Empate inoportuno (Nàstic 3-3 Atlético Sanluqueño)

Un gol de Alfonso trunca una remontada heroica del Nàstic en la segunda mitad

| Actualizado a 26 marzo 2022 21:39
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Se cubría de gloria el Nou Estadi después de haber llevado en volandas a su equipo a la remontada. Corría el minuto 87 cuando el 3-2 imperaba en el marcador. Joan Oriol y Javier Bonilla le habían dado la vuelta al luminoso con sus zurdas diferenciales. Faltaba una a la fiesta y apareció para aguarla. Alfonso conectó un disparo cruzado desde 25 metros que superó a Gonzi y enmudeció el escenario. Pudo ser peor porque Canillas tuvo el gol de la victoria en el descuento, pero el portero navarro fue ganador en el mano a mano. Al final un punto que sabe a poco por el contexto, pero que fue justo por lo visto sobre el terreno de juego. El Nàstic ha visto como dos equipos de la zona baja se han rebelado contra la adversidad en su feudo. Primero fue el Costa Brava y ayer el Sanluqueño. Así alcanzar el play off no será fácil.  

Raül Agné remarcaba en la previa ante el Atlético Sanluqueño que marcar en la primera ocasión del partido era su máximo deseo. Creía que en ese escenario podían moverse como pez en el agua. Lo que se pide no siempre se cumple, pero vaya sí se cumplió. Carlos Albarrán detectó un movimiento de Robert Simón a la espalda del lateral rival. El extremo atacó el espacio y el lateral lanzó en largo con la precisión exacta. Dani Romera peleó ese balón largo con fe y fruto de esa pelea salió un balón despedido que se quedó muerto en el punto de penalti. Simón, con la inercia del desmarque tirado a la espalda, tiró de reprease y viveza para ser el más listo de todos. Se plantó solo ante el portero y definió con inteligencia, sin estridencias. Su disparo raso superó a Falcón. El Nàstic hincaba el diente a las primeras de cambio. El niño había salido con hambre de colegio y daba el primer bocado al bocadillo con ansías. Justo lo necesario. Ideal en cualquier partido. Más en esta fase final de la temporada.

El gol llegó en el 5’. Tardó el Nou Estadi en situar el encuentro en un clímax de éxtasis y optimismo. La tarde era extraña y fría, como si fuese a presagiar nada… El motivo de esa falta de calor, no era el resultado, todo lo contrario, sino unas molestias de Manu García que detuvieron el partido hasta en dos ocasiones hasta que el portero sevillano dijo basta. Era el momento de Gonzi, que entraba entre los aplausos de un Nou Estadi que siempre le ha procesado respeto y confianza.

El encuentro parecía caminar en un horizonte aparentemente plácido. El Nàstic amenazaba y se defendía sin apuros ante un Atlético Sanluqueño que no terminaba de conectarse al encuentro. Ni defendía con contundencia, ni generaba cosquilleo en la fase ofensiva. Tampoco le hizo demasiada falta porque el vaquero grana se disparó en el pie. Si una bala parecía poco, decidió tirar dos. Una en cada pie.

Toda la eficacia que tuvo el Nàstic en ataque le faltó en defensa. Viejos fantasmas del pasado aparecieron en el feudo grana. Ese equipo que tiende al error y al que la facturan con poco. Un conjunto que pagó con contundencia, toda la que la faltó en su área, la baja de sus dos centrales titulares en las últimas semanas. Sin Quintanilla y Trilles, el Nàstic es menos Nàstic. Ambos aportan esa concentración y fiabilidad que han convertido a los de Raül Agné en un muro. Hasta ayer, cuando su ausencia se sintió más que nunca.

Fue doloroso e inesperado como viró el guion del encuentro. El partido estaba más para el 2-0 que para el 1-1, pero la lógica no se cumplió. Llevaba ya el Nastic bastantes partidos sin cometer errores corregibles en defensa. En cinco minutos consumió todo esa hoja de ruta para hacerla añicos. Primero fue en una transición rápida del Atlético Sanluqueño en la que Pedro Martín le cogió la espalda a Pol Domingo, actuando en el centro de la zaga. El delantero malagueño tiró cruzado y se encontró con la manopla de Gonzi, pero Javi Navarro estuvo más rápido que nadie y empataba el encuentro en el minuto 31.

