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Enoturismo ecológico en la Terra Alta

Herència Altés introduce un proyecto medioambiental de biodiversidad autóctona

MARINA PALLÁS CATURLA

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Imagen exterior de la moderna bodega. Foto: Joan Revillas

Imagen exterior de la moderna bodega. Foto: Joan Revillas

Para un terraltino, el paisaje lo es todo. Nada más poner un pie en la comarca, el visitante se encuentra con un territorio singular, apartado de las grandes urbes, de sierras exuberantes, tierras trabajadas y viejos viñedos. Un paisaje es más que un momento bello grabado en la retina, que un cuadro dibujado en la ventanilla de un coche. Un paisaje es un oficio, un recuerdo de infancia, un estilo de vida y un mundo entero. Lo saben bien Núria Altés y Rafael De Haan, fundadores del Celler Herència Altés, ecológico, sostenible e integrado en un espectacular paraje de la Terra Alta, con vistas a los Ports.

La bodega no es una cualquiera. La empresa ha introducido un proyecto medioambiental que rodea todo el Celler para respetar y dar continuidad a la biodiversidad, con 14.000 plantas autóctonas. «Queremos que el paisaje de los viñedos esté integrado con nuestros bosques», explican Altés y De Haan. La misma bodega no tiene connexión eléctrica convencional, sino que usa placas solares llegando a tener hasta un 95% de suficiencia energética a través de éstas.

Además, cuenta con cajas para aves y murciélagos, así como cajas nido para lechuzas, alimentándolas y dejándolas después en libertad. Así mismo, en los terrenos de la bodega hay una balsa de agua para abrevar a fauna salvaje que se acerque. A través de una cámara instalada, se han observado visitas de jabalíes, ardillas, tejones e incluso águilas perdiceras.

El mismo Celler, de aires vanguardistas, está integrado en el paisaje en el término de Gandesa, a siete metros de profundidad. Se usaron para su construcción hormigón, piedra (en un claro homenaje a la ‘pedra en sec’ tan característica de la Terra Alta) y algunas partes de roble, haciendo un guiño a la tradición de los vinos en tonel.

Ahora, están diseñando un recorrido por toda la finca, de forma que el visitante llegará aa la bodega y podrá encontrar un panel informativo con toda la fauna y flora del lugar, además de poder seguir el recorrido mediante puntos referenciados en un tríptico que les explicará el jardín botánico, las vistas a los Ports o aspectos de la historia del lugar como la misma batalla del Ebro, de la Guerra Civil, que aquí tuvo su principal escenario.

«De esta forma se disfrutará del vino y del paisaje, que están fusionados», argumenta Núria Altés. «El enoturismo es y tiene que ser un pilar de nuestro proyecto. Es aquí donde la gente se vuelve embajadora de nuestra tierra y nuestros vinos. Para entender un vino, tienes que pisar su tierra».

La tierra de Altés, la Terra Alta, tiene una fuerte tradición vitivinícola. De hecho, ella es nacida en Batea y sus inicios están vinculados a este pueblo, donde gran parte de su población se dedica a la viña.

Los propietarios de la bodega Núria Altés y Rafael De Haan, al lado de los viñedos. Foto: J. Revillas
 

Altés creció vitivinícolamente hablando vinculada a la Cooperativa de Batea. Allí aprendió de todo. «Desde la tienda, hasta el laboratorio, hasta finalmente la comercialización», detalla. Pronto fue promocionada como jefe de ventas y estableció sus productos en numerosos mercados internacionales. Fue en una feria internacional en Londres donde en 2003 conoció al que sería su marido y co-propietario de la gran bodega que hoy es Herència Altés.

Nacido en Kent (Inglaterra) y de madre española, Rafael De Haan comenzó a introducirse en el comercio del vino del Reino Unido en el 2000. Pasando a España poco después continuó trabajando con vinos y fundó la empresa de exportación, Exportiberia en 2005. En la feria de Londres se enamoró de uno de los vinos que comercializaba Altés.

En 2006 harían un primer vino, Las colinas del Ebro, en un homenaje a las Brigadas Internacionales que lucharon en la Guerra Civil. En 2010 decidieron hacer algo más personal y compraron uvas del padre de Altés para hacer vino de calidad con el nombre de su familia, fundando así la marca Herència Altés. Primero se establecieron en Batea. Más tarde sentirían la necesidad de seguir adelante y abarcar un proyecto mayor, construir una bodega estilo château. En el año 2016 colocaron la primera piedra de la que sería la actual bodega, en una extraordinaria finca entre Batea y Gandesa con vistas a los Ports, Lo Grau de l’Inquisidor. Más tarde llegarían las fincas de la Serra y la Xalamera.

Se trata en su gran mayoría de viñedos viejos, los más jóvenes de 40 años y los más ancianos, centenarios. La marca cuenta con una docena de vinos, elegantes, frescos y muy equilibrados. En los llamados ‘vinos de vila’ se producen hasta 100.000 botellas, mientras que en las producciones pequeñas se llega a las 1.900.

«Tenemos un poco de todo pero apostamos especialmente por las variedades autóctonas, como la garnacha blanca, negra y peluda, la cariñena y el syrah», detalla Altés. Actualmente son 20 trabajadores, aunque en la temporada de vendimia se asciende a más de 30. «Creo que el mundo es paisaje, pero la Terra Alta más todavía. Aquí no tenemos industria, y creo que debemos apostar por la viticultura. Es por eso que estamos muy en contra de la masificación eólica que vive la comarca de la Terra Alta. Es una agresión a nuestro territorio», valora.

A nivel nacional, Altés considera que la DO Terra Alta está viviendo un momento dulce. «Nuestras garnachas blancas ya suenan por toda Catalunya. Pero no debemos bajar la guardia, y menos con las agresiones externas como en el caso de los parques eólicos. Son hambre para mañana. No podemos llenar de chatarra nuestros paisajes», considera. Respecto a la exportaciones, consideran que aún queda mucho camino por recorrer, para que otros países puedan finalmente situar en el mapa a la Terra Alta. Y a sus paisajes.

Facturación e inversiones
En el último año la bodega Herència Altés ha facturado 3.500.000 euros. El Celler, desde sus inicios, lleva acumulados  5.000.000 de euros en inversiones. La inversión en el proyecto medioambietal se sitúa en 250.000 euros. Dispone de unas modernas y amplias instalaciones.

Exportaciones
Herència Altés exporta a 30 países. Mayoritariamente a los Estados Unidos, al Reino Unido y Japón, además de países de toda Europa. Un 60% de la facturación de la empresa proviene de estas exportaciones y de éste, un 20% de los Estados Unidos, por lo que los aranceles de Trump les podrán afectar directamente. 
  
Legado familiar
En el año 2010 Núria Altés decidió comprar uvas de su padre y hacer vino de calidad con el nombre de su familia. En 2013 se había convertido en un éxito suficiente como para poder invertir en el primer viñedo y en una primera pequeña bodega en Batea.

Premio Vinari 2019

Además, este 2019 Herència Altés ha recibico el Premi Vinari al mejor proyecto ecológico, gracias al trabajo hecho los últimos años para fomentar el retorno de especies autóctonas y por adoptar medidas respetuosas con el medio ambiente como una óptima gestión de residuos y la instalación de placas fotovoltaicas que producen el 85% de la energía consumida.

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