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Enfermeras, profesores o artistas, así son los defensores de 'lo riu'

Cantautores, informáticos, sanitarios o mariscadores son el rostro de la Plataforma en Defensa de l'Ebre, un ente asambleario, sin presidente y que rebrota ante otra amenaza al río

Raúl Cosano

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Enfermeras, profesores o artistas, así son los defensores de 'lo riu'

Enfermeras, profesores o artistas, así son los defensores de 'lo riu'

1 Manolo Tomàs

Manolo Tomàs (Tortosa, 61 años) es quizás la cara más visible y más mediática de la prolongada y tenaz movilización por el río Ebre, acaso por los galones que le da la veteranía. «Desde finales de los años 70 militaba en la Coordinadora Antitransvasament. Ya nos movilizamos en los 80 contra el minitrasvase», rememora Tomàs. En el año 2000, ya cogió las riendas como portavoz de la actual PDE. «La palabra que nos define es polivalencia. Un día preparamos charlas, otro informes... Nunca hacemos una misma cosa. Lo que está claro es que esto me ocupa todo mi tiempo libre», indica.

Manolo trabajó en la construcción, hasta que accedió a un puesto de conservación de carreteras en la Generalitat. «Hay una separación escrupulosa entre el activismo y la profesión», cuenta, y le quita méritos y relevancia a su dimensión pública. «No es bueno cuando toda esta labor se centraliza en una o dos personas. Hay una tarea colectiva inmensa». Tomàs reivindica la labor anónima de la base en una plataforma cambiante, que en función de las necesidades se mueve entre los 30 miembros o los centenares: «Las movilizaciones como las del domingo pasado son posibles por todo el trabajo que hay detrás, porque la plataforma nunca se ha detenido en todo este tiempo. Detrás de una marcha o de una protesta hay un trabajo jurídico, pedagógico y de divulgación que no se ve pero que es básico».

2 Cinta Sarroca

Esta enfermera de quirófano en el Verge de la Cinta no se pierde ninguna de las reuniones semanales de la Plataforma en Defensa de l’Ebre (PDE). Pero esta activista, también en el ámbito sindical, ejerce de mucho más: reparte folletos, hace fotocopias, va a estampar camisetas, diseña pancartas y hasta ha servido copas en la barra de algún evento organizado en el marco de la lucha de las Terres de l’Ebre por defender su río. «Hacemos de todo, lo que sea. Acompañamos a los portavoces, buscamos documentación, llevamos material allí donde haga falta… somos hormiguitas obreras. Aquí todo el mundo sabe hacer de todo». Ella es una activista concienzuda y convencida forjada en las marchas azules. No necesitó grandes argumentos para involucrarse en esta gran empresa hace más de 15 años: «Mi motivación principal fue simplemente el río. Cuando a alguien de aquí le dices que le tocarás el Ebre… responde rápido, no hay que hacer nada más».

3 Ramon Carles

Natural de L’Aldea, es productor de marisco desde 1962 en el Delta. Forma parte de la Associació de Musclaires de la Badia del Fangar. Nadie como él, apoyo inestimable de la PDE, conoce los estragos que pueda acarrear el plan hidrológico: «Nosotros vivimos del mar, de criar mejillones. Es una tradición familiar. Comenzó mi padre, me dedico yo y también un hijo mío. La familia siente la importancia del río, del que depende mi trabajo. La producción de mejillón va muy ligada al río. Si no hay avenidas fuertes, si no bajan agua y sedimentos, no puede haber mezcla del nutriente con el agua salada y no se genera fitoplancton, que es lo adecuado para el marisco», cuenta con conocimiento de causa y preocupación empírica alguien que aprendió el oficio desde bien pequeño. Como acuicultor histórico, casi de referencia, Ramon Carles ha estado en primera línea de todas las movilizaciones y protestas. «Siempre he estado apoyando a los portavoces, haciendo viajes… defendiendo el río, el agua, lo que es nuestro», cuenta Ramon Carles, cuyo desvelo es compartido por colegas de la profesión: «Hay muchas familias que estarían afectadas, los mariscadores de l’Ampolla, Sant Carles o Deltebre, los de la Associació de Productors, que criamos ostras y mejillones. Y con toda la repercusión que eso puede tener en sectores como el turismo o la restauración. Nos jugamos mucho».

4 Carme Forés

Es algo así como el apoyo idiomático de la plataforma y, a su vez, el enlace capaz de llevar su mensaje a Europa gracias a su labor como intérprete y traductora. Carme, una profesora de inglés de Tortosa, ha viajado por el continente para hacer extensiva la denuncia a todos los rincones. «Hemos ido mucho a Bruselas a picar puertas, a hacer contactos», cuenta ella, que residió muchos años en Londres antes de regresar a tierras ebrenses. «Yo nunca había estado en una plataforma, pero cuando escuchamos la noticia del plan del año 2000, de Aznar, muchos nos sentimos indignados. Y sólo hay que ver cómo bajaba el río entonces, con mucha más agua que ahora. A partir de aquel momento comencé a involucrarme». Añade Forés: «Fue una indignación tan grande ver cómo se podía manchar la riqueza del territorio».

