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Y Borja Fernández sacó su fusil (Almería 0-1 Reus)

El Reus vence gracias a un golazo de Borja Fernández
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Menéndez y Borja celebran el gol del Reus. Foto: Diario de Almería

Menéndez y Borja celebran el gol del Reus. Foto: Diario de Almería

Borja Fernández se erigió como héroe para darle la victoria al Reus. Armó su fusil y tumbó al Almería cuando más excitado andaba. El resto fue una lección colectiva de como se debe conservar una ventaja en el marcador. La personalidad que impera en el vestuario rojinegro es digna de alabar. Siempre le miran a los ojos al rival, sea cual sea el escenario  y la tesitura. 

Almería y Reus comparecieron en el encuentro con un plan claramente diseñado. Nada de experimentos. Ambos equipos se arropaban en su filosofía habitual de juego. El Reus buscaba salir con el cuero jugado desde atrás. No concibe otra idea. De hecho, en los escenarios imponentes es donde más la explota. Bendita locura. El Almería, por su parte, apostó por una presión arriba sin miramientos. En ocasiones, daba síntomas de un excesivo desbocamiento. La intención era clara: había que cortocircuitar el juego rojinegro desde el inicio. 

Miramón volvió a estar brillante. 

El Reus no tardó en avisar a los almerienses. En la vida como en el fútbol siempre hay que vigilar la retaguardia. La presión alta de los locales dibujaba paisajes golosos a sus espaldas. Miramón no tardó en atisbar las posibles grietas de los rojiblancos. Es un futbolista extremadamente inteligente. De esos que saca el librillo táctico en el verde con una firmeza rutilante. Gracias a un maravilloso movimiento sin balón del carrilero, que Vaz vislumbró y ejecutó con precisión de cirujano desde el otro costado, el lateral rojinegro se plantó ante René, pero su disparo pecó de ímpetu y no encontró arco alguno. 

Aquel pase filtrado iba a ser el último acto en el encuentro del portugués. En una acción en solitario, Vaz caía en medio de la batalla. Una baja delicada para Garai. Carbia era el elegido para relevar al portugués. La consistencia hecha jugador comparecía en el terreno de juego. El Reus perdía talento, pero ganaba solidez. 

Campins regresó tras la lesión. 

La presión del Almería generaba agonía en ciertas fases del encuentro. El conjunto rojinegro arriesgaba en exceso. Convertía su principal virtud en un credo temerario. Juan Domínguez pecó de apatía en una acción puntal. Fue suficiente como para que Nauzet armara la pierna desde la frontal. Se encontró con Badia. El meta catalán ha provocado que los rivales tengan que visitar el museo para poder superarlo.
El guion fue caprichoso con los rojinegros.

Justo cuando más dudas acumulaban, emergió la figura de un futbolista inesperado. Borja Fernández se vistió de héroe. Actuó con la razón antes que con el corazón para amagar un disparo en el balcón del área. No le importó que el cuero se le quedará en la zurda, su pierna menos hábil. Fusiló a René a la luz del alba. El Reus se ponía por delante en la fase más delicada de la primera mitad que habían tenido que soportar. 

En los primeros compases de la segunda mitad, el Reus planteó un juego de trincheras. No disimuló que el equipo se iba a tirar unos metros hacia atrás. Había que disipar la ebullición inicial de los de Ramis tras la reanudación. Eso sin balón, con él, todo cambiaba. El plan era domar al Almería. Hacerlo enfurecer hasta que se desplegara en exceso. 

En esa tesitura, Jesús Olmo y Edgar Badía volvieron a demostrar que el fútbol ha evolucionado de manera irrefutable. El meta y el central asumían riesgos con una frialdad y precisión despampanantes. Un ejercicio de personalidad extremo a nivel coral. El Almería se desquiciaba ante la posesión rojinegra.
Justo en el ecuador de la segunda mitad, el Almería reaccionó. Tiró de casta. Se rebeló ante la consistencia rojinegra. El orgullo construye y derriba barreras con una facilidad vertiginosa. 

Sin embargo, la agonía almeriense no se acababa de transformar en hechos contundentes. El aura que se respiraba no era apto para dubitativos. Hacer frente a la reacción del Almería iba a ser una dura prueba mental y táctica. En ambas facetas, el Reus ha demostrado ser un conjunto de lo más poderoso en los últimos cursos.Ayer, se reafirmó como una escuadra extremadamente ordenada sin balón.  

Los compases finales fueron cardíacos. De esos que quitan años de vida. La agonía que se palpaba era irritante. El Almería apretaba y el Reus seguía con esa capacidad para atrincherarse. No concedía grietas. Si lo hacia, siempre era porque el rival estaba en fuera de juega. La línea defensiva rojinegra se llevó ayer la matrícula de honor en geometría. 

Finalmente, el Reus se llevó el gato al agua. Una victoria tremenda en puntos y sensaciones. De esas que hacen crecer a un equipo. Los rojinegros bordaron todas las tesituras del juego por momentos. Hicieron enmudecer a una afición que intentó contagiar a los suyos. Lo de Borja Fernández, de locos. Pintó un lienzo en medio de la batalla. 

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