La agonía del Delta del Ebre se acelera ante la pasividad de las administraciones

El territorio exige actuaciones estructurales inminentes para hacer frente a los efectos de los cada vez más frecuentes temporales y la crecida del nivel del mar por el cambio climático

| Actualizado a 01 febrero 2021 06:45
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El sur de Tarragona tiene un tesoro en el Delta del Ebre, el parque natural a través del cual el río más caudaloso de España llega al mar. Con una forma muy parecida a la cabeza de un dragón, casi marca la frontera entre Tarragona y Castellón. Es uno de los lugares más bonitos de visitar de nuestro país por su precioso entorno y por el gran número de especies de aves que la habitan de forma permanente o solo en época de hibernación.

El gran humedal se creó gracias al aporte de sedimentos del río. Así, con el paso de los años, se fue dibujando su singular forma. Si la fauna y la flora han sabido aprovechar este entorno, el ser humano no se ha quedado atrás. De ahí sale uno de los mejores arroces de España gracias a sus hectáreas de campos que se inundan con las aguas fértiles del Ebre.

Pero una gran amenaza se cierne sobre este entorno mágico. La regresión del Delta del Ebre empezó con la construcción de los embalses a lo largo del curso del río, que frenaron la llegada de sedimentos a la desembocadura y se empezaron a quedar retenidos en cada uno de los pantanos que se construían.

La Taula de Consens, creada por alcaldes y regantes, alza la voz ante la situación 

Pero a la falta de sedimentos se le han sumado otros factores que han hecho que el delta esté en una preocupante regresión desde hace años. Por un lado, el aumento del nivel del mar, que está sumergiendo lentamente sus playas. Y no se puede obviar que cada día baja menos agua por el río. Canales, trasvases y cada año una mayor extracción de agua para regar campos de cultivo, están haciendo que el caudal se reduzca. Todo esto hace que el Delta del Ebre esté condenado a desaparecer.

A ello contribuyen también los temporales que cada año azotan la zona. Acaba de cumplirse un año de uno de los más devastadores, la borrasca Gloria, que hizo que el agua del mar se adentrara casi tres kilómetros en el delta, poniendo en peligro la producción del arroz que aún no se había cosechado.

Recientemente también fue golpeado por Filomena, efectos meteorológicos que nos recuerdan lo delicada que es una zona que, según los peores vaticinios, podría desaparecer en cien años.

En efecto, inmerso en una situación de extrema vulnerabilidad desde hace décadas, víctima de la constante reducción de aportaciones de agua y sedimentos del río, la agonía del espacio natural se acelera.

Un territorio activo

La amenaza que se cierne sobre esta joya natural ha vuelto a disparar la indignación en un territorio que sabe lo que es luchar por el río y su delta, consciente de que «lo riu és vida». Administraciones locales y sectores productivos reclaman soluciones estructurales inminentes para mantener el Delta ante la pasividad y el desacuerdo entre administraciones.

Está en juego la vida de un parque natural de gran valor ecológico  y económico

Para ello han creado la Taula de Consens del Delta de l’Ebre. Integrada por comunidades de regantes y alcaldes, es una de las entidades que más ha levantado la voz durante los últimos meses para advertir que un nuevo Gloria podría resultar fatal para el Delta.

De momento, la falta de comunicación entre el gobierno español y el de la Generalitat, según reconocen varias fuentes, mantiene en una situación de impasse permanente la plasmación práctica de una necesidad reconocida por todas las partes. Desde Madrid, el Ministerio para la Transición Ecológica, que invirtió 2,2 millones en el Delta en las obras urgentes, no prevé volver a actuar hasta que esté terminado el plan estatal, que se desplegaría a partir de 2022, según el último anuncio.

Aunque los alcaldes lo señalan como el principal responsable, recriminan también la pasividad del Departament de Territori y Sostenibilitat de la Generalitat, especialmente después del compromiso presupuestario de invertir este año en el Delta seis millones de euros, que aún no se han concretado pese a los reiterados anuncios de buena voluntad por parte del Govern.

Retroceso «controlado»

El delegado provincial de Costas del Ministerio, Antoni España, defiende que una de las principales lecciones que deja el Gloria, ante el avance de un «cambio climático irreversible», sería la efectividad de de la estrategia de movimientos de arena de zonas excedentarias a otras más frágiles, permitiendo «un retroceso controlado sin daños» de la costa.

Una estrategia que el propio gobierno español ya ha puesto en práctica con las obras de emergencia –evitando reponer infraestructuras y equipamientos vulnerables a los temporales o la subida del nivel del mar– y que, asegura, cada vez encuentra más receptividad entre ayuntamientos y empresarios.

Este retroceso planificado, la creación de zonas de «comodidad» para disipar la energía del mar afectaría, especialmente, a un centenar de hectáreas de arrozales de la margen izquierda. En paralelo, el plan estatal prevé movimientos de arenas y, a la larga, la recuperación de sedimentos fluvialesa. De momento, sin embargo, el temporal Filomena, el último en dejar su huela, ha pasado su factura: una partes del cordón de arena entre el Fangar y Riumar han quedado tocadas. La parte de la playa del Arenal más próxima al casco urbano de La Ampolla ha desaparecido.

En el Delta, sin embargo, el mero hecho de plantear la idea de un retroceso de la línea costera es objeto de una gran controversia. «El Delta necesita acción, no una derrota y echar hacia atrás como plantea el Ministerio», valora el alcalde de Deltebre, Lluís Soler.

Exigen soluciones

Los acuicultores, agricultores y arroceros de la zona exigen soluciones. Algunos reprochan a las administraciones que se pasen la pelota enel momento de poner soluciones sobre la mesa y actuar. «En general no hemos aprendido nada. La gente ya no recuerda los temporales. Ahora ha vuelto a venir otro y nos acordamos. No aprendemos: el Delta del Ebre desaparece, pero no de ahora, de hace 30 años» , aduce un arrocero.

Los acuicultores y pescadores conforman otro de los colectivos especialmente damnificados por los temporaples y la regresión del Delta. En la bahía del Fangar, los productores de mejillones y ostras perdieron la mitad de la producción anual y once explotaciones resultaron totalmente destrozadas a consecuencia del Gloria.

Pero, más allá de los temporales e incluso por encima de las actuaciones de emergencia para paliar los efectos de los embates climatológicos, el Delta necesita un plan integral que recupere los sedimentos que han dejado de llegar, soluciones estructurales que no se pueden demorar un día más. Está en juego un parque natural que, más allá de su valor ecológico, es también una importante fuente de riqueza para todo un territorio.

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