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El Nàstic gana su primer partido de la temporada ante el Amorebieta (1-0)

Los granas superan al Amorebieta en un partido sin más historia que el gol de Guillermo, que ya suma tres, y las apariciones de Manu para cerrar el triunfo

| Actualizado a 26 septiembre 2022 15:18
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Tardó cinco semanas, pero llegó la primera victoria del Nàstic de la temporada. A la antigua. Con la fórmula más clásica de la era Agné. Es lo que mejor se les da. Lo que les llevó al play-off. Por mucho que intenten cambiar, la naturaleza del técnico es la que es. Aceptarlo es el primer paso para comprender que la mejora futbolística tardará, si es que la hay. Existe la voluntad de hacerlo y la plantilla, pero cuando el agua te llega hasta el cuello, uno tiende a aferrarse a lo que mejor sabe hacer. Y no hay que llamarlo suerte. Suerte es conseguir que funcione una vez. Dos. Tres, a lo sumo. Cuando lo estableces como una fórmula, no puedes reducirlo a la fortuna.

El partido fue soso como pocos. Sobre todo en el primer tiempo. Lo único que alteró la planicia en la que se desarrollaba el equipo fueron las puntuales apariciones en las áreas. En una Guillermo, ese ‘9’ que da lo mismo cómo esté jugando, como le llegue una, no perdona. Perdonó el asistente, porque el atacante grana estaba adelantado.

En el otro costado, Manu García. Poco más se puede decir del arquero de lo que se ha dicho ya en lo que lleva en Tarragona. Sus intervenciones son determinantes. Y cuanto más se acercan al final del partido, más vitales son. Hizo dos que permitieron cerrar ese triunfo tan necesitado.

El Nàstic no salió con la actitud adecuada. Parecían vencidos antes de iniciar el partido. No había confianza en lo que hacían. Ni cuando defendían, ni cuando atacaban. Dieron más facilidades de las que se pudo esperar el Amorebieta. El equipo dirigido por Haritz Mújika tampoco está boyande de confianza, pero con nada generaban demasiado miedo en las líneas granas.

Todos los balones divididos iban a parar a pies de jugadores del Amorebieta. Por convicción y mejor posicionamiento. Existía en los futbolistas del Nàstic una sensación constante de duda. De no tener claro qué hacer. Si pasarla, si conducir, si atacar el balón o mantener la posición, etc. Un baile de incertidumbre que desesperaba.

Solo Pablo parecía mantener el rumbo. Era el único que ganaba duelos y que lograba llevar al equipo hacia arriba. Suya fue la primera ocasión del Nàstic. Encontró el hueco y remató de cabeza a las manos del arquero.

Aun en ese estado de aturdimiento, en ese plano de desorientación, el Nàstic encontró lo inesperado, el gol. Pablo recogió un pase atrevido de Josema, buen partido del madrileño, y colgó un esférico con delicadeza. Buscando la elevación suficiente para superar la zaga y ponerla a la cabeza de Guillermo. El delantero bilbaíno no estaba teniendo un buen partido. Pero es lo que tiene un ‘9’, en cuanto les cae una, para dentro. Pitaba el colegiado el fin del primer acto y los aficionados granas tenían que frotarse los ojos. Primero para sacarse el sueño, y después para comprobar en el marcador que los suyos iban ganando el partido.

Con el marcado a su favor el Nàstic jugó más tranquilo. Ganó confianza, aunque no varió el guion previsto. A la que se ponen por delante, la defensa del botín es prioritaria. Y ello conlleva recular sin miramientos.

El Amorebieta ganó terreno e iba empujando al Nàstic hacia la portería de Manu García. Seguramente más de lo deseable. Pero para eso estaba Pablo, para sacar al equipo de atrás con conducciones más propias de un extremo que de un delantero centro. La mayoría eran guerras personales. Demasiado aislado en sus carreras. Aun así, conseguía sus propósitos generando peligro en la meta vasca y dando oxígeno a la exigida defensa tarraconense.

El encuentro se convirtió en un ejercicio defensivo grana. Dos líneas de cuatro hombres, con dos jugadores presionando a media altura y a esperar coger un contragolpe o una acción de estrategia que cerrara el duelo.

Para eso entraron Bonilla y Marc Álvarez. El canterano arrastra problemas de pubis. Molestias que hicieron que fuera duda hasta última hora. Sin embargo, el de Torredembarra arriesgó al servicio del equipo. Todo por la primera victoria. Suplió a Pablo en esa labor de tirar hacia arriba y generar peligro. Si llega a marcar, que la tuvo, se cae el Nou Estadi.

Los visitantes no mostraron tampoco un alarde de virtudes ofensivas. Muy toscos en su juego de ataque. La única que tuvieron vino precedida de una falta de entendimiento defensiva. Se quedó Pradera ante Manu García, pero el arquero del Nàstic se hizo enorme. Desplegó sus largos brazos y tapó todos los huecos posibles. Tuvo que volver a aparecer Manu en un vuelo de aerolíneas Pedrera echó el cierre con una mano en la misma escuadra para tapar el remate de Pradera.

Por fin debutó Pochettino. Dani Vidal le dio la alternativa en los últimos minutos para meter fuelle y, de paso, dar aire a un Pedro del Campo fundido. Un movimiento definitivo para cerrar la primera victoria de la temporada, dedicada a Pau Lopez.

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