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Marc Julià se pasa el juego

El atacante del Reus Deportiu ha firmado su mejor temporada y figura en el quinteto ideal de la OK Liga

| Actualizado a 26 junio 2022 09:40
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Cada vez que Marc Julià (Olot, 1994) conduce la pelota enseña una capacidad misteriosa para detener el tiempo, congela los sentidos, es un hipnotizador. Patina con tanta delicadeza que conmueve, resulta imposible no deleitarse. El actual arquitecto del Reus disfrutó de una formación privilegiada en el Barcelona, dicen los que le recuerdan en el hockey base azulgrana, que él solo conquistaba campeonatos de España. Lo cierto es que su camino hacia la élite no ha gozado de fuegos artificiales, le ha costado consagrarse. Suele ocurrir con este tipo de actores, abanderados de la creatividad, menos propensos a la intendencia. Se les señala y se les obliga a progresar en el repliegue. Y ahí, el de Olot, en lugar de cerrar los ojos, ha escuchado. Su hockey actual abarca casi todos los ámbitos.

Julià cumple su cuarta temporada en Reus, antes necesitó emigrar hacia Italia para desfogarse en el Bassano, donde alcanzó popularidad y autoestima, esa autosuficiencia que, a veces, se precisa para competir en las alturas. En su cuarto capítulo vestido de rojinegro ha derribado la puerta, ya puede caminar en la alfombra roja de los star systems. 32 goles y un puñado de acciones maravillosas, arropadas en una técnica individual elegida, le han distinguido, también una capacidad inusual para dominar los tiempos del juego. Eso sí, su mayor logro tiene que ver con la personalidad. En tiempos de play off, con las lesiones masacrando al Reus y la presión del todo o nada, el atacante ha tomado las riendas del equipo, ni ha pestañeado a la hora de asumir responsabilidades.

Sus tres aciertos de falta directa en el quinto partido de la semifinal ante el Barcelona, en el Palau Blaugrana, exhiben otro rasgo diferencial del jugador; luce como especialista de la bola parada, una faceta imprescindible en el hockey actual. El duelo decisivo ante el Barça se definió a través de ese registro, a modo de ejemplo. Es decir, lo decidió Julià, que encendió a los hinchas y envió al Reus a la gran final del campeonato.

El entrenador, Jordi Garcia, le ha entregado su fe desde el minuto uno, conocedor de las virtudes de este actor fino, a veces mentiroso. Cuando todos esperan de él una sesión de violín dulce, es capaz de adaptar a su repertorio el rock and roll más genuino. Las apariencias engañan, en su caso, en el buen sentido del concepto.

A Julià solo le resta añadir más copas a su museo personalizado, campeonar con mayor frecuencia con el Reus. De momento, presume de una Supercopa de España (2019), aunque su ingreso en el templo ha coincidido con una época de escasez financiera. A pesar de ello, este último curso ha rozado el éxtasis. Dos finales sin premio. En todo caso, él ya se ha pasado el juego.

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