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La crónica del Barça Atlètic-Reus (4-2): Sin botín, pero con orgullo

Bajo el rugido de más de 300 fieles que viajaron hasta el Johan Cruyff, el conjunto rojinegro desafió al azulgrana y rozó la épica. Perdió en el último suspiro, pero dejó grabado en el verde que puede competir contra cualquiera

Los jugadores del Reus frente a la afición después del partido en el Johan Cruyff.

Los jugadores del Reus frente a la afición después del partido en el Johan Cruyff.Andrés Romero

Joel Medina

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Sin botín, pero con un orgullo que vale más que cualquier punto. El Reus no logró asaltar el Johan Cruyff ni prolongar su pulso por el liderato, pero sí dejó grabado su nombre en el alma del partido. Cayó 4-2 en la última jugada, sí, pero lo hizo con la cabeza alta, desafiando la lógica y recordando a todos que este equipo puede competir contra cualquiera. Después de verse dos goles abajo en la primera mitad, reaccionar con coraje, volver a sufrir el tercero y acariciar la épica con el 3-2, el conjunto rojinegro estuvo a un paso de un empate heroico.

Desde el Gol Nord, una marea rojinegra de trescientas gargantas rompía el silencio del Johan. Voces que empujaban, que creían. La emoción se contagiaba hasta el césped, donde Fran Carbia reaparecía tras su lesión. También regresaban Dani Homet y Lluís Recasens, mientras Sandro Toscano, sancionado, y Joan Torrents y Pol Fernández quedaban fuera por decisión técnica.

Pausa y control. Era el objetivo. Ser sereno en los primeros metros, valiente en los últimos. El Reus sabía que ante el talento del Barça de Juliano Belletti no bastaba con correr: había que resistir y elegir bien los golpes. El primer aviso culé llegó pronto, en el minuto tres, con un disparo de Xavi Espart que lamió el poste de Pepo Campanera.

Aprender a vestirse con un traje distinto –no el de dominador, sino el de superviviente– será uno de los grandes retos de este Reus. En el inicio, la pelota fue propiedad del Barça, que la mimaba y la hacía danzar. En el 7’, Juan Hernández se plantó solo, pero Pepo achicó con temple y reflejos. 

Resistencia rojinegra. Dani Homet peleaba solo contra Alexis Olmedo y Mamadou Mbacke, mientras el equipo se defendía como podía. La incomodidad se tradujo pronto en castigo. En el 13’, Omoko volvió a romper por banda y asistió a Víctor Barberà, que se adelantó a todos para abrir la lata.

El golpe, lejos de hundir, despertó al Reus. El cuadro rojinegro comenzó a expresarse con más calma. Sin tantas imprecisiones. Y Ricardo estuvo a punto de empatar: Dani Homet recibió un balón filtrado de Alberto Benito, condujo hasta la línea de fondo y, muy escorado, sirvió un pase atrás que salió algo mordido y que el luso no pudo acompañar.

El duelo seguía jugándose, prácticamente, en terreno rojinegro, pero el Reus pareció adaptarse mejor a lo que le pedía el choque. Todo tenía pinta de torcerse en el 29’, cuando Omoko se internaba en el área, caía tras un cuerpeo con Andy Alarcón y Sergi Rimbau señalaba penalti. Barberà volvía a saborear el gol, pero Pepo se lanzó con todo e impidió el 2-0 con una estirada de postal.

Parecía que se escribía un nuevo capítulo en el partido. El conjunto de Marc Carrasco se acercaba con fe, aunque sin colmillo. Pero el Barça castigó de nuevo en el 43': Omoko volvió a ganar la línea de fondo y asistió otra vez a Barberà, que controló con sutileza a la media vuelta y marcó el segundo con un toque de pura clase.

Cualquier otro habría bajado los brazos. Este Reus no. Salió del vestuario con el alma en llamas y lo demostró de inmediato. Dos minutos y Sergi Casals lo volvió a hacer. Sumó su cuarta asistencia en seis partidos y la puso, templada. Como les gusta a los killers. Y ahí había uno de los mejores de la categoría. Dani Homet saltó por encima de todo el mundo y cabeceó con el alma. Nada pudo hacer Kochen, que llegó a pierna cambiada. Gol de pura voluntad.

El partido se equilibraba, pero el talento azulgrana no daba respiro. Barberà estuvo a punto de arañar por tercera vez en el 58’, pero su disparo se fue al palo y Pepo detuvo el rechace de Juan Hernández. La energía rojinegra empezaba a disiparse y el cuadro culé tenía en el balón su mejor aliado. Y, tras una larga jugada de ataque, quedó dividido en la frontal y llegó Brian Fariñas para, con la zurda, marcar el tercero de primeras y ponérselo muy cuesta arriba al Reus.

No por eso dejaban de intentarlo los de Marc Carrasco, que lo dejaban todo en cada esfuerzo por intentar recortar. Muy cerca estuvo Ricardo Vaz en el 73’, tras recibir un pase de Xavi Jaime en el interior del área, probar el disparo a la media vuelta y que su chut saliera mordido y tocara el larguero. Aunque el luso tenía algo dentro. No podía irse de este partido sin dejar su huella. Y menos tal y como se habían dado las cosas. Ricardo no es de los que se rinde.

Su insistencia maridó con el tacto de Alberto Benito para darle vida al Reus. El ‘2’ recibió en el carril y, de primeras, le puso un balón a media altura al portugués, que la empaló con todas sus fuerzas desde el flanco derecho. Se podía. Aitor Serrano estuvo al filo de desatar la locura un minuto después, al volear un balón que quedó suelto en la frontal. Una genial parada de Kochen lo frustró.

Estaba más cerca que nunca. Con cabeza y corazón, el Reus empezaba a encerrar a un Barça que pedía la hora a falta de cinco minutos. Pasara lo que pasara, la demostración de que este equipo puede competirle de tú a tú a cualquiera había quedado sobre el tapete. Pero el fútbol, cruel e imprevisible, tenía reservada una última puñalada. En la jugada final, una internada por la derecha de Joan Anaya terminó con un pase de la muerte, tras una salida en falso de Pepo, que Barberà empujó a placer para firmar su hat-trick y el 4-2 definitivo.

El Reus se vació, se levantó, y volvió a demostrar que el orgullo no se mide en puntos ni en clasificaciones, sino en la forma de resistir cuando el mundo se inclina en contra. En el Johan Cruyff no hubo botín, pero sí una declaración de fe: la de un equipo que, aun herido, jamás renuncia a pelear. El mismo orgullo que abrió el partido lo cerró, multiplicado y con una afición de bandera.

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