Formando a los pequeños a través de una pantalla

Maestro de escuela. Los docentes han hecho un esfuerzo por mantener el vínculo con los alumnos y sus familias a través de las plataformas que ofrecen las nuevas tecnologías

MARINA PALLÁS CATURLA

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Marc Curto es el director de la escuela El Temple, de Tortosa. FOTO: DT

Marc Curto es el director de la escuela El Temple, de Tortosa. FOTO: DT

La materia prima de un carpintero es la madera; la de un pescador, los peces; la de un jardinero, las plantas… Y la de un maestro, las personas. Y más allá de eso, la palabra, el aprendizaje, el respeto y la emoción. A menudo poco reconocida para la responsabilidad que tiene, nada más y nada menos que formar personas desde la infancia, la profesión de maestro se ha visto plenamente afectada por la crisis de la Covid-19. Con las escuelas cerradas y las aulas vacías, los maestros se han tenido que reinventar y formarse en nuevas tecnologías para seguir manteniendo el vínculo con sus alumnos y hacer lo que mejor saben: acompañar a los niños en su crecimiento.

«Los primeros días fueron como un duelo, una pérdida. Nuestro trabajo es una faena de contacto diario con los niños y sus familias y, de repente, nos tuvimos que separar y sin saber hasta cuándo. Tuvimos que replantearnos la situación y hacer los cambios profesionales necesarios para mantener el contacto con los alumnos, ese vínculo que de golpe se había roto», describe Marc Curto, director de la escuela El Temple, de Tortosa, centro que trabaja por proyectos y que ha sido distinguido con varios reconocimientos y que avanza hacia un nuevo modelo de escuela.

La primera comunicación establecida fue entre los propios maestros y compañeros de escuela. «A pesar de que teníamos mucho camino ganado porque nosotros ya trabajábamos compartiendo proyectos a la través de la red, con documentos compartidos y presentaciones, igualmente tuvimos de repente que aprender a trabajar con herramientas que no habíamos usado antes. Fue un autoaprendizaje muy de golpe, y en este sentido también hubo mucha complicidad y camaradería entre los maestros, nos enseñamos los unos a los otros», afirma.

Videollamadas, trabajo en la nube a través de distintas plataformas y comunicación por Whatsapp son ahora las herramientas para garantizar mantener el vínculo y el trabajo con los alumnos. «Antes ya contactábamos por Whatsapp con las familias, pero era más bien un sistema unidireccional para informar de actividades, por ejemplo. Ahora, contactamos directamente con las familias y tenemos un retorno», dice Curto. Así, cada maestro contacta con los alumnos de los cuales es tutor. Como la separación fue complicada, cada maestro envió un vídeo personal, y se pidió una respuesta en forma de audios o vídeos, enseñando lo que hacían en casa. «Por supuesto nos han preocupado los niños de familias más vulnerables, y en ese sentido nos hemos esforzado por tener un retorno también de ellos. Por ejemplo, he hecho un montón de audios en inglés para familias acabadas de llegar del Pakistán».

Después de los primeros días, se comenzó a avanzar con las actividades. «Esto se ha transformado, ya que no pueden ser las mismas que antes. Nos hemos tenido que adaptar a cada casa, a cada situación, y aquí también ha entrado en papel la imaginación de los maestros. Por ejemplo, hemos usado mucho la llamada ‘Flipped Classroom’, o clase invertida, donde enviamos un vídeo con la actividad explicada como en un tutorial. La verdad es que los maestros nos hemos hecho expertos en grabarnos haciendo clases sin alumnos y haciendo propuestas de todo tipo».

Con los alumnos más mayores usan por ejemplo el Google Classroom, una aula virtual donde el maestro cuelga los trabajos de cada asignatura o proyecto, y el niño es autoresponsable para entrar y ponerse a trabajar, sin enviarlos a la familia. Una vez a la semana se realiza una tutoría virtual con las familias. «No podemos avaluar como antes, pero todo lo que suma, suma, y nosotros creemos en una avaluación cualitativa, para valorar en positivo», sostiene.

«Mi flexibilidad a la hora de trabajar ha ganado mucho. Soy padre de tres niños pequeños, así que me puedo conectar desde casa con ellos al lado y no tiene que venir alguien a cuidarlos como antes, por ejemplo. Pero a la vez, mi disponibilidad como maestro ha aumentado muchísimo también. Estás conectado y disponible a todas horas», dice Curto, que afirma sin embargo que de esta crisis la comunidad educativa «saldrá seguro reforzada», ya que «hemos compartido muchas cosas, nos hemos conocido mucho más, y se ha estrechado el vínculo entre maestros y familias».

Ante el anuncio del Conseller Bargalló de poder abrir las escuelas el día 1 de junio, Curto explica que aunque se abra el centro será más bien una función «social» para acompañar a los niños que lo necesiten, y en ningún caso será para seguir con las clases.

«Significa un nuevo esfuerzo para los maestros. Estamos trabajando ya en el plan de reapertura, pero no es fácil: después de adaptarnos al cambio de trabajar desde casa ahora nos viene otro cambio para reabrir con seguridad. En cualquier caso, hemos planificado ya tutorías individualizadas la semana que viene a través de Zoom para avaluar un poco estos últimos meses. Es muy importante el retorno con las familias».

El centro que dirige Curto, además, el próximo mes de septiembre pasará a ser instituto-escuela. Muchos cambios y mucho trabajo. «Pero nuestra faena es esta, es de continua renovación y actualización, ya que los mismos niños están creciendo y están en evolución. Nuestro objetivo es formar a las personas y ofrecerles una vida mejor, y eso es una de las responsabilidades más grandes a nivel profesional. Las personas por encima de todo: los niños, las familias que confían en nosotros y los compañeros de la escuela. Sin una buena cohesión y coordinación entre todo ello, nada funcionaría», concluye.

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