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Can Vicenç empieza a expandirse

La empresa reusense de panadera impulsa el relevo generacional mirando a Barcelona

Núria Roca

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FOTO: Alba Mariné

FOTO: Alba Mariné

Can Vicenç, la empresa de panadería, bollería y pastelería, acaba de cumplir sus 40 años de historia. A punto de llegar la Navidad de 1978, un joven reusense llamado Vicenç Giménez decidía, después de volver de la mili, que quería dedicarse a elaborar pan. De hecho, desde los 12 años que ya había ido aprendiendo el oficio y, con el paso de los años, vio que quería que el de panadero fuera su oficio.

Así que, al no encontrar ningún horno en Reus donde poder empezar su pequeña idea de negocio, Giménez empezó a recorrer los pueblos del Baix Camp. Finalmente, el joven conoció, en Montbrió del Camp, un panadero que quería jubilarse y que disponía de una tienda con un horno de leña. 

FOTO: Alba Mariné

Y, en poco tiempo, Giménez pasó de vender 30 kg de harina al día, a vender alrededor de 500 kg porque empezó a repartir por distintos municipios del territorio, viendo que en Montbrió del Camp las ventas se estancaban.

El pequeño negocio que había impulsado Giménez empezó a crecer y pronto vio que tenía que trasladar su producción a un local que dispusiera de más espacio. Así, Vicenç Giménez volvió a Reus. Primero se instaló en la calle Orient, luego se trasladó a unas naves de la calle Evarist Fàbregas.

Ahora, Can Vicenç dispone de tres naves de 1.000 metros cuadrados cada una en la calle Velers, desde donde se pretende hacer el relevo generacional.

Vicenç Giménez ha decidido que ya es hora de hacer un paso al lado y dejar que las nuevas generaciones se encarguen de hacer crecer más la empresa. Su hijo, Dani Giménez, se ha convertido en el nuevo presidente de Can Vicenç, y tiene proyectos muy ambiciosos. 

El negocio, que empezó con la discreción propia de todos los inicios empresariales, no ha parado de crecer. Hoy, trabajan en Can Vicenç unas sesenta personas y tiene una facturación de cerca de cinco millones de euros. No es de extrañar que Dani Giménez se plantee el futuro de la empresa familiar de una forma muy ambiciosa, por lo que se está estudiando muy seriamente aterrizar en Barcelona ciudad y en el área metropolitana.

De momento no hay ningún proyecto cerrado, pero la intención es no dejar de crecer. Así, la nueva generación es consciente también de que hay que impulsar una estrategia clara en las redes sociales con el fin de ampliar su influencia y renovar la imagen de la empresa.

El constante crecimiento de la empresa ha ido al lado de la evolución tecnológica en la maquinaria panadera y pastelera. Esta semana, Can Vicenç ha recibido nueva maquinaria, que le permitirá facilitar el proceso de elaboración de sus productos. Vicenç Giménez empezó su negocio elaborando el pan a mano, pero ahora las máquinas permiten automatizar algunos de los procesos de elaboración, aunque se mantienen las recetas originales para la producción del pan y la mayoría de productos de bollería.

Todos los de pastelería se elaboran a mano. Vicenç Giménez explica que la maquinaria y los procesos de semiautomatización que ofrece «contribuye a hacer más producción» pero que los panaderos y pasteleros de los que dispone Can Vicenç mantienen la esencia de los productos hechos a manos. Lo importante, para Vicenç Giménez, es la cocción de los productos. 

Can Vicenç produce entre 3.000 y 4.000 kg de harina al día durante los meses de verano y entre 1.500 y 2.000 los meses de invierno. La empresa está activa casi las 24 horas del día: los panaderos y pasteleros de Can Vicenç trabajan para poder distribuir la producción a primera hora de la mañana, cuando hay más demanda, pero en los obradores siempre hay gente trabajando para que no falte nunca ningún producto de los que después se ponen en venta en las tiendas o se reparten entre los clientes a los que Can Vicenç ofrece su producto.

La producción oscila por la variedad de clientes de los que la empresa dispone. Actualmente, tiene doce tiendas: seis en Reus, tres en Tarragona, una en Segur de Calafell y otra en Cambrils. Además, también existen seis franquicias más en la Selva del Camp, Vilallonga del Camp, Reus y Tarragona. Pero Can Vicenç también tiene clientes como hoteles, campings, hospitales, residencias para gente mayor y colegios.

Vicenç Giménez subraya que «somos panaderos artesanos» ya que solo se trabaja con harinas de alta calidad. La materia prima es fundamental para hacer un buen producto pero también es esencial trabajar sin conservantes. Can Vicenç trabaja sus productos sin aditivos añadidos, lo que permite elaborar el pan con menos levadura y hacer una fermentación más lenta. Y aquí está la diferencia de Can Vicenç con las grandes panificadoras, que mecanizan la mayor parte del producto a la vez que usan, según Giménez, harinas de más baja calidad.

Aunque la empresa no dispone de horno de leña (quedan muy pocos y en tiendas de pueblos pequeños), la producción de pan se cuece en hornos de suela de piedra refractaria, que es lo que da el gusto sabroso al pan.

Las instalaciones de Can Vicenç están divididas en distintas zonas de trabajo: una sala donde se elabora el pan, otra donde se hace la bollería y otra donde los pasteleros trabajan con sus creaciones (ahora se están preparando para el día de San Valentín y han aumentado la producción de pasteles en forma de corazón). Además, también hay la zona de hornear, una fermentadora de alta capacidad que puede guardar hasta 40 carros de pan, frigoríficos para mantener la producción, la zona de almacén y también la de reparto. Finalmente, también hay las oficinas y una sala donde se hace la formación de los nuevos trabajadores.

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