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Los vecinos de Alcanar luchan por regresar a la normalidad

Tras la tromba de agua del miércoles, las calles se han teñido de marrón con el barro. Los destrozos en viviendas y restaurantes son importantes. Todavía hay coches en el mar

Marina Pallàs/Àngel Juanpere

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Aspecto de ayer por la mañana de la calle de Lepanto, en el paseo de Les Cases d’Alcanar. FOTO: fabián acidres

Aspecto de ayer por la mañana de la calle de Lepanto, en el paseo de Les Cases d’Alcanar. FOTO: fabián acidres

Bastaron escasos 40 minutos. Cuarenta minutos de aguacero y Les Cases d’Alcanar pasó de sus casitas blancas a sus calles marrones con un palmo de barro. De sus veraneantes y famosos restaurantes (algunos afirman que es donde mejor se come en todas las Terres de l’Ebre) a un escenario triste y de destrucción. Desde el miércoles, es un pueblo al que le han arrancado el verano de golpe. La rotonda de acceso desde la antigua nacional, plagada de vegetación arrancada y de montañas de lodo, se convierte en la entrada, la puerta a la desolación. A partir de allí todo va a peor. 

En el paseo marítimo, antes lleno de terracitas con vecinos y forasteros disfrutando de gambas y chipirones, donde los domingos de febrero o noviembre se convertían mágicamente en verano, ahora es un campo de barro con coches arrastrados, materiales hechos trizas, botas de agua y desesperación. 

Silvia Vega y Fran Castro observan como el mar se ha tragado la zona ‘chill out’ que se habían comprado este año. foto: àngel juanpere

El 1 de septiembre del 2021 significará para algunos vecinos de Les Cases el día en que lo perdieron todo. El miércoles al mediodía pasaron momentos de verdadero pánico, especialmente los que vivían en una casa con solo una planta baja. Los vecinos se apresuraban ayer a retirar el barro de sus casas, a limpiar los muebles o electrodomésticos que han podido salvar. Colchones, lavadoras y mesas se amontonaban en las entradas de las casas como barricadas en un escenario bélico. 
En primera línea de mar, los destrozos ponían la piel de gallina, con algunos coches todavía flotando entre el oleaje o encima de las rocas. El mar, teñido de marrón, arrastraba aún materiales que la tromba de agua se llevó a lo largo de todo el pueblo; ahora una bicicleta, ahora una silla de un restaurante. 

En el paseo marítimo mismo, entre el puerto y la biblioteca, se produjo un profundo socavón de vértigo. Bomberos, mossos, Protecció Civil y medios de comunicación inundaban las calles, así como varias excavadoras, que retiraban extensas capas de barro allá donde alcanzaban alturas increíbles, y los depositaban en grandes contenedores bañera. Estos eran retirados por camiones y reemplazados porque se llenaban con facilidad.

«Lo he perdido todo»

Un testimonio especialmente desgarrador es el de la joven Nadia Cabrera, de 24 años. El pasado diciembre se mudó con su pareja a una casita de una planta en la calle Juan Sebastián Elcano número 22, que rehabilitaron. Ayer, familia y amigos la ayudaban a sacar los muebles a la calle, todos cubiertos con una espesa capa de barro. 

Los bomberos revisando turismos que habían caído al mar, en la zona de la calle Barcelona. foto: fabián acidres

«He perdido todo lo de la casa, todo: los muebles, los electrodomésticos... No se ha salvado nada, todo va a la basura», explicaba con lágrimas en los ojos. Cuando cayó la tromba de agua, la joven se encontraba en el trabajo. «En casa estaba mi pareja, que intentó aguantar la puerta contra la fuerza del agua. Al final, esta la acabó arrancando y él salió disparado. Por suerte está bien, pero nos hemos quedado sin nada y ahora tenemos que ir a casa de nuestros padres. Espero que la Generalitat dé ayudas», relataba. Mientras, se abrazaba con amigas que se habían acercado para darle ánimos. 