Ni cinco minutos pasaron para que el conjunto andaluz volviese a golpear en otra jugada mal defendida por el Nàstic. Joan Oriol despejó al centro, lugar prohibido dicen, y la bola cayó en los pies de Toni García en la frontal. No se lo pensó el mediocentro que tiró un zurdazo repleto de fe que tras tocar en Aythami superaba a Gonzi. El 1-2 en el marcador brillaba para dolor tarraconense. Ese Nàstic indefenso volvía a hacer acto de presencia en el momento menos oportuno. Ese equipo que apenas necesita conceder para que le golpeen con fuerza. Ese equipo que desquicia a un Nou Estadi que terminó abroncando a los suyos antes del descanso. Un chispazo en pleno sesteo. Esa era al menos la intención.

Raül Agné utilizó las figuras de Janick Buyla y Pablo Fernández como electroshock al partido. Sacrificar a Javier Ribelles para meter al guineano era un claro mensaje, quería un Nàstic mucho más ofensivo y con gente en el centro del campo. Aquel movimiento despertó a un conjunto grana que salió con una marcha más ante un Atlético Sanluqueño que tenía clara su misión de resistencia. Juntitos y a defender.

Javier Bonilla fue ese agitador del avispero que tanto buscaba el Nàstic. Ante repliegues bajos, su zurda suele ser determinante. Estuvo muy cerca de serlo en dos jugadas consecutivas que resultaron estimulantes. Primero con un centro medido que Dani Romera remató solo en boca de gol, pero que fue directo a las manos de Falcón. El soriano tuvo el empate en una segunda ocasión en la que su córner olímpico superó a todos y se encontró con el palo largo. La fortuna no sonrío y el balón no cruzó la línea. El Nàstic no empataba, pero si despertaba y quedaba mucho tiempo por delante.

Si la zurda de Bonilla suele ser despampanante, la de Joan Oriol es sencillamente diferencial. El cambrilense ha sido una bendición para el Nàstic desde su llegada y acudió al rescate de nuevo con un gol antológico. Cazó un balón suelto en el costado y conectó un zurdazo de primeras que se coló por la escuadra del palo largo de Falcón. Un golpeo sublime para terminar de conectar a un Nou Estadi que creía con más fuerza que nunca en la remontada. Había media hora por delante. Tiempo de sobras.

Toda la extraña frialdad que reinaba en la primera mitad se transformó en un estado de locura en el que la remontada se intuía que podía llegar más pronto que tarde. El Nàstic andaba victorioso en todos los duelos individuales y el Atlético Sanluqueño daba sensación de asfixia mental y física. En una de esas trombas ofensivas apareció un córner que marcó el camino. En el rechace emergió Robert Simón para meter la puntera. Otra vez más rápido que nadie. Esta vez su control desató una entrada a destiempo del rival que se lo llevó por delante. Era dentro del área, por lo que el penalti fue claro. Lo señaló el colegiado y Javier Bonilla se quitó el regusto de las dos ocasiones anteriores. Lo lanzó con ese temple que le caracteriza engañando a Falcón y firmando el 3-2. Minuto 74 y el Nàstic volvía a mandar en el marcador.

Nada parecía poner en peligro el resultado porque el Atlético Sanluqueño no presentaba signos de recuperación. No necesitó hacerlo porque encontró en otra zurda el empate. Alfonso conectó un disparo cruzado desde fuera del área que se coló por el palo largo de la portería de Gonzi. Aquello fue un puñal al corazón grana. Pudo ser peor porque Canillas tuvo la victoria, pero esta vez el portero navarro resultó ganador. El punto sabe a poco. Quién sabe si es una de esas victorias esfumadas de las manos que se recordarán a final de temporada… Tal y como está la clasificación no resultaría extraño.

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