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Ser celíaco no es una opción

Patologías. La tortosina Mònica Roig, conocida como ‘La Glutoniana’, aporta soluciones a sus miles de seguidores

Glòria Aznar

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Ser celíaco no es una opción

Ser celíaco no es una opción

La dieta sin gluten no es una moda pasajera que irrumpe con algunas celebrities e influencers que arrastran a miles de seguidores en las redes sociales. No es un capricho de una temporada.

La dieta sin gluten es la única medicina de que disponen todas aquellas personas que padecen celiaquía, una patología autoinmune, crónica y sistémica reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de una enfermedad genética, que puede aparecer en cualquier momento de la vida y en la que es vital un rápido diagnóstico ya que, de lo contrario, puede derivar en otras patologías más graves.

Mònica Roig con su libro ‘Las recetas de Glutoniana’. Foto: Pere Ferré

Esto es precisamente lo que le ocurrió a Mònica Roig, conocida por sus seguidores y en internet como La Glutoniana. «Siempre había estado mal de salud, desde niña, pero no fue hasta hace diez años que me diagnosticaron la celiaquía. Costó muchísimo», explica esta tortosina, residente en Tarragona.

Ya antes de que los facultativos llegaran a esta conclusión, Mònica, apasionada de la cocina, transformó su blog culinario en otro únicamente sin gluten «para ayudar a los celíacos porque me di cuenta de que a la gente le hacía falta». Ahora, ha decidido recopilar algunas de esas propuestas culinarias que, junto con otras de nueva creación, conforman el libro Las recetas de Glutoniana, sin gluten y sin lactosa (Universo de las Letras. Grupo Planeta) con fotos de Nani Nolla, que está al frente del blog La cuina violeta.

«Es el libro que querría haber tenido yo cuando empecé», manifiesta Mònica. Se trata de un compendio de recetas saladas, dulces y panes ya que, como detalla, «trigo, avena, centeno y cebada son los cereales que no podemos comer. Tampoco Kamut o derivados del trigo, como la espelta. Todo ello lo tenemos que sustituir por nuestras harinas».

¡Cuántas cosas puedo comer!

Esto es solo una ínfima parte de lo que representa la celiaquía para la persona que la padece y, por ende, para familiares y amigos. Porque se come cinco veces al día y porque la comida es social. Los alimentos centran fiestas religiosas, aniversarios, celebraciones de diversa índole... 
¿Cómo es el día a día? Mònica recuerda sus primeros momentos, a la hora de ir al supermercado.

«Cuando entré lo primero que pensé fue ¿qué como? porque había pasillos y pasillos que contenían alimentos que no podía tocar. Pero cuando hay un duelo tienes que pasarlo y, más que superarlo, aprender a convivir con ello. Así es que ahora me digo a mí misma, ¡Cuántas cosas puedo comer! Eso sí, intento no ir al supermercado con hambre», bromea.

Ser celíaco es una forma de vida tanto en el hogar como fuera de él. En este sentido, Mònica comenta que en casa dispone de una zona segura. «Cuando estoy agobiada de la calle, allí puedo coger lo que quiera y esto es fundamental para los niños y adolescentes, porque yo hablo con gente de todas las edades». Una interacción que es fruto de su blog en el que da consejos a los que los quieran seguir, «a personas de todo el mundo», imparte cursos presenciales e incluso se desplaza in situ, a lo supernanny. Asimismo, en estos momentos está trabajando en una app sobre restaurantes aptos para celíacos.

Mònica irradia positividad, lo que hace que se dedique a los demás. «Me vi con fuerzas. Hay que tener en cuenta que no todo el mundo lo vive de la misma manera y hay quien no lo asume, que se engaña y come aunque no deba. Yo intento cambiar esto y transmitir otro mensaje, el de métete en la cocina y prepara tu comida. Se puede hacer, existen otras opciones, pero no todo el mundo me sigue», afirma. «Ahora cocino poco -continúa- pero puedo pasar días cocinando como si fuera un restaurante». Es más fácil o más difícil dependiendo también de si se vive en una gran ciudad, con más recursos, o en una pequeña localidad.

Y a la hora de salir a comer fuera, se complica un poco más por la contaminación cruzada, lo que quiere decir que «cuando se cocinan nuestros alimentos en un restaurante, en familia o en otra casa tenemos que ir con cuidado de no utilizar los utensilios de cocina que se han usado para el resto de comida porque entonces nos contaminamos. Aunque yo soy muy sintomática, no ocurre lo mismo con otras personas, pero aún sí, al cuerpo le estás haciendo daño», asevera

Por todo ello, aboga por concienciar a la sociedad en general, desde las familias hasta la hostelería pasando por los colegios y a partir de una edad bien temprana. Consecuencia de su intolerancia no detectada, Mònica ahora también rechaza la fructosa y la lactosa. No obstante, a pesar de todo, lo encara con optimismo, desde la suma y no la resta porque al final, como ella apunta «no tenemos que tomar medicamentos. Y si haces bien la dieta y te diagnostican a tiempo, puedes llevar una vida supernormal».

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