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Voleibol: Jordi Gens quiere más aventura

El internacional español se mantiene en forma jugando la Superliga 2 con el Barça, el 17º equipo de su carrera, mientras escucha ofertas extranjeras con las que ampliar su rol de trotamundos
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Gens (Morell, 36 años) emprendió a los 22 su primera aventura foránea. Ahora ha vuelto a casa tras residir nueve años en Atenas.  Foto: Alba Mariné

Gens (Morell, 36 años) emprendió a los 22 su primera aventura foránea. Ahora ha vuelto a casa tras residir nueve años en Atenas. Foto: Alba Mariné

Jordi Gens ha vuelto a su Morell natal después de nueve años de periplos en ligas más o menos exóticas. Afincado en Atenas, ha disfrutado del voleibol en Chipre, Turquía e Irán, donde se ha empapado de deporte de elite. «La experiencia ha sido muy positiva, tanto a nivel técnico, como de organización, de público… Son ligas más potentes que la española», explica él, que conoce bien el volei patrio, donde comenzó militando en el Sant Pere i Sant Pau.

El destino ha querido que regrese ahora a la liga española, una vieja conocida para él. Ahora entrena y juega con el Barça, en la Superliga 2 (la segunda categoría del voleibol estatal). Es una manera de mantener la forma mientras escucha otras ofertas que a corto o medio plazo le llevarán de nuevo a emprender andanza en el extranjero. «Estoy abierto a todo, a ligas de Oriente Medio, a Europa… Ya me ha llegado alguna oferta interesante para jugar en Francia el próximo curso. Es posible que vaya para allá», indica Gens, un caso insólito y extremo de trotamundos.

 

Una trayectoria de 17 clubes

El FC Barcelona es el 17º equipo en su currículum. «Es una cuestión de mentalidad. Quizás tanto cambio se debe a que no me conformo, ya no me motiva disputar títulos en España. A lo mejor hay gente que se acomoda jugando en un país, pero yo prefiero cambiar de aires y buscar nuevos retos. Aspiro a tener cierta estabilidad económica, a competir en torneos donde te traten como a un profesional. Francia, por ejemplo, es uno de los mejores países para jugar y por eso he competido en varias etapas».

El año pasado dejó Grecia (la situación política y social se tradujo también en la consecuente decadencia de la liga helena) y militó en el Rennes, último paso antes de regresar momentáneamente a España, donde está ahora provisionalmente. «Claro que he vuelto como mejor jugador. Sigo creciendo. He ganado en fortaleza, en mentalidad, en experiencia, en saber gestionar y dirigir el juego en los finales de set, que son claves. Eso para un colocador como yo es fundamental», cuenta el internacional morellense.

En su regreso a casa, Jordi, que reside en Constantí, vuelve con una mochila cargada de vivencias y recuerdos. Atrás queda la Liga que ganó con el Anorthosis en Chipre, el torneo que jugó con el Paykan Tehran –el boyante campeón de Asia– o la final que disputó del campeonato nacional en Irán. Alcanzó el subcampeonato de la mano del Varamin’s Matin.

El enriquecimiento no es sólo deportivo, sino también vital. Jordi, políglota con un dominio de hasta seis idiomas, habla del colapso griego o de la dictadura iraní: ese extraño contraste entre un país inestable políticamente y su relumbrante apuesta por el voleibol como deporte rey. Su trayectoria es un recorrido geográfico extenso y diverso: Palencia, Tarragona, Niza, Tenerife, Salónica, Varamin, Famagusta o Rennes.

A sus 36 años, lejos quedan sus comienzos en la residencia Blume, una etapa le permitió ser campeón de España en categoría cadete con L’Hospitalet de l’Infant. Después se forjó en la concentración permanente de Palencia, algo así como una fábrica de futuros cracks, llamados desde bien pequeños a dominar el panorama del voleibol. Poco después fue campeón en juvenil, ya con el Sant Pere i Sant Pau, su primer equipo como profesional, con el que debutó en la elite a los 18 años. A los 22 ya dio el salto al extranjero. «Era algo que había que hacer. Hoy, el que pueda, debe optar por lo mismo, y probar en lugares donde se valore más este deporte», se reivindica Gens.

 

Otros exiliados forzosos

Ya lleva el exilio en su ADN, pero sea por convicción o por necesidad, hacer las maletas es en muchos casos la única solución para el que quiera ganarse la vida en la disciplina. Otro tarraconense, Carles Mora, juega esta temporada en Alemania. Francesc Llenas, de Palafrugell, emigró a la liga francesa tras ganarlo todo con el CAI Teruel. El barcelonés Iban Pérez, otro veterano, también ha lucido su talento en lugares como Francia o Italia, los mismos destinos en los que ha jugado Manuel Sevillano, un emblema del voleibol nacido en Reus. Desde Rafa Pascual a los hermanos Falasca, la historia de los grandes jugadores de voleibol viene marcada por las experiencias en el extranjero.

Gens, que ha llegado a disputar 140 partidos con la selección española entre los años 1999 y 2010, tiene cuerda para rato. «No es cuestión de buscar aventuras sino de ir a sitios donde este deporte esté valorado. Voy a esperar propuestas», explica. Mientras vuelve a coger el pasaporte, Gens se ha incorporado como refuerzo de lujo al Barça. Allí ayuda al equipo –el reto es subir a la máxima categoría– y mantiene su nivel mientras llega la próxima, la enésima llamada de tierras foráneas, donde el nómada Gens se siente paradójicamente como en casa.

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