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El cambio climático y los insecticidas amenazan la producción de miel

Los apicultores de El Perelló trabajan duro para mantener el número de abejas y su vigor, en retroceso en los últimos años

Andreu Caralt

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Un apicultor de El Perelló, sacando miel de una colmena. Foto: J.Revillas/DT

Un apicultor de El Perelló, sacando miel de una colmena. Foto: J.Revillas/DT

El municipio de El Perelló, en el Baix Ebre, celebra este fin de semana Firabril, la feria de la miel y el aceite en las Terres de l’Ebre. Una buena oportunidad para conocer la realidad de un sector, fuerte en la zona, que es objeto de continuas informaciones alarmantes en los medios de comunicación sobre el retroceso imparable de las abejas a nivel global. La última, la muerte de dos millones de abejas en una intoxicación masiva el pasado mes de febrero en Murcia.

Los apicultores de El Perelló, muy curtidos en el oficio, se alejan del dramatismo pero constatan una realidad: una multiplicidad de factores dañan la salud de las abejas, merman las colmenas, y amenazan la viabilidad futura de la práctica apícola. De todos los factores, dos son lo que provocan el mayor impacto: el cambio climático y la toxicidad de los insecticidas, de la familia de los neonicotinoides, que atacan el sistema nervioso de unos insectos claves para la polinización de una parte importante de los cultivos de consumo humano.

Abejas desorientadas

«Tenemos un grave problema derivado del uso de los fitosanitarios insecticidas. No matan las abejas, pero si las atontan, como a los humanos lo hace el alcohol», señala el apicultor Francesc Brull. «Entonces se desorientan, les cuesta mucho elaborar miel, se pierde el equilibrio de la colmena y llegan las primeras bajas». «Los químicos usados en la agricultura y la ganadería persistenten durante años en el suelo y las flores. Las abejas no mueren, pero padecen micro intoxicaciones, pierden vitalidad, viven menos años y en la cría hay porcentajes alto de mortalidad», añade Josep Maria Margalef, apicultor del municipio.

El otro gran peligro es el aumento de la temperatura a nivel global a causa del cambio climático. Las abejas son muy sensibles a los cambios bruscos de temperaturas, habituales en los últimos años, lo que favorece la proliferación de enfermedades propias de la especie.

Depredadores

A estos dos factores, aún hay que añadir amenazas externas como la expansión de la avispa asiática (vespa velutina), un insecto importado y actualmente concentrado en las comarcas de Girona que depreda literalmente las colmenas de abejas, y el abejaruco, un pájaro que inhibe el trabajo de las abejas al no salir de las colmenas. «Mi abuelo era apicultor y no tenía bajas, en cambio yo pierdo cada año entre el 10 y el 15 % de los abejas», sentencia Brull. Otro dato, Margalef recogía en los años 80 entre 30 y 40 kilos de miel por colmena en la zona de Mequinenza y ahora firmaría por alcanzar los 10 kilos.

De este manera, los profesionales deben multiplicar esfuerzos para mantener las colmenas en buen estado. Y eso que este año ha sido bueno en este aspecto. Las lluvias y frío invernal ha favorecido la recuperación del stock de abejas.

Otra cosa es su capacidad de producir miel. «En mi caso, la producción ha caído un 70 % respecto a una campaña normal», afirma Margalef. Dar con las razones es complicado. «Mi teoría es que el déficit existente de azúcares en las flores, lo que merma la composición del néctar y la producción de miel», añade.

Otros apicultores, como el presidente de la cooperativa del sector, Xavier Llambrich, apuntan que la campaña se asemejará a una producción normal, «ni será excelente ni tampoco crítica», sentencia.

El factor que actúa de contrapeso es el precio. La miel es un producto bien pagado, a diferencia de otros, muy presentes en las Terres de l’Ebre, como los cítricos. «Los precios son suficientes y a nivel mundial hay un déficit de miel por lo que existe una alta demanda. Con precios bajos, sería impensable seguir en el negocio», advierte Llambrich. Sin embargo, esta alta demanda está provocando una proliferación no controlada de miel adulterada. «Hay muchísimo fraude, sobretodo en la miel vendida en supermercados», señala Margalef. Son mieles la gran mayoría importadas de países como China que compiten con unos precios hasta un 50 por ciento más baratos que la miel de El Perelló.

El sector reclama hace años el etiquetaje del origen de la miel en el envase, que hoy no prevé la regulación europea. Con todo, la Generalitat ha recogido la demanda y la ha trasladado al Ministerio de Agricultura.

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