Trasladar las aulas a la naturaleza

Eva Campomar es la impulsora de este proyecto «bosque-escuela» dirigido a niños de entre 3 y 6 años para trabajar la experimentación directa con el entorno

Maria Noche

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Eva Campomar junto con dos personas más que trabajan acompañando a los niños. Foto: Joan Revillas

Eva Campomar junto con dos personas más que trabajan acompañando a los niños. Foto: Joan Revillas

Espai Tataküa, el sitio que cambia las sillas y los pupitres por el bosque y los elementos de la naturaleza. Eva Campomar impulsó este proyecto en el año 2014 en Amposta (Delta de l’Ebre), con la ayuda de diferentes familias que se sumaron a la iniciativa. Desde entonces, el Espai Tataküa se ha desarrollado como un centro de aprendizaje activo, con un modelo educativo basado en la observación y la experimentación directa de la naturaleza. 

Se trata del denominado proyecto «escuela-bosque» que consiste en que «los pequeños tienen un contacto directo diario con la naturaleza. Esto a nivel afectivo es muy importante porque entre muchas otras cosas, aprenden a quererla», apunta Campomar. Es importante remarcar que también tienen muy en cuenta los avances a nivel psicomotriz y de orientación, entre otros. «En la educación viva entendemos que en la vida no todo está estructurado por partes, sino que cualquier acción que hagamos puede tener diferentes elementos implicados, por eso los trabajamos de forma conjunta».

El Espai Tataküa se centra en la primera infancia, es decir, en los niños de 3 a 6 años. «Es la etapa en la que detectamos que hay más carencias dentro de la educación convencional». En especial, Campomar habla del problema de un ratio excesivo por alumnos. «25 personitas con inquietudes y energías diferentes, al cargo de una sola persona… es muy difícil llegar a un acompañamiento emocional de esta forma». 

En esta línea, la impulsora destaca que su objetivo es ayudar y colaborar para que se visibilice esta problemática, y que los ratios en la primera infancia se reduzcan, cosa que también defiende la escuela pública, y por lo que luchan conjuntamente.

Imagen del espacio donde aprenden y juegan los niños. Foto: Joan Revillas

Los niños de 3 a 6 años están en una edad donde la escolarización no es obligatoria, por eso, en el Espai Tataküa ofrecen la posibilidad de que los pequeños vivan este aprendizaje conectado con la naturaleza y que lo hagan, si así lo desean sus padres, combinado con las escuela convencional. «Hay niños que, por ejemplo, van dos días a la semana a la escuela pública y tres días vienen al Espai Tataküa», explica Campomar.

En este deseo por trabajar conjuntamente con la escuela pública, este año el Espai Tataküa se abre a los centros públicos del territorio, y lo hace con dos líneas nuevas de trabajo. Por un lado, se elaboran propuestas de educación viva para los centros educativos. Se trata de excursiones vivenciales en la naturaleza, con el objetivo de acompañarlos durante todas las estaciones y observar los cambios que se producen en ella. Se trata de un servicio que ofrecen a las escuelas públicas.

Por otro lado, se les ofrece a las escuelas un servicio de acompañamiento y asesoramiento para la transformación de los espacios educativos. «El patio, las aulas… ‘renaturalizar’ el espacio, acercarlo más a esta filosofía», aclara Campomar.

Para dar el paso de abrir su proyecto a los centros públicos han iniciado los trámites para convertirse en una cooperativa. Desde hace un tiempo se han adherido al Ateneu Cooperatiu de les Terres de l’Ebre, que les ofrece la posibilidad de asesorarles y guiarles en el camino para pasar de ser una Asociación sin ánimo de lucro a una cooperativa.

El Espai Tataküa cuenta actualmente con una treintena de familias socias y tres personas que trabajan en el acompañamiento de los pequeños en el espacio de crianza y el de bosque-escuela.

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