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Vítor enciende la luz

El enganche del CF Reus reaparece ante el Sporting cinco meses después de su última actuación en Almería. El Estadi enloquece sólo con un cuarto de hora de su fútbol

Marc Libiano

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Vítor Silva se marcha de un rival del Sporting. Foto: Alfredo González

Vítor Silva se marcha de un rival del Sporting. Foto: Alfredo González

El murmullo del Estadi presagió movimientos sospechosos en el banco. Garai ordenó activar a su rotación. De ese sillón en el que nadie quiere pasar frío, asomaron Campins, Íñiguez, Haro y otro pequeño que generó añoranza. Vítor Silva olía de nuevo el verde y enseñó ese trote indiferente. Engaña. En su interior reinaba una dosis de felicidad extra. Volvía a casa, a su hábitat, al lugar donde mejor se expresa. El gentío casi enloqueció sólo con verle ejercitar sus músculos, en esa banda donde los aspirantes a ser elegidos miran el tiempo y al míster. Esperan la señal soñada.

Vítor medio esprintó hacia el banco a 20 minutos para el desenlace, ya con el Reus ganando, después del zurdazo de Gus Ledes a la escuadra. Entre la euforia del resultado, los hinchas jalearon al portugués que se quitó la camiseta sudadera para lucir el 6 en la rojinegra. La fiesta se completó con una noticia deseada. El regreso de Vítor no es un regreso cualquiera. Es el regreso. Se trata de un futbolista distinto, capaz de mejorar el sistema articular del equipo, incluso hasta el emocional. Garai le esperaba casi con ansia, imaginándole ya un lugar en el titular. Veremos en qué rol. Ante el Sporting amaneció acostado en la izquierda, en una de las tres posiciones del ataque.

El enganche cumplió los deseos de los fans pronto. No esperó demasiado en conectarse. Perdió dos balones estériles, todavía situando el periscopio y armando sus dos piernas. En la agonía, recibió en tres cuartos de cancha, su lugar predilecto, donde se convierte en un actor diferencial, y emocionó. Giró dos veces, sorteó piernas violentas, paró, miró y volvió a girar. El Estadi reclamó algunos baberos. Luego, en medio del asombro general, su ojo izquierdo vio como Campins conquistaba el fondo. La pelota fue hacia allí puntual, con un toque dulce. El centro del carrilero terminó en córner.

Silva es experto en congelar sentidos, en paralizar el tiempo. El mejor amigo del balón. Su fútbol se desmarca del barro y de las disputas. Toca, se mueve y vuelve a recibir. Crea sociedades con extrema sencillez. Habla el idioma del recreo. El juego es disfrute para él, no una carrera física. En el oficio de combinar nadie ejerce como el portugués.

Sólo los vaivenes físicos en su rodilla derecha le han impedido brillar con frecuencia. No ha gozado de la continuidad para sentir la plenitud. Fue un exponente indiscutible del Reus del ascenso a Segunda, pero la categoría de plata no le ha conocido al dedillo. Sólo en la recta final del pasado curso dejó entrever prestaciones elegidas. Acabó a un nivel superlativo, después de acumular una decena de apariciones consecutivas. En el instante de mayor dificultad para el Reus se subió al barco, aún renqueante, pero dispuesto a echar el resto. No se le veía en un campo desde la última cita en Almería. Hace cinco meses de ese día.

En total, el mediapunta completó 15 partidos y aportó dos goles, aunque Garai pretende exprimirlo un poco más en la nueva aventura del Reus. Cuando Vítor ha levantado la mano, después de verle sonreír durante la semana de trabajo, le ha introducido en la lista y le ha ofrecido chance. Si la salud acompaña nadie duda de que puede transformarse en la mejor adquisición del mercado invernal o pre-invernal. De momento, Vítor ha encendido la luz. Fascinante noticia para el Reus.

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