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Economía Entrevista

Antón Costas: «La recuperación de una crisis pandémica necesita una estrategia de tres 'R': Resistir, Recuperarte y... Reinventarte»

El presidente del Consejo Económico y Social (CES) asegura que la Covid-19 ha rescatado algunos elementos del viejo contrato social de postguerra del siglo pasado

NÚRIA PÉREZ

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Antón Costas defiende que la economía española es una economía resiliente. Foto: ALBA MARINÉ

Antón Costas defiende que la economía española es una economía resiliente. Foto: ALBA MARINÉ

¿Cuáles van a ser las principales cicatrices de esta crisis?

Hay dos tipos de cicatrices: las macroeconómicas y las sociales. Las primeras tienen que ver con el legado de la elevada deuda pública que nos va a dejar esta crisis pandémica. Las sociales afectarán especialmente a la infancia, a los jóvenes y a las mujeres. No somos conscientes de las consecuencias que tendrá el cierre de las escuelas y la pérdida de escolaridad en la vida de los niños y en su trayectoria vital a largo plazo, especialmente de los que viven en hogares pobres.

Además, las madres que han tenido que dejar de trabajar para cuidar a sus hijos tendrán una pérdida de ingresos y empleo. Tenemos que ser conscientes de ello para aplicar medidas que cierren estas heridas. Una de ellas es la universalización y gratuidad de la etapa preescolar.

Usted abogaba por un contrato social ya antes de la pandemia. ¿Por qué? 

El contrato social se puede entender como el compromiso entre aquellos que a los que las cosas les van bien y aquellos otros que se arriesgan a quedarse atrás o, en muchos casos, en las cunetas de la falta de empleo y de ingresos. En este sentido, el contrato social es como el pegamento que necesita una sociedad para funcionar armoniosamente y repartir de forma equitativa tanto la prosperidad como los costes de las crisis. Cuando ese pegamento se quiebra, aparece el conflicto social y el populismo político. Ese contrato social ya estaba tocado antes de la Covid-19 como consecuencia de las pérdidas de bienestar y oportunidades de muchas personas desde los años ochenta y, especialmente, a partir de la crisis del 2008 por las políticas de recortes de gastos sociales. 

Y en estas llegó la pandemia.

De forma inesperada, la Covid-19, ha permitido recuperar algunos elementos del viejo contrato social de postguerra del siglo pasado. Estoy hablando de los grandes programas de gasto público para sostener el empleo y los ingresos de la familias y las empresas, de los ERTE, del Ingreso Mínimo Vital y otras políticas que se han llevado a cabo. Es una gran diferencia con lo que ocurrió en la crisis de 2008 y 2010 con la políticas de austeridad. O con los grandes programas de inversión que ahora significan los fondos del Next Generation EU. En este sentido, se podría decir que «no hay mal que por bien no venga». Espero que este cambio de mentalidad para construir un nuevo contrato social del siglo XXI se mantenga más allá de la pandemia.

Decía que los populismos políticos son fruto de la falta de ese pegamento.

Tienen muchos vínculos. Las comunidades donde más apoyo electoral recibió Donald Trump en la elecciones de 2016 y que le permitió superar a Hillary Clinton fueron aquellas que mayor pérdida de bienestar, de oportunidades económicas y de empleo habían sufrido a partir de los años 80 con la desindustrialización y la competencia de las importaciones desde China. Ocurrió lo mismo en el Reino Unido con el Brexit. Y también en otros lugares de Europa. 

Lo que usted plantea es una redefinición del capitalismo, ¿no?

No es que yo lo plantee, es que lo estamos viendo ya. Hay dos tendencias claras, de antes de la pandemia y que ésta ha impulsado. Una tendencia es a un reequilibrio entre la globalización tal como la hemos conocido hasta ahora (centrada en las finanzas y el comercio) y las políticas nacionales (en nuestro caso, europeas), en beneficio de estas últimas. Los fondos Next Generation UE, con su foco en nuevas políticas industriales estratégicas europeas, son un claro ejemplo. Sucede lo mismo con el capitalismo que practican las grandes corporaciones.

Desde los años 70 se convirtió en dogma la idea del economista y Premio Nobel Milton Friedman de que el único objetivo de las empresas era maximizar el beneficio para los accionistas. Los resultados de ese dogma han sido desastrosos en términos de desigualdad. Ahora hay una nueva tendencia que consiste en decir que el propósito de las empresas debe ser crear valor para todos los interesados en las mismas (stakeholders): proveedores, clientes, empleados, comunidades territoriales y, naturalmente, los accionistas. Si quiere llamar a esto una redifinición del capitalismo, puede hacerlo.

