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Que no pare la danza

El Día Internacional de este baile, el 29 de abril, se celebra este año durante todo el mes en el hastag #BallemaCasaDID2020

Gloria Aznar

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El tortosino Roberto Olivan en un momento del espectáculo ‘Lonely Together’.

El tortosino Roberto Olivan en un momento del espectáculo ‘Lonely Together’.

El mundo de la danza, como el resto de artes escénicas, vive con preocupación e incertidumbre este parón a causa de la pandemia de la Covid-19 en un momento, la primavera, en que se han tenido que aplazar algunas de las citas más importantes del año.

El propio Día Internacional de la Danza, que se celebra el día 29 de este mes, se ha reinventado. «Aunque estemos desconfinados,  cosa que habrá que ver, este año no se puede celebrar lo que en un principio estaba previsto, que era llenar de danza la plaça de Catalunya de Barcelona. En su lugar, hemos decidido llevar esta fiesta a las redes. Lo que proponemos es vivir la danza todo el mes de abril», cuenta el presidente de la Associació de Professionals de la Dansa de Catalunya (APdC), Xevi Dorca.

Para ello, bajo el hastag #BallemaCasaDID2020 se hace un llamamiento a que todos, «profesionales y no profesionales cuelguen sus coreografías con la música que más les guste y que a través de la creatividad, la improvisación y la originalidad, compartan su propuesta y le den visibilidad al sector, que tanta falta le hace», asegura Dorca.

En este sentido, el presidente de la APdC estima que las consecuencias del confinamiento pueden llegar a afectar al 80% de la actividad prevista para este año, «a pesar de que todo el mundo hace esfuerzos por reubicar las actuaciones ya contratadas», apunta.

El reusense Héctor Tarro lleva más de un mes confinado en Italia donde trabaja con la compañía Ateneo della Danza-cia. Balletto di Siena

Es el caso del coreógrafo tortosino Roberto Olivan, al que se le han cancelado tres meses de trabajo a nivel internacional. Pese a todo, relata, «dentro de lo malo, cuando se inició el confinamiento acababa de llegar de un viaje importante, en la India. Si me hubiera tenido que quedar allí, habría sido realmente un problema muy grave».

Olivan trabaja en cuatro campos diferentes. Así, crea coreografías para otras compañías, que es precisamente lo que lo llevaba a México. «En Italia tenía que actuar con mi propia compañía, también preparo el festival Deltebre Dansa e imparto talleres, aunque nunca será lo mismo de forma virtual», reconoce.

En relación al certamen de Deltebre, que está previsto que se celebre del 6 al 19 de julio, Olivan comenta que «es algo que se puede preparar a distancia, es producción pura y dura y en estos momentos cruzamos los dedos para que el efecto posterior del confinamiento no llegue a esas fechas».

Por lo que respecta a la preparación de un bailarín confinado, Olivan destaca que más allá del mantenimiento, es imposible prepararse como debieran. Por este motivo prevé trasladarse a su estudio de Deltebre para crear un Solo forzado. «¿por qué no?», se pregunta.

El coreógrafo tortosino Roberto Olivan prepara el festival Deltebre Dansa, que en principio debe celebrarse en el mes de julio, del 6 al 19

«A veces pienso que las necesidades te abren puertas. Nadie quiere esta situación, pero me gusta ver cómo la gente se adapta. Y si toca hacer un solo forzado, bienvenido sea. A ver qué sale», señala optimista. Entre ese adaptarse, el tortosino incide en la solidaridad que se ha desplegado en las redes sociales. Él, por su parte, con su equipo, ha publicado obras «que había mucha gente que no había visto».

Mientras, el reusense Héctor Tarro está viviendo una situación similar en el país europeo más castigado por la pandemia, Italia. Es allí donde trabaja con la compañía Ateneo della Danza-cia. Balletto di Siena, ciudad donde lleva confinado más de un mes.

«Justamente teníamos que actuar en el Centre Cultural de Valls, donde representábamos la Dolce Vita, de Federico Fellini. En aquel momento empezaron a cerrar escuelas, locales... Y por seguridad no viajamos», explica Héctor. En estos momentos de inactividad o actividad muy moderada, los miembros de la compañía, a través de la cuenta de Instagram, explican su día a día.

La cambrilense Elena Alcalá, propietaria de la Escola de Dansa Estudi Giselle, ha decidido no cobrar la cuota de abril en solidaridad con las familias que no tienen trabajo

«Improvisamos, mostramos recuerdos de otros espectáculos y así al menos la gente no deja de ver danza», indica el reusense, quien ve con preocupación el futuro más cercano. «Todos los teatros y los cines están cerrados y es una cosa que entendemos. Pero tanto a nivel económico como artísticamente, lo vemos un poco negro. Y como además es una parada mundial, ¿de qué manera puede la gente ver tu trabajo y disfrutar con él?», se pregunta. El baile y las clases online le ocupan parte de la jornada. «Intentamos que la danza no se pare y que todo el mundo esté entretenido en su día a día». 

Precisamente Héctor coincidió en febrero en Florencia con la cambrilense Elena Alcalá el pasado febrero, en una feria de la danza. Elena es bailarina y propietaria de la Escola De Dansa Estudi Giselle. Como profesora ve el confinamiento desde otra perspectiva, con un elevado grado de empatía hacia las familias de sus alumnos y alumnas.

Xevi Dorca, bailarín y presidente de la Associació de Professionals de la Dansa de Catalunya (APdC), estima que el confinamiento puede llegar a afectar a un 80% de la actividad prevista en este 2020

«Las clases con los más mayores son para mantener la forma física, pero con los pequeños es muy complicado. Les mandamos trabajos vía WhatsApp, más que nada para que no se desvinculen. No son clases online propiamente dichas y, de hecho, el mes de abril no hemos cobrado cuota», subraya Elena.

Elena Alcalá en una de sus clases en la Escola Giselle de Cambrils

«Las clases que se han suspendido las intentaremos recuperar. Pero a nivel emocional, los más pequeños son como nuestros propios hijos, pasamos muchas horas con ellos, compartimos muchas cosas... Y a través de la pantalla se siente frialdad».

Sin embargo, continúan moviéndose, «así somos los bailarines, no podemos parar y sabemos que ese momento que conectamos con los alumnos se distraen y dejan de lado las preocupaciones que se puedan respirar en casa», concluye. De igual modo esta profesional resalta que las condiciones para bailar no son las idóneas ni en casa de los profesores ni en las de los alumnos.

En cuanto al Día Internacional de la Danza, Elena cuenta que trabajan «codo con codo con el Ayuntamiento de Cambrils y seguramente lo trasladaremos a final de curso para hacer una fiesta con todas las escuelas de la localidad juntas».

Expresividad, emotividad y el contacto propio de la danza tendrá que espera a la era postpandemia. Y todos los profesionales saben que alguna cosa cambiará. Incluso la creación de sus espectáculos. «Parece que la naturaleza agradecerá mucho este parón de actividad humana a muchos niveles. Pero también hay un efecto conciencia y creo que miraremos de otra manera las cosas que ahora no podemos ver. Me gusta pensar que sí, que de esto saldrá un efecto positivo a pesar de todo», destaca Olivan. 

Por su parte, Héctor recuerda que si bien «a corto plazo la pandemia nos puede cambiar, no hay que olvidar que el hombre es el único animal que siempre tropieza con la misma piedra».

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