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Hasta donde se pudo

El Reus, sin Checco Compagno, compite bien pero cede en el segundo partido de la final ante el Liceo (5-2) y se jugará la vida en el Palau d’Esports

| Actualizado a 12 junio 2022 12:40
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Habrá que crear una hazaña, casi un milagro. La segunda derrota en Riazor obliga al Reus a ganarle tres envites seguidos al Liceo. Para empezar, los dos siguientes en el templo el próximo fin de semana. En Riazor, en el segundo episodio, el equipo de Garcia compitió mejor, gozó de sus momentos para dañar a su rival, pero el escaso fondo de armario le penalizó. En la grada se quedó Checco Compagno, sancionado, y en el banco miró Raúl Marín, que está para situaciones puntuales, pero no para el foco completo. Demasiado lastre.

«Chicos, el partido está en las transiciones», avisó Garcia a pleno pulmón, a un millón de pulsaciones, en un tiempo muerto. Sus jugadores asentían, y es que para conquistar Riazor resulta indispensable sujetar la manada en la que se convierte el Liceo cuando contragolpea. Lo fue en los cinco minutos inaugurales, sobre todo porque el Reus cometió pérdidas en zonas prohibidas, concretamente dos, de Rojas y Ferran en media pista. En la segunda acertó Di Benedetto, su ejecución se coló entre las guardas de Càndid, titular ayer bajo el arco, de nuevo a un interesante nivel. La pelota entró llorando.

El escenario parecía destinado a la alegría gallega, pero cambió pronto, sobre todo gracias a una decisión formidable de Rojas, un experto en determinar preciso, en analizar cada episodio del partido con ojo clínico. El chileno encaró con valentía, se hizo el espacio y mandó una pelota puntual al segundo palo. La remachó Aragonès, que había instalado la caña de pescar. El empate modificó estados de ánimo. Heló Riazor, de nuevo repleto de público.

Garcia planteó distintas alternativas para su sistema defensivo, sobre todo para proteger al equipo del desgaste con la ausencia de Compagno. El Reus se refugió con un 3x1 y un bloque bajo en individual y, en algún chispazo, con un rombo en zona. Todo para que el rival no sintiera comodidad. Da la impresión de que lo consiguió. Incluso, los reusenses alcanzaron la ventaja en una pena máxima que Marín convirtió con maestría. Solo ingresó para ese lance en el primer parcial, pero escribió su nombre con letras de oro. El Reus disfrutó de su momento tras el 1-2, dispuso de situaciones para hacer más sangre, pero careció de tino y el Liceo no se lo perdonó justo antes del intermedio. Àlex, con un gancho y un arrastre al ángulo, empató de nuevo. En todo caso, los rojinegros se marcharon a respirar más reforzados que el viernes y con las opciones de éxito intactas.

El Liceo estiró su modelo con una presión a toda la pista que propició que el Reus le costara salir. A pesar de ello, cuando lo lograba, comparecían las grietas para llegar a Carles Grau, el portero local. Lo intentó Gelmà, con un arrastre de pala que escupió el guardameta para el arranque de una nueva transición. El presagio del 2-3, se transformó en la realidad del 3-2. Se lo inventó Maxi Oruste, con una maniobra de técnica individual exquisita. El disparo, seco, de muñeca, salió como un volcán a la escuadra de Ballart.

La ventaja local no impidió que el Reus se mantuviera fiel a su hoja de rota. Anestesió el ritmo de juego con un Julià arquitecto de nuevo, hasta el punto que rozó el empate con una aventura delicada que le faltó la definición. Cuando los locales expresaban cierta preocupación, Salvat y Càndid no se entendieron en un rechace que castigó al Reus con el 4-2. La fortuna también dio la espalda. Garcia soñaba con unos últimos cinco minutos en el alfiler. No ocurrió. Adroher, de tiro directo, celebró un 5-2 excesivo y obliga al Reus a una hazaña en los próximos tres partidos.

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