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Luca Warrick, el periquito forjado en Salou

Con solo 17 años debutó con el Espanyol. Viñas le trajo a la Academia Tecnifutbol con solo 10 años de Nueva York

| Actualizado a 27 mayo 2022 14:44
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Luca Warrick es el niño de oro del RCD Espanyol. Una de las grandes promesas de una cantera blanquiazul en la que ha brillado con el Juvenil A. Su gran temporada tuvo premio porque el pasado domingo debutaba en Primera División con solo 17 años. Los Cármenes era el escenario elegido. Frente a un Granada agonizando con el descenso a Segunda División, Warrick ofreció minutos de calidad y descaro. El primer paso en la élite. Un objetivo cumplido para un niño que con solo 10 años dejó Nueva York para intentar alcanzar el sueño de ser futbolista profesional. Salou y Reus serían dos lugares claves para ello.

Albert Viñas, director de la Academia Internacional Tecnifutbol con sede en Salou, fue el hombre que lo hizo posible, aunque huye de protagonismos excesivos tal y como quiere dejar claro: «Yo no soy el descubridor de este chico, podría colgarme medallas pero no es así. Yo voy a Nueva York a hacer un Campus y me viene un entrenador que tuve como alumno y me dice que hay un jugador buenísimo que sus padres quieren traerlo a Europa». Ese jugador es Warrick y la historia va más allá.

«Me reúno con los padres en un hotel de Nueva York y acordamos que nos vengan a visitar. Vienen y ven las instalaciones de Salou y les gusta mucho, también el ambiente. Les dejamos claro que somos un Academia, que no somos ni el Barça ni el Espanyol, y que por lo tantoe l jugador tiene que pagar los gastos. No les importa y aceptan, pese a que podían ir a Holanda con casi todos los gastos pagados», sigue relatando Viñas.

Se lo merece él, porque es un luchador, y su familia porque ha hecho un esfuerzo económico y de confianza en nosotros

La figura de Viñas es vital porque le acoge, se convierte en su tutor legal y entiende perfectamente lo que significa dar aquel paso para el jugador y la familia: «Nos dejan un niño con 10 años, casi 11. Para mi gusto era demasiado pequeño porque normalmente vienen chicos más mayores de 13, 14 y 15 años». Por ello no duda en tratarle con ese afecto que demandaba: «Es un chico al que le tengo mucho cariño y con el que a veces me ha tocado hacer de poli malo porque estaba bajo mi responsabilidad, era su tutor. Recuerdo una vez que no quería volver a Barcelona porque quería quedarse más días con sus amigos de la Academia y tuve que decirle que no. También venía a casa una vez por semana y estaba con mi hijo con el que jugaba al futbolín, cenaba, veía fútbol. Quería que no estuviera solo con niños más grandes».

La adaptación personal no fue fácil, pero tampoco futbolística porque Warrick estuvo tres años sin poder jugar un partido oficial por problemas burocráticos. Solo podía jugar amistosos y torneos no oficiales con la Academia Tecnifutbol. Eso sí, dejaba claro que era un niño con posibilidades. «Siendo Infantil jugaba contra Cadetes y Juveniles. Él daba la talla y podía competir. De hecho ganó dos o tres veces el torneo Mare Nostrum con la Academia».

Un camino de baches

Tras tres años largos por fin recibió la oportunidad de jugar en el fútbol federado. Fue con el Cadete de un Reus que le abrió las puertas y en el que tras dos años explotó. «Sus padres me dijeron que tras cinco años era hora de dar un paso más y yo hablé con el Espanyol que ya manejaba informes. Lo probaron y decidieron quedárselo». Hasta ahí todo bien, pero hubo otro contratiempo.

«Cuando ya parecía que iba a poder jugar con el Espanyol apareció la RFEF para negarle que pudiese jugar porque al ser un club que está en LaLiga tiene unas exigencias burocráticas mayores. Podía jugar con el Reus, pero no con el Espanyol y se toma una decisión. El Espanyol le paga la residencia y vive y entrena allí hasta el viernes al mediodía. Por la tarde baja a Reus y entrena con el equipo, duerme en Salou en la Academia y el fin de semana juega su partido con el Reus y luego de vuelta a la residencia del Espanyol», sigue explicando Viñas.

Aquella situación no fue nada fácil de manejar y su caso fue tan único que exigía comunicación constante entre ambos clubes y él como tutor legal: «Tuvimos que crear un grupo de Whatsapp en el que estaba el coordinador del Reus, Marc Carrasco, el del Espanyol y yo como tutor legal. Allí organizábamos los viajes en función de donde jugaba cada fin de semana».

El domingo tras su debut con el primer equipo del Espanyol, Viñas desbordaba orgullo y felicidad, tal y como confiesa al Diari: «Se lo merece él, porque es un luchador, y su familia porque ha hecho un esfuerzo económico y de confianza en nosotros. El domingo por la noche envié muchos mensajes felicitando a todas las personas que han ayudado a que esté dónde está. Es un triunfo de todos. Profesores, entrenadores, fisios... No hemos sido su familia, pero lo hemos intentado».

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