontraba con el gol en su segunda etapa rojinegra (1-1).

De repente, al Mirandés le comieron las prisas. Y lo hizo con mucha hambre. Adelantó metros a golpe de galopada y a cuando se intuía una ocasión ya chutaba a portería. Pero como ya hemos comentado al inicio de este relato Édgar Badia estaba bajo palos y marcarle no es tarea fácil.

Guarrotxena tiró con potencia, como en su gol anterior. La bola subía hacia portería, pero Badia la blocó muy seguro. Igual que ante un chut de Maikel Mesa desde la frontal. Pero la intervención más impresionante fue ante Álex García. El nuevo ariete bigotudo del Mirandés pinceló la volea que caía peligrosa a la base del palo. Con los puños por delante, Badia desvió la pelota en su camino al gol.

Guarrotxena lo intentó en la compensación con un testarazo que saludó de cerca el poste antes de salir fuera. El reparto de puntos pareció lo más justo. La postal invernal quedó enmarcada entre fogonazos de gracia.

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