Agricultura
La viña rebrota: los viticultores vuelven a sonreír en Tarragona
Después de tres años de sequías catastróficas, el sector del vino se recupera con una cosecha de uva en buena cantidad y excelente calidad, aunque con precios bajos

Vendimia en Cabra del Camp, en la finca del Celler Mas Vicenç.
A pocos días -a lo sumo semanas en algunas variedades tardías- de cerrar la vendimia 2025 en la demarcación de Tarragona, los viticultores recuperan la sonrisa. Tres años de sequía, con consecuencias catastróficas para los viñedos (hasta un 30% de plantas murieron el año pasado en algunas fincas de las DO Penedès y Tarragona, con la ‘zona cero’ del desastre en el Baix Penedès), precedidos de cosechas en las que las plagas fueron protagonistas, ensombrecieron el sector. Este año, sin embargo, la climatología ha acompañado, y la previsión es muy distinta en las ocho denominaciones de origen con presencia en el sur de Catalunya (DO Catalunya, DO Cava, DO Penedès, DO Tarragona, DOQ Priorat, DO Montsant, DO Conca de Barberà, DO Terra Alta), en lo que supone la mayor concentración y diversidad de denominaciones de origen de toda Catalunya.
Joan Josep Raventós, responsable del sector del vino de la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya (FCAC), resume la situación: «En general, después de tres años de sequía y un perjuicio muy grande en la viña, gracias a las lluvias de este año hemos visto por primera vez viñedos con vigor». Un vigor que salva más que dignamente esta cosecha, y que presagia, si nada se tuerce, una mejor cosecha para el año que viene. «Sabíamos -prosigue Joan Josep Raventós- que la de este año no sería una buena cosecha, porque las vides se autoprotegen [ante fenómenos climáticos como los vividos durante los últimos tres años], y la forma de hacerlo es produciendo poca uva».
Una reducción que llevó a caídas de la producción de hasta un 50% en las DO Cava y Tarragona durante los dos últimos años. No sucedió así hace tres años, durante el primer año de sequía, porque las plantas llevaban la inercia de años anteriores y su ‘memoria’ no les impulsó a reducir sustancialmente la producción de uva. Ahora, esa inercia de la sequía ha llevado a que, pese a haber tenido un año con lluvias más que correctas, las vides arrastren todavía el estrés de los tres últimos años y no hayan dado todo el fruto que podían dar.
Hecha la precisión técnica, «con la recuperación de las plantas, la previsión general era lograr una cosecha entre un 15% y un 20% por encima de la del año pasado», avanza Joan Josep Raventós. Pero la vendimia se vio acelerada con el pico de calor de mediados de agosto, que empujó la maduración de las variedades más primerizas de uva (macabeu, ull de llebre, carinyena), con riesgo de deshidratar la planta y perjudicar su fruto. El balance final, según las previsiones de la FCAC, es una cosecha media para estas variedades de entre un 5% y un 10% superior a la del año pasado.
Lo cual no es, para nada, un desastre: «Será una cosecha con una calidad muy buena, aunque antes del pico de calor de agosto la esperábamos todavía mejor», precisa Joan Josep Raventós, que espera que con las últimas lluvias, que han rehidratado las plantas de las variedades más tardías (parellada, chardonnay), esos porcentajes suban, con previsiones de que en estas variedades la producción aumente entre un 25% y un 30% respecto al año pasado.
«En general -concluye el responsable del sector del vino de la FCAC- estimamos que la cosecha estará entre un 20% y un 25% por encima de la del año pasado, con una calidad excelente y graduaciones alcohólicas bastante elevadas, aunque de ninguna manera lo calificaría de buena cosecha, porque este ha sido un año de recuperación de la planta. Desde luego, es mejor que la del año pasado, pero no llegamos a las cifras de una cosecha estándar, estaríamos alrededor de un 75% de la cosecha media».
Precios a la baja
Pero, para los viticultores, la diferencia entre una buena o mala cosecha no trata solo de producción y calidad sanitaria de la uva: los costes y el precio de mercado son siempre determinantes. En este punto, no parece una cosecha tan buena, a decir de Joan Josep Raventós: «Lo más preocupante es la situación de los mercados. Estamos muy preocupados, porque vemos una caída de precios importante, sobre todo en el mercado del cava, donde hay empresas que están pagando la uva por debajo del coste».
«Por debajo de los 60 céntimos por kilo de uva no cubres el coste en el cava, y ahora se está pagando a 45 céntimos», asegura Raventós. «Sobre todo en bodegas grandes -prosigue- se nota la incertidumbre de los mercados, que hacen que nos encontremos con situaciones como ésta, cuando el año pasado se llegaron a pagar 80 céntimos por kilo de uva para elaborar vino base para cava, porque no había vino».