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«Lo damos todo y se agradecen las muestras de apoyo»

Enfermero de UCI. El ulldeconense Manel Hervás atiende a pacientes graves de Covid-19

MARIBEL MILLAN LÓPEZ

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El ulldeconense Manel Hervás, en su puesto de trabajo. FOTO: CEDIDA

El ulldeconense Manel Hervás, en su puesto de trabajo. FOTO: CEDIDA

Estaba visitando a unos amigos en Málaga, a finales de enero, cuando Manel Hervás empezó a interesarse por la aparición de un nuevo virus que estaba causando estragos en China. «Me preocupaba, aunque pareciera algo lejano, como el ébola en Guinea», detalla este enfermero de Ulldecona , que lleva desde 2006 trabajando en la UCI del Hospital del Mar, en Barcelona. Y no se equivocaba. Aquel brote se convirtió en una pandemia global que nos ha azotado de una forma que no podíamos ni imaginar hace apenas dos meses.

Hoy, Manel se dedica exclusivamente a atender casos de Covid-19. Aunque cuente con una dilatada experiencia en el sector sanitario, se muestra muy sorprendido por como actúa el coronavirus. «Muchos pacientes se complican en cuestión de muy pocas horas y desarrollan neumonías bilaterales(de los dos pulmones)», detalla.

En la UCI del Hospital del Mar han incrementado las camas y han cambiado los turnos. Ahora son de 12 horas, frente a las 7 y cuarto que realizaban antes de la pandemia. De este manera, explica, «reducimos también el contacto con otros compañeros y el riesgo de contagio». «Lo cierto es que, en nuestro caso, estamos trabajando muy bien, con material que intentamos optimizar y con una muy buena coordinación». Pero aún así, han tenido algunos casos de positivos entre el personal.

Realiza sus tareas con el mayor de los ánimos, «como todos», pero hay momentos en los que admite sentirse desbordado. «La atención al paciente crítico es muy intensa, no es fácil, y a todo ello hay que añadir largas jornadas enfundado en el EPI(equipo de protección individual), que resulta muy incómodo para realizar las tareas». «A menudo se empañan las gafas y cuesta comunicarse con los pacientes que están conscientes», añade. Aunque la mayoría están sedados, «para que el respirador pueda hacer mejor su función y deje descansar, entre comillas, a los pulmones».

A los que están despiertos, a demás de las curas y atención que necesitan, les ayudan a contactar con sus familias. «Vienen de urgencias o de planta ya con su móvil y el cargador. Les recargamos el teléfono o les ayudamos a marcar o a hacer una videollamada si tienen dificultades. Pero es sorprendente cómo dominan la tecnología algunas personas mayores», comenta. Por su parte, el médico al frente el servicio llama a las familias para explicarles cual es la evolución del enfermo.

En este sentido, cada paciente al que se puede quitar el respirador y trasladar a planta se vive como una victoria colectiva. El enfermero recuerda especialmente el caso de un excompañero, un médico ya mayor, que estuvo grave pero que se ha podido recuperar. «En su caso, por suerte, todo fue muy bien».

Apoyo psicológico

Manel se confiesa muy emocionado con las continuas muestras de apoyo y cariño que reciben estos días los profesionales sanitarios. «Estamos haciendo nuestro trabajo, pero se agradece tener tantas muestras de ánimo. Son momento difíciles para todos», reconoce.

En este sentido, en el hospital cuentan con apoyo psicológico para hacer frente a esta situación, que marcará sus vidas a nivel profesional pero también personal. «Como colectivo estamos haciendo mucha piña. Siempre puede haber algún momento de tensión, pero lo cierto es que lo damos todo y nos ayudamos unos a otros, mucho más que antes», explica.

Manel había atendido antes a pacientes con enfermedades infecciosas como la tuberculosis o la gripe A, pero era algo puntual, y evidentemente, nada comparable a una pandemia.

«En 41 años que tengo y veinte trabajando como enfermero, nunca pensé que viviría algo así». Asegura que seguirá trabajando con las mismas ganas, pero todavía con más empatía. «Si de algo ha servido esta crisis sanitaria es para ponernos todavía más en la piel de la gente enferma y de sus familiares, que están en casa confinados y angustiados».

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