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‘Polet’ del Delta: «estamos en el único arrozal cultural y terapéutico de occidente»

Nuestra gente

MARIBEL MILLAN LÓPEZ

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Josep Bertomeu ‘Polet’, en un arrozal en Deltebre.FOTO: JOAN REVILLAS

Josep Bertomeu ‘Polet’, en un arrozal en Deltebre.FOTO: JOAN REVILLAS

Josep Bertomeu ‘Polet’ nació «la noche de las brujas» (23 de junio) de 1944 en Deltebre. «Si preguntas por Josep Bertomeu en mi casa, no saben quién es». Allí y en todas partes lo conocen como Polet, el apodo familiar que ha heredado de sus antepasados. Se considera un descendiente de los habitantes autóctonos del delta de l’Ebre, «posiblemente de los moriscos que escaparon de la expulsión en el puerto de los Alfacs», en el siglo XVII.

De joven se dedicó al arroz, como la mayoría de vecinos de Deltebre, pero lo dejó con la llegada de la mecanización « y el mal llamado progreso», que para él supuso, a su pesar, « la destrucción de la forma de vida tradicional» de la zona. Era por los años sesenta, cuando las máquinas sustituyeron a la mayoría de trabajadores del arroz y la gente tuvo que buscarse la vida en otros sectores, sobretodo la construcción, recuerda. «Se dedicaron a construir nucleares, autopistas para pasar más rápido de largo de aquí y encima pagar, y a destrozar toda la costa con urbanizaciones».

Polet se dedicó al deporte. Durante cinco años estuvo jugando con el equipo de fútbol del Reus, para después trasladarse a Oliana a compaginar el deporte con un trabajo en la empresa Taurus. Lejos del Delta, se afianzó más su arraigo a la tierra que le vio nacer y se alzó como un ferviente defensor de su cultura tradicional, «que por entonces se percibía como tercermundista», lamenta.

Volvió a Deltebre poco después que el municipio se independizara de Tortosa. «Sentía que tenía que colaborar en levantar este territorio». En 1983 una candidatura independiente ganó las elecciones municipales y Polet fue concejal de Turismo y Deportes.

Era el mismo año en el que se creaba el Parc Natural del Delta de l’Ebre. Según recuerda, todo surgió a raíz de las denuncias que se estaba desecando buena parte de una laguna de la zona, el Canal Vell. «Con mi hermano alquilamos una avioneta e hicimos fotos». El Ayuntamiento denunció el caso y en la Generalitat dijeron que la forma de proteger los espacios naturales del Delta era crear un Parc Natural. Y es que, según recuerda, de este modo también se pudieron frenar algunas urbanizaciones que se planteaban en la Punta de la Banya o el Fangar. «Fueron años de mucha tensión y presión. Mis hijos no se atrevían a salir a la calle», comenta. Con el tiempo, Josep y Ramon han acabado siguiendo de alguna manera los pasos de su padre.

Polet es uno de los pioneros del ecoturismo e impulsor de la Carta Europea del Turisme Sotenible que implantó el Parc Natural hace unos años; así como un activista y defensor del Delta, el cual considera que se puede salvar con algo tan simple como la aportación suficiente de sedimentos. Lo del ecoturismo primero fue una especie de afición que compaginó con las tareas de una granja de conejos o de técnico de deportes, pero luego dio un paso más con la creación del Delta Hotel y, posteriormente, de una empresa de servicios ecoturísticos. De eso hace ya más de veinte años.

DeltaPolet, ahora con su hijo Josep al frente, ofrece «safaris ecoculturales», donde se dan a conocer los ecosistemas del Parc Natural del Delta, su riqueza ornitológica y los saberes de su gente; y experiencias para familias o grupos en su arrozal. «Se trata del único arrozal cultural y terapéutico de occidente», afirma Polet. La mayoría de sus visitantes proceden de Madrid, País Vasco, Sudamérica o Francia. «En Sudamérica hay más conciencia ambiental que aquí», asegura. La experiencia deltaica pasa por enfangarse en los campos de arroz y practicar todas las tareas tradicionales del cultivo. Unas actividades que culminan con la canción ‘O Bella Ciao’, en la versión original de las trabajadoras italianas del delta del Po en 1906, relata. «Aquí se canta como homenaje a las mujeres del delta de l’Ebre que en la posguerra, cuando había pocos hombres, se dedicaron a producir para todo un país donde había racionamientos y se pasaba hambre». También se dan a conocer actividades tradicionales como la pesca del rall o el juego de las birlas. «De alguna manera, enseñamos autosuficiencia, algo que vendría muy bien a cualquiera en un momento de verdadera crisis». En esta línea, también se regalan unas espigas de granos de arroz, que se recomienda colgar en la puerta de casa.

Polet expide a sus visitantes un carnet de ecoturista, por el que se comprometen en la conservación de los espacios naturales y la cultura local. Un compromiso del que él ha hecho una forma de vida.

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