Traducciones, cartas, llamadas o conversaciones en visitas y reuniones, siempre con el inglés como lengua principal, han servido para aumentar la sensibilización más allá de las fronteras, algo vital para una PDE que siempre ha buscado apoyos en las instituciones europeas. Su lucha es tan longeva como la del resto. Arrancó en el año 2000 y reverdece ahora con el advenimiento de otra amenaza:«Este plan es una barbaridad. No pararemos. Pasan los años. Nos hacemos mayores, seguimos en la misma batalla, pero no nos detendremos».

5 Matilde Font

«Nuestras familias sufren tanta agenda apretada y tanta reunión, pero hay que seguir luchando», confiesa la ampostina Matilde Font, uno de los rostros que participó en la movilización desde el principio. Una reunión en Amposta fue el preludio, a la que precedió la cita, ya más multitudinaria, en el Auditori Felip Pedrell de Tortosa. Aquel 15 de septiembre de 2000 nació la Plataforma en Defensa de l’Ebre (PDE). «Primero me mantuve un poco de espectadora, porque no conocía a la gente. Aquellos primeros tiempos fueron para aprender de los expertos. Yo venía del mundo sanitario y no entendía mucho la implicación que aquello tendría. Poco a poco me fui motivando más, participando en asambleas, reuniones, manifestaciones», cuenta esta enfermera de intensivos en el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa, y ahora uno de los cuatro portavoces de la plataforma.

La PDE nació entre el clamor numeroso de la gente y, una vez cumplió su objectivo inicial, bajó la actividad, pero siempre estuvo ahí, preparándose en la sombra por si algun día había que volver a activar la batalla, como así ha sido: «Durante más de 15 años hemos mantenido al menos la reunión de todos los miércoles. Esa asamblea nunca faltó. Siempre hemos estado en marcha, incluso en los años más tranquilos».

6 Joan Antoni Panisello

Este técnico informático que trabaja de autónomo en Tortosa es uno de los cuatro portavoces actuales (la PDE tiene un funcionamiento totalmente asambleario, sin presidente, liderazgos ni socios ‘oficiales’ que abonen cuota). Como en el caso de Manolo Tomàs, es también una cara popular y reconocible. Su activismo es genético, de largo recorrido, apuntalado en aquella asamblea fundacional del año 2000. «Estuve desde el primer día. Me involucré en la movilización, en las comisiones de trabajo. Mi motivación fue defender el territorio. Además, estoy en contra de todos los trasvases, porque dividen», cuenta.

Panisello, como el resto, se multiplica para llegar a todo: reuniones, asambleas, visitas, correos electrónicos, llamadas de teléfono; movilización, al fin y al cabo, como la que les ha llevado a reunirse esta semana con el nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont: «Ha sido muy importante que la plataforma se mantuviera siempre activa, sin bajar la guardia. En el año 2004 parecía que la lucha se había acabado, porque habíamos logrado el objetivo, pero no fue así». Ahora, de vuelta a la palestra pública, Panisello anima a no desfallecer: «Defendemos lo que es nuestro, para proteger un delta que está amenazado y que, si se ejecuta el plan hidrológico, podría desaparecer en 70 años. Hay que seguir batallando para estar tranquilos al menos una generación».

7 Charo Fernández

Esta malagueña de 57 años llegó a Catalunya en 1976. Desde entonces ha pasado el tiempo suficiente para que defienda el Ebre como uno más. «En las movilizaciones del minitrasvase no participé. Por entonces estaba criando hijos, como es habitual en algunos momentos de tu vida. Pero luego escuché por la radio lo que en realidad era una agresión al río y me indigné», cuenta esta vecina de Ferreries, en Tortosa. «Yo trabajaba en una fábrica, algunas compañeras lo comentaban y acabé yendo a la asamblea que se hizo en septiembre del año 2000. Aquella defensa de ‘lo riu’ fue algo hipnótico, y me enganché. Soy una persona sensible, me gustan los animales y la naturaleza», comenta Charo, ahora desempleada y con unas fuerzas imbatibles de seguir defendiendo a ese Ebre que pasa cerca de su casa. A Charo se le puede ver haciendo la labor más nimia, pero también más clave, un trabajo a veces invisible y poco reconocido, pero necesario: se patea las calles para pegar carteles o repartir folletos. «Toda concienciación y sensibilización es poca. En momentos como este necesitamos el apoyo y la participación de todos», zanja.

8 Josep Franch

«Nadie es amo del agua, nadie puede mercantilizarla», denuncia con vehemencia Josep Franch, de 61 años, natural de Deltebre pero vinculado a Amposta, y uno de los apoyos decisivos del movimiento. «Me he criado siempre al lado del río. Para mí estar en la plataforma es defender el territorio», cuenta este vecino, desde hace tiempo movilizado en el tejido asociativo (es casteller y fundó la primera asociación de vecinos de Amposta). «Mi carácter es involucrarme en todo lo que pueda», reconoce. Josep vivió el sentir ebrense desde la lejanía, ya que entre los 10 y los 28 años residió en Viladecans. Después regresó y su implicación fue máxima. En el seno de la PDE, su repertorio de trabajos es amplio y variopinto, y va de pintar pancartas a acompañar a los suyos a Bruselas para defender ‘lo riu’ en varias ocasiones ante las autoridades europeas. Josep tiene que lidiar también con su perfil de parado. «Trabajaba de autónomo y me dedicaba a la construcción, hasta que vino la crisis. Luego estuve en una lavandería o de conductor. Ahora estoy desempleado y llevo dos años cobrando los 400 euros, que ayudan un poco», cuenta.

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