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Un viaje a la Tarragona zombie: la crisis deja obras paradas y abandonadas

El Mirador del Ebro iba a tener 4.000 habitantes, casi tantos como L’Aldea, el pueblo al que pertenece. Tras diez años de la quiebra, el ayuntamiento está cerca de reflotar esta ciudad fantasma, un icono del boom ahora preso del pillaje

Raúl Cosano

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El cartel de Martinsa Fadesa, que quebró hace diez años. Al fondo, la urbanización fantasma del Mirador del Ebro, en L’Aldea.  FOTO: Joan Revillas

El cartel de Martinsa Fadesa, que quebró hace diez años. Al fondo, la urbanización fantasma del Mirador del Ebro, en L’Aldea. FOTO: Joan Revillas

«Las viviendas colectivas de la urbanización El Mirador del Ebro en L’Aldea constituyen una excelente opción para aquellas personas que quieren disfrutar de una vivienda urbana en un paraje natural único y cerca de un entorno de playas de referencia del Mediterráneo». Así rezaba uno de los reclamos para hacerse con una casa en esta zona que se perfilaba flamante cuando se empezó a construir, en 2007, en plena cresta de la ola inmobiliaria. 

Hoy, 11 años después de aquello, y diez desde que quebrara su promotora, Martinsa-Fadesa, el Mirador del Ebro es una ciudad fantasma, el ejemplo más simbólico de aquello que en el escenario post-burbuja se acuñó como edificios zombie: esqueletos de acero y hormigón, urbanizaciones desiertas, bloques por acabar y, en suma, cualquier ingrediente para esta degradación que asume tan bien cualquier adjetivo apocalíptico. La obra cadáver se extiende por toda la provincia, desde El Vendrell, hasta Sant Jaume d’Enveja, pero se ceba especialmente con promociones en el Ebre y con este Mirador en L’Aldea. 

Los datos del proyecto deslumbraban por su magnitud: 1.000 viviendas planificadas para acoger a 4.000 habitantes, casi tantos como el censo de L’Aldea, el municipio ebrense al que pertenecen los terrenos. Actualmente hay un 70% de las obras de urbanización finalizadas y unas 300 viviendas construidas o comenzadas, después que Martinsa-Fadesa, ese emblema de los buenos tiempos del ladrillo, invirtiera seis millones de euros. El proyecto se iba a desarrollar a lo largo de 125 hectáreas de terreno, en el margen izquierdo del Ebre, en la finca de la Palma, delante de Amposta.

Obra parada y luego abandonada

En 2008, con la quiebra de la inmobiliaria, las obras se pararon y, aunque se reanudaron luego, se acabaron abandonando definitivamente. Un gran cartel de Martinsa-Fadesa, número de teléfono incluido, aún adorna la estampa, como un guiño al desfase y a los tiempos de opulencia.  
Nadie llegó a vivir allí, pese a que varios particulares adquirieron los pisos. Luego fueron recuperando la inversión por la vía judicial. La ejecución de la liquidación en el concurso de acreedores hizo que una parte sustancial de los pisos y de las parcelas urbanizables sean ahora propiedad de entidades bancarias con las que la inmobiliaria había contraído deudas. Son activos de los que los bancos no pueden sacar rendimiento económico si no se terminan las obras de urbanización. 

En eso anda también el Ayuntamiento de L’Aldea, muy interesado en darle salida al complejo, para reactivarlo y evitar que su degradación –y la amenaza del pillaje y el saqueo– vaya a más. Alrededor de tres millones serían necesarios para completar la urbanización, donde se incluyen obras como la conexión de la red de agua potable, la construcción de la depuradora de aguas residuales, el asfalto de viales y la finalización del alumbrado y la red de alcantarillado. A pesar de lo complicado de la empresa, el Mirador del Ebro es quizás la promoción de Martinsa-Fadesa que estaría más cerca de reactivarse. 

El alcalde de L’Aldea, Daniel Andreu, es optimista: «Podemos tener alguna noticia positiva en breve. Se ha liquidado una pieza importante de Martinsa-Fadesa y hay que esperar a la junta de compensación, pero quizás todo se pueda empezar a desbloquear». 

Una esperanza cercana

El edil cree que una de las opciones, incluso a medio plazo, podría ser la reactivación de las obras, fundamentalmente para finiquitar la urbanización del terreno. «Hay que hacer una valoración actualizada de todo. Depende de los promotores que se puedan construir más viviendas», añade. Andreu sostiene que se necesitarían alrededor de tres millones de euros para acometer esas obras que permitirían empezar a reflotar el complejo y comenzar a sacar rendimiento.

A favor, la baza que tiene disponer de la playa a diez minutos y de una entrada de autopista cercana. De hecho, el esqueleto de marras se ve desde la carretera, como una herida aún abierta en el horizonte. También habrá que tener en cuenta a los tres propietarios de la urbanización: el Santander, el Popular y la Sareb, el conocido como ‘banco malo’, ese ente creado para gestionar los activos tóxicos que dejó el estallido. 

Martinsa Fadesa es el mejor exponente de los días de esplendor del tocho. Nació en junio de 2007 con la fusión de la inmobiliaria del empresario Fernando Martín y la gallega Fadesa. La suma de las dos creó la promotora española con más activos del momento. Un año más tarde caía el gigante, se desataba el pánico y aceleraba el histórico desplome de la construcción. La inmobiliaria no se pudo recuperar y la liquidación empezó en febrero de 2015. 

Hasta que la reactivación llegue, de momento el Mirador del Ebro se alza, mastodóntico, desértico y silencioso, perfilando el ‘skyline’ de esa zona de las Terres de l’Ebre, con diversos niveles de acabado: desde los cristales de balcones y ventanas colocados hasta paneles solares en los tejados, pasando, eso sí, por casas a medio levantar. 

Pero la Tarragona zombie no termina aquí. La Pobla de Mafumet, Amposta, El Morell, Perafort, Creixell, Calafell o El Vendrell también albergan promociones en el limbo –y en lugares que continúan sin demanda–, que duermen el sueño de los justos a la espera de una recuperación que tardará en llegar, si lo hace, a pesar de que el mercado se reactive. 

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