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Nuevas caras para las mismas promesas de siempre

Debate electoral en Tortosa. Desde hace 16 años el Colegio de Periodistas Ebre organiza cuatro debates en las capitales ebrenses

Marina Pallás

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Los seis candidatos, a un lado, y los periodistas que formularon preguntas, a la derecha, anoche en el Auditori Felip Pedrell. FOTO: Joan Revillas

Los seis candidatos, a un lado, y los periodistas que formularon preguntas, a la derecha, anoche en el Auditori Felip Pedrell. FOTO: Joan Revillas

Pese a las dos horas literales de reloj, se podría decir que el debate fue entretenido. No es ese el objetivo de los debates, por supuesto. Pero cualquier tortosino que fuera ayer al Auditori Felip Pedrell o que lo siguiera por la televisión o radios locales, sin estar muy al día de la actualidad municipal o interesarle la política en particular, pudo formarse un esquema y llevarse una impresión de los alcaldables de la ciudad, incluso decidir su voto. 

Los temas abordados fueron la economía y el comercio de la ciudad, además de las viviendas 

Desde hace 16 años, la Demarcación Terres de l’Ebre del Colegio de Periodistas organiza cuatro debates en las cuatro capitales ebrenses. Un gesto y un esfuerzo que dice mucho de esos profesionales. En general, el debate comenzó con nuevas caras respecto cuatro años atrás (se estrenaron en el debate la actual alcaldessa Meritxell Roigé, de Junts per Tortosa, Xavier Faura de ERC, y Tonyo Vallès de PP), pero las mismas promesas de siempre. Parece mentira que, en política, todos quieran lo mejor para su ciudad, incluso coincidan en algunos puntos de sus programas, propuestas e impresiones respecto al gobierno actual, pero tan pocos logren ponerse de acuerdo.
Para evitar caer en bloques de discursos electorales y motivar las réplicas y contraréplicas, cuatro periodistas amenizaron el debate, haciendo preguntas específicas a los alcaldables. En concreto se inquirió sobre ocupación y llegada de nuevas empresas a la ciudad, el comercio local, viviendas, el polémico monumento franquista, el nuevo contrato de la limpieza y el estado del Hospital Verge de la Cinta. En dos horas de debate, sin embargo, apenas salió a relucir la palabra cultura o patrimonio. En algunos momentos, se cayó en el cuestionable error de numerar lo que ya se ha hecho en lugar de detallar propuestas concretas, y en lanzar pelotas fuera sobre responsabilidades que no son municipales (ley de memoria histórica en relación al monumento franquista, construcción de la autovía A7 para potenciar la llegada de empresas y mejorar la economía local o construir un nuevo hospital). Las propuestas en general fueron poco precisas y se respondía vagamente a las preguntas de los periodistas, redirigiendo las cuestiones en función de sus programas. No se puede decir que haya un evidente ganador del debate, los seis alcaldables (además de los anteriormente citados, Jordi Jordan de Movem Tortosa, Enric Roig de PSC y Xavier Rodríguez de CUP) supieron estar a la altura, superaron la presión y aprovaron en oratoria y respeto.

Los periodistas que hicieron preguntas específicas a los alcaldables. FOTO: Joan Revillas

Todo rodaba sin estridencias hasta el roce entre Roig y Faura en relación a que aquél le pedía que no se desentendiese de las decisiones de ERC (actual gobierno con pacto con PDeCAT) hasta ahora, pese a que él no fuese el número 1 entonces. La sorpresa del debate, que tuvo algo de show tanto como de análisis político, fue el alcaldable del PP, el menos político de todos, el que utilizó un lenguaje más coloquial, cuando coincidió en diversas ocasiones con la candidata de Junts per Tortosa. «Vuelvo a estar de acuerdo con usted. Al final no sé si nos tendremos que juntar», bromeó, ante lo que el público estalló en risas. «O hay muchos del PP entre el público o entre PP y Convergència no hay tanta diferencia», soltó el de la CUP. 

El público también participó a través de las redes sociales y se agradeció el esfuerzo de los periodistas por evitar las cantinelas aprendidas de memoria o leídas que amenazaron de salir de refilón. Incluso los candidatos abrieron sobres sorpresa con preguntas frescas como con quién se irían a cenar o a una isla desierta. El público aplaudía por grupos en función de la contundencia de la intervención de uno o otro candidato como equipos en un estadio de fútbol, con un matiz que desgraciadamente casi rozaba el aire de un corro de patio. 

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