Antón Costas estuvo en Tarragona el pasado 31 de mayo en la presentación de la ‘Guía de Excelencia Empresarial 2021’ del Diari.  Foto: ALBA MARINÉ

Nacido en Vigo, en 1949, Antón Costas  se graduó primero como Ingeniero Técnico Industrial, para licenciarse posteriormente por la Universitat de Barcelona en Economía (1977). Doctor en Economía por la misma universidad (1982), su tesis doctoral, dirigida por los profesores Fabián Estapé y Ernest Lluch, se interesó por el pensamiento y la política económica liberal del siglo xix. En 2013 asumió la presidencia del Círculo de Economía, responsabilidad que tuvo hasta diciembre de 2016. Sus intereses se centran en los procesos de formación de las políticas públicas, y en particular sobre los procesos de reforma económica.

Con Biden ha dicho que ve factible un nuevo contrato social. 

Pienso que sí, pero hay que empujarlo, no vendrá por sí solo, como caído del cielo. Es lo que está haciendo Biden en Estados Unidos con sus paquetes de políticas en favor de los niños, los jóvenes, las mujeres y las familias. Y también con sus políticas industriales y de infraestructuras para crear más mejores empleos. Realmente, el laboratorio del mundo sigue siendo Estados Unidos.

¿Y aquí? 

En España, y en la UE, como he dicho, la pandemia ha traído una cierta recuperación de elementos del contrato social en términos de políticas públicas de sostenimiento del empleo (ERTE) y de los ingresos de familias y empresas y de nuevas políticas como el Ingreso Mínimo Vital frente a la pobreza extrema.

Los fondos europeos favorecen también nuevas políticas y proyectos de inversión industrial, tecnológica, y de innovación orientadas no sólo a producir una transformación digital y verde de la economía sino también a crear mejores empresas que, a su vez, creen mejores empleos, para más personas y en más lugares. De lo contrario, el riesgo es promover una economía digital y verde para ricos.

Los estados han tenido un papel crucial en la gestión del impacto de esta crisis pero hay quien critica el endeudamiento y las políticas más keynesianas.

No ha habido, ni aún hay, alternativa razonable a la expansión a la política de expansión del gasto que han hecho todos los gobiernos, incluido el nuestro. En situaciones de riesgo como la que vivimos, es mejor gastar en construir un valla arriba del precipicio que gastar más tarde en construir un hospital para curar a los que se desploman por él. Naturalmente, gastar significa endeudarse porque en la situación actual no puedes elevar los impuestos. Pero en estas circunstancias la vara de medir el riesgo de la deuda no es su volumen, que es muy elevado, sino lo que pagas por ella. Y esta carga de la deuda es la menor de nuestra historia reciente como consecuencia de la política monetaria de bajos tipos de interés que ha mantenido en esta crisis el BCE. Y pienso que la va a seguir manteniendo.

Lo que tenemos que hacer es emplear bien esa deuda, para volver al crecimiento, mejorar la educación y la formación de las personas y la productividad de las empresas. Con el crecimiento y la productividad podremos hacer frente a la carga de la deuda.

En las actuales circunstancias la vara de medir el riesgo de la deuda no es su volumen,  sino lo que pagas por ella.

Instituciones como el Banco de España hasta hace nada aseguraban que la subida del salario mínimo penalizaba y mucho la creación de empleo...

Como sucede con todo en la vida, los informes van mejorando a la hora de captar todos los efectos de posibles subidas razonables y prudentes del salario mínimo. Hasta ahora sólo medían los efectos sobre una posible pérdida de empleo. Ahora también se miden los efectos en la mejora del bienestar de las familias de ingresos bajos que se benefician de esos incrementos; especialmente, el bienestar de los niños que viven en esos hogares, que son muy importantes. Y se mide también el efecto en el consumo agregado. Cuando se miden todos estos efectos se comprueba que hay un argumento racional para esas políticas.

Aún son muchos los que creen que una sociedad más justa implica una economía peor.

A mí me enseñaron el la facultad, y yo enseñé a mis alumnos hasta hace pocos años, que había un dilema entre eficiencia (crecimiento) y equidad (justicia social). La llamada ley de Okun, un economista norteamericano muy preocupado por la desigualdad, decía que si querías aumentar la equidad social tenían que estar dispuesto a pagar un «coste de oportunidad» en términos de una economía menos eficiente. Es verdad, la sombra de este pensamiento aún es alargada. Pero desde unos pocos años se ha producido una verdadera revelación, un epifanía: hoy sabemos que ese era un falso dilema. Una epifanía que no viene del Vaticano sino de instituciones como el FMI o la OCDE. El evangelio económico ha cambiado, pero aún hay que difundirlo.