«Nosotros esto no lo habíamos visto jamás en la vida»

Con palas, mangueras y toallas, los vecinos ayer tenían trabajo para varios días. Algunos, más afortunados al tener también la vivienda en el piso superior, sufrieron los desperfectos sólo en los garajes o almacenes. Ramon Garriga, enfundado en un mono de trabajo, sacaba el barro del almacén de su casa, en la calle Churruca, 30. «No pensábamos que algo así podría llegar a pasar. Nosotros esto no lo habíamos visto jamás en la vida», explicaba.

Ramon Garriga sacando fango de casa, en la calle Churruca, mientras en el exterior se amontonan los objetos mojados. foto: àngel juanpere

«Se puso a llover y comentamos que tal vez debíamos meter el coche en el garaje. Cuando finalmente bajé, el agua ya se lo estaba llevando calle abajo». A Garriga el agua le alcanzó el metro de altura y rompió la caldera. A la desesperación del momento cabe recordar que los vecinos se quedaron además sin luz durante muchas horas y los teléfonos agotaron sus baterías. 

«Espero que nos dejen otro coche porque es el único que tenemos»

Los daños en los coches que había en las calles también son muy graves. Hay por ahora una ingente cantidad de vehículos afectados por la tromba de agua. Una grúa se llevaba ayer por la mañana el coche de Daniel Beltran. Su hija, Nara, explicaba que habían dejado el todoterreno aparcado al lado de casa y el agua lo arrastró unos metros más abajo. 

«De dentro está inundado, salía el agua por las ventanas. No creo que nos den mucho dinero por él, pero al menos nosotros estamos bien y eso es lo que importa». También en su vivienda se coló el agua y estaba limpiando toda la familia. «Lo que esperamos es que nos dejen otro coche porque es el único que tenemos. Y mi padre lo necesita para ir a trabajar». 

La corriente arrastró al mar coches del camping Alfacs. foto: àngel juanpere.

Claudio, el gruista que se llevaba el todoterreno de Nara, comentaba que desde el miércoles por la tarde no ha parado. Hasta ayer al mediodía llevaba cinco coches retirados y tenía lista de espera.

«Aquí hay trabajo para días»

Jan Bayerri, hijo de la propietaria de El Racó del Port, indicaba que la afectación del agua en su local llegaba al metro de altura. Su restaurante sufrió la peor parte en la estructura de la terraza, que quedó completamente destrozada. El interior, lleno de barro, tampoco se quedaba corto. «Teníamos el restaurante abierto, pero como hacía mal tiempo no habíamos salido a preparar las mesas de fuera. Entonces empezó a llover y el agua iba subiendo de nivel y acabó pasando toda la calle llena de agua y por el barranco de al lado». Bayerri, resignado, se consolaba en que todo el pueblo está en la misma situación. «Aquí hay trabajo para días».

«El agua se lo llevó todo por delante»

El desastre sin duda afectó también a numerosos negocios como tiendas, bancos y muchos restaurantes. Empleados, propietarios y amistades ayudaban a limpiar y sacar el barro en una jornada sin fin. «Nosotros estábamos en casa cuando empezó a llover. Hacía mal tiempo y la intención era hacer fiesta», relataba Cinta Fibla, del restaurante La Marinada. «Entonces cayó el aguacero y comenzamos a recibir vídeos de los vecinos de al lado del restaurante de cómo el agua se lo estaba llevando todo». La fuerza del agua y la acumulación de materiales acabó derrumbando la barandilla del puerto. «Tenemos toda la terraza afectada, con la estructura y los toldos destrozados. El agua se lo llevó todo por delante. Nos hemos quedado sin terraza, y dentro estamos limpiando todos los muebles, pero limpias y vuelve a salir barro».

«Mi padre de 93 años estaba solo»

Al lado del restaurante, en el número 45 de la calle Lepant Nord, vive el padre de Vicent Aubalat, de 93 años. Cuando se produjo el aguacero, este nonagenario se encontraba solo en la casa, que también está en primera línea del paseo, con vistas al Club Nàutic. «Lo vino a buscar el vecino de al lado y subieron a la primera planta», comenta el hijo, mientras limpia los bajos de su casa. Aquí, el agua llegó a alcanzar los 90 centímetros de altura. Todos los enseres de la planta baja se tuvieron que tirar. Vicent, cuando lo llamaron, ya no pudo llegar a la zona por el nivel del agua. 

