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«Mi trabajo consiste en comprobar que las vacunas están bien»

Marta Ponce, bióloga molecular

Marina Pallás Caturla

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«Mi trabajo consiste en comprobar que las vacunas están bien»

«Mi trabajo consiste en comprobar que las vacunas están bien»

Marta Ponce (Ulldecona, 1990) es bióloga molecular y doctora en inmunología. Ha realizado estadas en Glasgow, Toronto y Viena y actualmente trabaja en el ámbito de control de calidad del Vaccines Manufacturing and Innovation Centre de Oxford, donde reside. Ha participado en múltiples congresos y es autora de decenas de publicaciones científicas en todo el mundo. 

Siempre ha trabajado en investigación, en entender cómo funciona el sistema immunitario y cómo curar enfermedades donde este no funciona óptimamente (alergias, cáncer, enfermedades autoinmunes, etc). En la actualidad, está en control de calidad de vacunas, es decir, en el casi último paso antes de que lleguen a la población. «Mi trabajo consiste en comprobar que están bien hechas, contienen lo que tienen que contener y pasan todos los controles posibles», concreta.

La joven de Ulldecona explica que siempre supo que iba a dedicarse a la ciencia, que lo tuvo muy claro desde pequeña: «Yo creo que siempre lo he sabido. No sé muy bien por qué, la verdad, ya que nunca lo vi en casa. Pero sí es verdad que tengo microscopios de juguete desde muy pequeña y siempre que salían noticias de investigación en la televisión les decía a mis padres que no hiciesen ruido», ríe. «Me acuerdo de la noticia de las vacas locas, yo debía tener unos 10 años, y yo pensaba «¿pero cómo no lo curan? Yo quiero investigar eso». Y luego me acuerdo de empezar biología en el instituto y eran las mejores clases de todas, y los profesores las hacían muy interesantes y amenas».

Lograr un currículum y una trayectoria tan extensa como la de Ponce siendo tan joven es fruto de años de esfuerzo y sacrificios. Para ello, ha tenido que perseverar y ser muy constante. «Pero también ser resiliente, o intentar serlo, vamos. Eso quiere decir que no todo sale bien en la vida, pero cuanto antes te recuperes y vuelvas a tu camino, mejor. Y otra cosa también es necesaria: saber pedir ayuda cuando es necesario, siempre hay alguien que sabe más que tú y está dispuesto a ayudar», sostiene. 

Sin embargo, coincide en que la carrera de investigación es muy sacrificada: «Tenemos que estudiar constantemente para estar al día de los nuevos avances. Además, trabajar con sistemas biológicos, como es costumbre en investigación, significa que, a veces, no hay sábados ni domingos ni festivos, y obviamente esto no está pagado. Estamos muy poco valorados y las condiciones de los contratos son, en general, precarias».
Y es que el principal problema que se encuentran los jóvenes investigadores del ámbito científico y tecnológico es la falta de oportunidades en el país y la poca inversión en sus proyectos. Muchos de ellos acaban marchando a otro país. «El primero y principal problema es la falta de inversión, las dificultades para investigar y los contratos precarios, como he mencionado. Y por otro lado, la cultura cortoplacista. Invertir en ciencia significa obtener resultados a largo plazo, y a nadie le gusta no ver resultados inmediatamente», valora.

Pese a todo, la crisis por el Covid parece que ha visibilizado entre la sociedad la necesidad de invertir en ciencia, ya que esta acaba mejorando la vida de las personas. «Yo creo que la sociedad en general sí se ha concienciado un poco más después del Covid. Pero quienes tienen que concienciarse son los organismos responsables de la inversión en este país. Tenemos que cuidar a las nuevas generaciones. Pagarles los estudios en universidades públicas y que después se vayan a investigar y pagar impuestos en otro país no es muy buena inversión. Espero que después de todo esto haya un cambio, yo tengo esperanza», opina. En las pasadas fiestas mayores de Ulldecona Ponce fue la pregonera y dice que pese a haberse hecho «ciudadana del mundo», está muy orgullosa de donde es. «Me encantan mis raíces y, al final, tienen un peso impresionante en definirnos como personas. Además, fue un reconocimiento a mi carrera profesional y me dio un poco la oportunidad de hacer un llamamiento a valorar más estas profesiones, que hasta ahora habían estado siempre un poco en la sombra».
Afirma que vuelve a Ulldecona todo lo que puede, ya que dedica sus vacaciones a regresar al pueblo. «Os sonará raro, pero, además de la familia y los amigos, cuando estoy allí lo que más disfruto es el sol y la comida, sobre todo las alcachofas y el pescado fresco», comenta. Fuera del laboratorio, a la bióloga le gusta conocer nuevos paisajes. «Me gusta comer bien y la naturaleza, así que una caminata por un lago, la playa o la montaña y un buen restaurante y soy la más feliz». 

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