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‘Durante los terremotos del Castor pasamos miedo y después nos indignamos’

Los vecinos de Alcanar han sido de los más afectados por el fallido almacén submarino de gas, tanto por los seísmos del año 2013 como por el paso del gasoducto por sus fincas

MARIBEL MILLAN LÓPEZ

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Evelio Monfort y Cristina Reverter en las immediaciones de la planta terrestre del Castor. FOTO: J. REVILLAS

Evelio Monfort y Cristina Reverter en las immediaciones de la planta terrestre del Castor. FOTO: J. REVILLAS

Alcanar ha sido durante más de una década el principal foco de oposición al almacén de gas, a través de la Plataforma en Defensa de les Terres del Sénia. Ahora los vecinos respiran más tranquilos. Todo arrancó con el proyecto de la planta terrestre del almacén de gas, prevista inicialmente muy cerca del núcleo urbano, aunque en el proyecto definitivo se alejó.

Posteriormente, la mayoría de los cerca de 170 agricultores afectados por el paso de los gasoductos por sus fincas eran también de Alcanar, aunque los tubos circulasen por el vecino término de Vinaròs.

En el otoño de 2013, Alcanar fue de los primeros municipios donde se dejaron sentir los terremotos provocados por el Castor, durante la inyección de gas al fondo marino. «Los notábamos por la noche. Durante aquellos días hubo muchos nervios entre los vecinos. Hay quien hasta tenía el coche preparado con una maleta por si tenía que marcharse a toda prisa», recuerda Evelio Monfort. Miembro muy activo de la Plataforma Ciutadana en Defensa de les Terres del Sénia, este vecino de Alcanar es también uno de los propietarios de fincas afectados por el gasoducto. «Recuerdo que en esos días tuvimos que salir y calmar los ánimos desde la Plataforma. La gente estaba nerviosa, angustiada y enfadada», recuerda.

Los terremotos se dejaron sentir solo por las noches, pero no por ninguna causa concreta. «Fue coincidencia, según nos confirmó un experto geólogo tiempo después».

Tras tantos años de lucha contra este macroproyecto que derivó en despropósito, ahora Monfort considera que uno de los últimos flecos por los que tienen que continuar trabajando es por los derechos de los agricultores de la zona.

Las obras del gasoducto afectaron un tramo de las fincas (mayoritariamente de cítricos) de 14 metros, lo que implicó que tuvieran que talar tres líneas de naranjos. Una vez terminadas, la zona de afectación es de 7 metros, donde no pueden plantar ningún árbol todavía hoy, aunque diversas resoluciones judiciales hayan invalidado estas obras. «Hay que eliminar este usufructo y que los agricultores puedan disponer enteramente de sus fincas», remarca Monfort. Así, no considera necesario que se extraigan nuevamente los tubos enterrados a lo largo de 20 kilómetros, entre la plataforma terrestre y la marina del almacén. «Solo volvería a generar más preocupaciones para los propietarios», argumenta.

El movimiento vecinal también batallará porque sea la empresa de Florentino Pérez (como principal accionista de Escal UGS), la que corra con los gastos del desmantelamiento definitivo. «No puede ir nuevamente a cargo del Gobierno y, por tanto, de todos los ciudadanos».

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