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Los municipios del Delta de l'Ebre se unen para salvarlo

Reclaman al Estado y la Generalitat acciones urgentes para mantener la línea de costa, ante el avance del mar

Maribel Millan

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Illa de Buda. Álvaro Arasa.

Illa de Buda. Álvaro Arasa. Cedida per Álvaro Arasa

Las amenazas que se ciernen sobre el Delta de l’Ebre están dejando de ser predicciones para convertirse en realidad y el territorio pide actuaciones inmediatas y urgentes para salvarlo. Los temporales del pasado invierno han deteriorado seriamente las zonas del litoral más afectadas por la regresión, que junto con la subsidencia (hundimiento del terreno), la salinización y el avance del mar por el cambio climático amenazan en sumir la desembocadura del Ebre bajo las aguas en las próximas décadas.

Ahora, los ayuntamientos del Delta de l’Ebre se han unido en un frente institucional para reclamar acciones e inversiones en la zona a las administraciones superiores: Generalitat y Estado, a través del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Piden «mantener la morfología actual del Delta», pero teniendo en cuenta que se trata de un espacio dinámico y sujeto a continuos cambios, reclaman al menos, «la contención de la línea de costa».

Reclaman también un plan de gestión integral de los embalses de la cuenca del Ebre, por lo que respecta al cabal mínimo del río y a los sedimentos que éste tiene que transportar para contrarrestar el hundimiento de la llanura deltaica i su salinización. Teniendo en cuenta que los beneficios de la aportación de sedimentos se producirían a medio o largo plazo, piden también un plan de actuación con medidas puntuales e inmediatas(ya sean provisionales o permanentes) para frenar la regresión que están sufriendo determinadas zonas de la costa, así como la salinización de las fincas próximas. De forma urgente, «hay que recuperar la zona de los efectos ya sufridos por temporales, restaurando playas, caminos, cultivos e instalaciones de los regantes», apunta el documento del frente institucional, que están aprobando ya los plenarios de los ayuntamientos de Deltebre, Sant Jaume d’Enveja, Amposta, Sant Carles de la Ràpita, l’Aldea, Camarles, l’Ampolla y els Muntells, así como los consells comarcals del Baix Ebre y el Montsià.

Medidas duras o blandas

Esta situación de pre-emergencia vuelve a poner en primer plano cómo se debe actuar para salvar el Delta, poniendo sobre la mesa las llamadas medidas duras (diques, muros, piedras) o otras de más blandas, teniendo en cuenta las dinámicas naturales de la zona. Generalizando, propietarios y sectores productivos de la zona estarían más por la aplicación de soluciones contundentes que permitan mantener la actual fisonomía del Delta y no ceder más terrenos al mar, mientras que ecologistas y mundo científico apuestan por medidas más suaves, como barras de arena o dunas con vegetación.


Aportar sedimentos
En lo que prácticamente todos están de acuerdo es en la necesidad que lleguen al Delta más sedimentos, ahora retenidos en los pantanos de Mequinenza y Riba-roja. Diversas ONG y entidades como la Plataforma en Defensa de l’Ebre participan en la Campanya pels Sediments, que ha llegado al Congreso, mientras que el proyecto Life europeo Ebro Ambiclim (que lidera el IRTA) estudia precisamente como realizar estas aportaciones de forma que sean beneficiosas para reducir la regresión y la subsidencia.

En Sant Jaume d’Enveja está la isla de Buda, una de las zonas más afectadas. Los últimos temporales han roto barreras de arena y el agua del mar ha invadido los Calaixos de Buda, unas lagunas litorales de gran interés ambiental. El Parc Natural del Delta rehizo una parte del cordón de arena, no sin antes cierta polémica de si se debía o no actuar.

Para el alcalde de Sant Jaume, Joan Castor Gonell, era imprescindible rehacer el cordón y de hecho, planteará a Costes una prueba piloto en la zona para que la barrera sea más segura y que no suceda lo mismo si hay un nuevo temporal. «Si no hacemos nada desaparecerán zonas de gran interés ecológico», afirma Gonell, partidario de actuar de forma puntual allá donde haga falta, en las zonas críticas, para mantener la morfología actual del Delta.

El Ayuntamiento de Deltebre ya actuó de urgencia el pasado invierno para instalar una barrera de protección en la zona de acceso al Fangar, donde el mar amenazaba de tragarse el restaurante Los Vascos y los arrozales más próximos a la línea de costa. Para el primer teniente de alcalde, Kilian Franch, es el momento de tomar cartas en el asunto y actuar, y que los técnicos decidan las mejores soluciones para cada problemática, «sean blandas o duras, pero que actúen de una vez».

Carretera de circunvalación

Una de las apuestas de ayuntamientos y regantes es la construcción de una carretera de circunvalación al Delta, que serviría de barrera de protección durante los temporales más fuertes. Para el presidente de la Comunitat de Regants del Canal de la Dreta de l’Ebre, Manel Masià, «no podemos permitirnos perder ni un palmo más terreno». Por ello, pide que las administraciones se fijen «en las obras y acciones que ya se han hecho, desde hace décadas, en otros deltas, como por ejemplo el del Po, en Italia» «No sé por qué existe aquí este miedo a poner remedio a los problemas, con obras necesarias», comenta.

Las dos comunidades de regantes del Delta trabajan en un documento con actuaciones que presentará próximamente, según detalla Masià.

En medio siglo se han perdido 2 km en la desembocadura

A demás del cambio climático, el principal problema que afecta al Delta de l’Ebre es que en la actualidad recibe 150.000 toneladas de sedimentos al año, cuando antes de la construcción de los pantanos las aportaciones eran de hasta 25 millones, detalla al Diari el geólogo Álvaro Arasa. Y hay que tener también en cuenta que se trata de un «organismo geológico dinámico», que de forma natural va evolucionando creciendo en una s zonas (como las puntas del Fangar o la Banya, que tienden a cerrarse), y a retroceder en otras, como la Marquesa.
«Desde el año 1956 a la actualidad, se han perdido dos kilómetros en la desembocadura, en la zona de los Vascos la regresión ha sido de 150 metros, mientras que la barra del Trabucador se ha movido hacia el interior 225 metros», detalla Arasa, quien remarca que la administración tendría que comprar a los agricultores las tierras que se vayan perdiendo.

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