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Aprender a dialogar

Un problema clave es que no sabemos escuchar, practicamos la escucha selectiva y no la activa o empática. Escuchamos, por tanto, solamente lo que nos interesa.

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Franc Ponti. Profesor de innovación en EADA Business School

Franc Ponti. Profesor de innovación en EADA Business School

En teoría, todos sabemos dialogar. Nos sentamos con alguien y exponemos, alternativamente, nuestros puntos de vista sobre un tema, intentando comprender a la otra parte y, al mismo tiempo, exponiendo nuestras opiniones. Al final, si todo va bien, ambos nos habremos enriquecido con la perspectiva de nuestro colega y tendremos una percepción más completa del tema tratado.

En teoría todo funciona. Lo que acostumbra a fallar es la práctica. Porque, muchas veces, los humanos nos caracterizamos por no hacer nada de lo anteriormente descrito. Veamos.

En primer lugar, no sabemos escuchar. Practicamos la escucha selectiva y no la activa o empática. Escuchamos, por tanto, solamente lo que nos interesa. En la empresa sucede mucho: cada departamento cuenta una historia y acostumbra a menospreciar los puntos de vista alternativos. Los directivos suelen ser grandes expertos en escuchar sólo lo que les conviene o interesa, desgraciadamente.

En segundo lugar, no integramos nada o casi nada de lo que nos cuenta la otra parte. Nos dedicamos a contraargumentar y a discutir. Nuestro ego y la necesidad de tener la razón y machacar al adversario son mucho más poderosos que el ansia de comprender e integrar planteamientos. La política es un claro ejemplo de eso. ¿Recuerda haber oído a un político, en las últimas semanas, dar la razón de forma sincera a un adversario?

Finalmente, somos incapaces de construir de forma conjunta. Utilizamos el conflicto para resaltar nuestras diferencias pero casi nunca para innovar a partir de ellas. Si la gente de Blockbuster hubiera escuchado a una incipiente Netflix quizá las cosas hubieran sido diferentes. Pero no supieron aprender del pequeño. Y como sucede tantas veces, el pequeño acaba creciendo.

Creo sinceramente que el gran problema de este mundo es la falta de diálogo. Algunos antropólogos afirman que el problema es que los humanos estamos poco evolucionados cerebralmente para gestionar de forma más inteligente y provechosa los conflictos. Por lo que vemos cada día a nuestro alrededor, deben tener razón. Nuestro sistema límbico pasa muchas veces por encima de las estructuras racionales del cerebro. Pasamos por ser seres racionales pero la realidad de cada día lo desmiente.

Algunas escuelas están empezando a despertar, pero la mayoría sigue sin incluir asignaturas de inteligencia emocional o social. ¿Quién nos enseña a dialogar? Es mucho más importante que saber capitales, ríos o comarcas. Los años pasan, las décadas también y los sistemas educativos todavía se parecen más a los del siglo XIX que a los de la tercera década del XXI. Pero, ¿cómo pueden mejorar los sistemas educativos unos políticos que demuestran cada día que no saben dialogar?

Franc Ponti es profesor de innovación en EADA Business School.

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