¿Cómo ha de ser la reconstrucción postpandémica?

Si no se hace nada para evitarlo, la reconstrucción pandémica será como una pleamar, no subirá por igual a todos los barcos. Algunos se arriesgan a quedar varados mucho tiempo o de forma indefinida en el fondo. Por eso, la recuperación de una crisis pandémica necesita una estrategia de tres R: Resistir, Recuperarte y … Reinventarte.

Seguimos resistiendo, comenzamos a recuperarnos, ahora queda reinventarnos. En otro momento lo tendríamos que hacer sólo con nuestras fuerzas, ahora los fondos europeos son una gran ayuda. Pero tenemos que saber emplearlos bien.

¿Qué papel han de jugar esos fondos?

Ayudar a la tercera R de la que hablé antes. Es decir, a la reinvención de nuestra economía. Una economía que tiene que ser más digital, verde y también más inclusiva en términos de repartir bien la prosperidad entre las personas y los territorios. Pero déjeme que muestre un preocupación. Me inquieta el lenguaje que utilizamos. Hablamos de «repartir» los fondos como si esto fuese una lotería. Y no es así. No se trata de repartir sino de asignar o emplear bien los fondos a aquellos proyectos que tengan más capacidad de fomentar mejores empresas en todos los territorios. Porque las buenas empresas serán las que traerán buenos empleos, para más personas y en más lugares.

Hablamos de «repartir» los fondos next generation eu como si esto fuese una lotería. Y no es así.

Hay quién desconfía de que en España vayan a servir para avanzar en los retos pendientes y llegar a las pymes. 

Deberíamos tener más autoestima y confianza en nosotros mismos. Hasta ahora somos el único país al que la UE ha aprobado su Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia. Y la UE es muy exigente con los criterios para aprobar los planes nacionales. Dicho esto, si se crea la percepción de que el «reparto» solo favorece a las grandes empresas y a las grandes ciudades será un desastre. Espero que no ocurra.

¿Cómo ve la UE tras la Covid? 

Ha dado un indudable paso adelante. Confieso que yo no hubiese apostado a priori a que lo haría. Los fondos europeos son la expresión más evidente de ese paso adelante al introducir un mecanismo de solidaridad muy importante. Otro es la forma en que va a financiar esos fondos, emitiendo deuda pública solidaria europea. 

¿Es la economía española una economía resiliente?

Lo es en mayor medida de lo que generalmente se cree. Hay aquí un nuevo ejemplo de falta de autoestima. Una economía a la que, de pronto, por la pandemia, le desaparece un sector exportador tan potente como el turismo y, sin embargo, al final de 2020  logra un saldo neto de su balanza de pagos positivo es que es muy resiliente. Le podría dar otros ejemplos. Tenemos una economía con muchas fortalezas. Si nos lo creemos, seremos más capaces de mejorarla.

¿Tendríamos que reflexionar sobre nuestro modelo económico tras la pandemia?

El lenguaje sobre el cambio de modelo económico no me gusta. Es como creer que se puede cambiar de modelo económico como se cambia de coche, yendo al concesionario y eligiendo el modelo que quieres. El modelo que tenemos es el que es, con sus debilidades y fortalezas. Lo que tenemos que hacer es mejorarlo, como se mejora el motor de un coche sin tener que cambiarlo.

Por primera vez, la caída del empleo ha sido inferior a la de la actividad económica, por los ERTE. ¿Qué pasará cuando acaben?

Es verdad. Es la primera vez en España que en una recesión económica el empleo cae menos que el PIB. Es una excelente noticia. Espero que algo hayamos aprendido y que sepamos diseñar un ERTE postpandemia que dé estabilidad al empleo en próximas crisis. De hecho, nos hemos comprometido con las autoridades europeas a diseñarlo.

Las pensiones son una especie de contrato social entre generaciones. ¿Qué opina del anteproyecto de ley recién aprobado?

Pienso que las pensiones son el mejor ejemplo de cómo el diálogo social y el consenso son el camino más adecuado para afrontar el problema de la suficiencia (que el importe de las pensiones sea suficiente para que sus titulares puedan tener una vida digna) y la sostenibilidad (que el sistema público no quiebre). Como el anteproyecto ha sido consensuado entre los actores sociales en el marco del Pacto de Toledo creo que es un buen acuerdo que puede ir mejorando en el futuro para asegurar la suficiencia y la sostenibilidad.

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