Atónito

En vez de quejarnos y deprimirnos, pensemos que nuestra actitud puede abrir miles de posibilidades a los demás para que disfruten de cada instante y distribuyan su felicidad por el mundo

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Muchas veces he escrito sobre la importancia de las actitudes en la vida, defendiendo a capa y espada que la felicidad y la alegría son los detonadores que nos permiten amar, ayudar y mejorar el mundo. Si ustedes tienen o están en el camino de tener esa visión optimista de la vida, entenderán perfectamente que su capacidad de interesarse en los demás aumenta geométricamente.

Los que somos observadores y estamos interesados en casi todo, vamos por el mundo con los ojos bien abiertos y muy pocos prejuicios, evitamos discutir sobre aquello en lo que podemos hacer poco e intentamos contagiar el entusiasmo y la paz interior a quien se pone a tiro. Tener opiniones definitivas no es lo nuestro, porque sabemos que casi todo ‘depende’ del cristal con que se mira, como decía Santiago Rusiñol.

Debemos romper nuestras rutinas, explorar y sorprendernos para ser felices

Yo me quedo atónito ante todas esas personas que intentan convencernos de que vamos fatal en todo y que, dentro de poco, tendremos una crisis peor que cualquiera anterior. Quizás recuerden cuando escribí sobre un libro maravilloso llamado: Factfulness: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor del lo que piensas de Hans Rosling. Si no me hicieron caso aquella vez, por favor léanlo, porque con datos absolutamente reales, nos infunde un optimismo extraordinario.

Permítanme poner algún ejemplo para quedarse atónito: Austria confina a la población con una tasa de vacunación a pauta completa del 64,4% (uno de los países con más baja tasa de vacunación de Europa) cuando España está a menos de un punto del 80%. Atónito me quedo cuando escucho a algunos políticos criticando la política sanitaria de aquí…

La semana pasada estuve en Stuttgart y al terminar mi trabajo a las 5 de la tarde ya no quedaba nadie por las calles... ¿Hacía frío? No para aquellos fuertotes: 7º y muy seco. ¡Atónito me quedo ante nuestro estilo de vida que llena las terrazas de los bares en verano y en invierno, también! Y ¿qué hacemos en las terrazas? Hablamos, compartimos, nos queremos… Y ¿cómo lo hacen ellos?

Atónito me quedé de nuestro fin de semana en Barbastro y la Ribagorza que no conocíamos… alucinamos ante tanto románico, tantos valles extraordinarios, tanta buena gente con ganas de agradar, buena comida y muy buenos vinos. Descubrir lugares nuevos, aunque estén a la vuelta de la esquina de donde vivimos, es una magnífica actividad que puede cargarnos de toda la energía necesaria para seguir sonriendo. Atrévanse a romper sus rutinas y, aunque sea a lomos de un burro, busquen y encuentren lo que les sorprenda.

Atónito me quedo cuando debatimos con los alumnos en el IESE, el porqué una empresa como Tesla puede tener un valor bursátil mayor que las grandes empresas automovilísticas y, solamente, con tres modelos. La explicación es paradójica: los sueños, algunas veces, superan a la realidad financiera. Soñar nos permite desear un mundo mejor.

La moraleja de estos ejemplos tan simples es que si no somos capaces de sorprendernos y quedar atónitos ante lo que descubrimos y vivimos, si no lo vemos todo como Hans Rosling, mejor pensemos que es hora de que cambiemos de punto de vista porque, puedo asegurarles, que todas esas nubes bajas, todo este pesimismo que nos presentan algunos medios de comunicación, esa visión del mundo catastrofista que nos venden los políticos para salvarnos la vida no les ayudarán a ser personas completas ni a ayudar a hacer un mundo mejor. Y quizás estaría bien que, en vez de quejarnos y deprimirnos, pensemos que nuestra actitud puede abrir miles de posibilidades a los demás para que disfruten de cada instante y, a modo de pirámide, distribuyan su felicidad a quienes les rodean.

Xavier Oliver es profesor de IESE Business School

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