«Esto ha sido mucho peor que el Gloria»

Otro de los restaurantes afectados era el Nàutic, justo al lado del puerto de Les Cases d’Alcanar. «Yo no estaba cuando cayó la tromba de agua, pero sí se encontraba mi marido, junto con el marinero del Club y la secretaria. Lo vieron todo desde el piso de arriba», explicaba la propietaria, Araceli Escura. «Se amontonaron coches, neveras, mesas... Acabaron reventando la barandilla. El coche de la secretaria cayó al mar y sigue dentro del agua». 

Nara, haciendo fotos al todoterreno de su padre antes que se lo lleve la grúa. foto: àngel juanpere

El marinero del Nàutic Ernest Artuñedo detallaba como el local, al estar en un piso inferior respecto el nivel de la calle general, recibió el impacto de la fuerza del agua «de todo el pueblo». «Fue un auténtico desastre. Como mínimo el mar estaba tranquilo. Ahora será necesario también limpiar el puerto, ya que es de poco calado y muchos objetos y materiales se han quedado en el fondo, con el riesgo que esto puede ocasionar a las barcas», argumentaba. «Cuando ocurrió el temporal Gloria era el mar que subía y te daban las olas... Pero esto ha sido mucho peor. Ha llegado el agua de las montañas con todo el material arrastrado, con una fuerza brutal».

«La tromba pilló a mi padre de 77 años solo en el camping»

El Camping Els Alfacs de Alcanar Platja, próximo al municipio de Sant Carles de la Ràpita, fue también otro de los puntos más afectados por las inundaciones del pasado miércoles. Una quincena de personas tuvieron que ser rescatadas por los equipos de emergencias. El director, Mario Gianni, afirmaba ayer que «jamás en la vida» habían visto algo parecido. La afectación en el camping se centra sobre todo en la zona sur, en los apartamentos de un extremo. La fuerza del agua venida del Montsià acabó derribando el muro y afectó seis bungalows y lanzó al mar tres vehículos.

«Nosotros estamos muy atentos a las alertas meteorológicas y no vimos ninguna. No se preveía que esto iba a pasar», expresaba. La parte del camping no afectada continuaba ayer su actividad con cierta normalidad. 

A quien cogió solo y desprevenido en el camping fue al padre de Araceli Hidalgo, de 77 años. «Él está fijo en el camping. El vecino de al lado le avisó que saliera y finalmente nos pudo llamar para decirnos que estaba bien. Somos de Barcelona, así que vinimos enseguida cuando la tormenta aflojó. Al coche le cayó una parte del muro encima, pero gracias a Dios él está bien. Eso sí, ha pasado muy mala noche por los nervios».

«Veíamos que daban lluvia y nos fuimos antes» 

Quienes fueron especialmente prudentes fueron Silvia Vega y Francisco Castro quienes, junto con sus hijas pequeñas, decidieron regresar a su casa en Viladecans al ver que daban lluvia cuatro días. «El lunes ya llovió y nos daba miedo. Últimamente notábamos que entraba más agua por el suelo. Decidimos irnos antes», detallan. Ayer llegaron para recoger sus cosas, por si volvía a llover. Lo que hacía una semana era un remanso de paz, ayer era un escenario terrorífico. La familia se había montado una bonita zona con césped artificial, un chill out nuevo con sofás, una carpa...

Incluso pescaban carpas en su ‘terraza’ particular delante del mar y tomaban el sol al lado de la autocaravana. El agua del miércoles se lo llevó todo hasta el mar, todo lo que habían comprado este año para sacar el verano en su particular mirador. «Llevamos 12 años viniendo aquí. Nos gusta mucho este camping por la tranquilidad. Pescamos, hacemos deporte... La caravana por suerte está bien y lo importante es que nosotros no estábamos aquí cuando ocurrió, aunque nos han desaparecido un montón de cosas, mesas, la cocina, el avancé, etc». La bicicleta de las niñas, en las rocas, donde rompen las olas, junto con hierros.

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