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Consumo a la baja

Una vez puestas al día las compras aplazadas durante los años más duros de la crisis, la adquisición de bienes duraderos vive ahora una desaceleración 

Rafael Servent

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Consumo a la baja

Consumo a la baja

El concepto es ‘demanda embalsada’. Es la forma con la que los economistas se refieren a la retención del consumo de bienes duraderos que sucedió durante los años más intensos de la Gran Recesión. Lo que algunos políticos calificaron, a trazos gruesos, como «apretarse el cinturón». A la práctica, posponer la adquisición de bienes duraderos (la renovación del coche, del televisor, de la caldera de agua caliente) hasta que pasase «el temporal» o cesasen las «vacas flacas».

Rentas que, objetivamente, no tenían ninguna circunstancia sobrevenida que les empujase a apretarse ese cinturón (nadie en la unidad familiar había perdido el empleo y su poder adquisitivo se mantenía estable) pero que, por si acaso, decidieron que todos a mínimos. Es decir, «neumáticos nuevos para el coche y arreando, que todavía puede dar 100.000 kilómetros más». Por lo que pueda ser. Resultado: demanda embalsada y retracción del consumo generalizada.

No fue hasta el año 2013 que ese embalse empezó a soltar agua, en forma de compras de bienes duraderos, propiciando una recuperación y aceleración del consumo. Hoy, esas reservas se han terminado y, siguiendo con el símil, la falta de caudal se ha hecho sentir ya en una desaceleración del consumo.

Éstos son los datos que manejan desde BBVA Reserach en su último informe semestral sobre la situación del consumo en España, donde constatan una notable desaceleración que, sin embargo, queda lejos de poder ser calificada como caída del consumo. Juan Ramón García, economista principal de BBVA Research y responsable de este estudio, calcula que «la demanda embalsada de bienes de consumo duraderos afloró totalmente a finales de 2018», impulsada sobre todo por la compra de «automóviles, motocicletas, electrodomésticos y muebles», aunque destacan entre todos ellos los automóviles y las motocicletas.

«En ningún caso es una caída del consumo: son tasas de crecimiento saludables» (Juan Ramón García, BBVA Research)

En el caso de los muebles, «se trata de compras muy asociadas a la evolución del mercado de la vivienda», explica García, que si bien ha recuperado algo su crecimiento, muestra tasas muy alejadas de las que manejaba antes del arranque de la Gran Recesión.

De ahí que, entre los años 2015 y 2017, las adquisiciones de muebles se concentrasen en las renovaciones aplazadas por la franja de población de entre 41 y 60 años (con alzas de poco más del 1%), mientras que entre los 30 y 40 años, la edad en la que solían adquirirse y amueblarse hace años primeras viviendas, la caída promedio fue del 3%.

La liberación de esa demanda embalsada se hace patente sobre todo, tal y como indican desde BBVA Research, en la adquisición de automóviles y vehículos de dos ruedas, con significativos incrementos que entre los años 2015 y 2017 alcanzaron el 3,8% en el caso de los automóviles para la franja de población entre los 41 y los 50 años, o con crecimientos de entre el 2,1% y el 6,2% en los vehículos de dos ruedas para franjas de entre menos de 30 años (un incremento del 6,2%) y 60 años (2,1%).

La caída de los tipos de interés en los créditos al consumo es especialmente alta entre los préstamos de menos de un año de devolución

Crecimiento ‘ajustado’ 
¿Qué sucede hoy con la demanda de estos bienes duraderos? Que, en opinión de este economista, después de crecer por encima del crecimiento medio de la capacidad de consumo de las familias, «el consumo se está ajustando más a los indicadores del mercado de trabajo, de la renta familiar...».

A eso hay que añadir algunos sectores en los que «la incertidumbre ha repuntado, especialmente en el sector del automóvil», aunque más por las dudas generadas en materia regulatoria que por un horizonte de recesión económica.

Las proyecciones son claras: si en el bienio 2017-2018 el consumo de los hogares españoles creció a una tasa promedio del 2,4%, BBVA Research calcula que esa tasa de crecimiento se reducirá hasta el 1,8% en 2019 y el 1,7% en 2020, debido a «determinantes algo más débiles en el mercado laboral o en la riqueza financiera», pero también al «aumento de la incertidumbre» sobre el futuro económico, que hace presagiar a Juan Ramón García «un repunte en la tasa de ahorro de los hogares, que con un 5% estaba en los mínimos históricos de los últimos 50 años».

Crecimiento ‘saludable’
Si bien este economista admite que «el consumo continuará ralentizándose en este bienio 2019-2020», lo hará «con tasas de crecimiento saludables, en ningún caso es una caída». En este punto, las previsiones de crecimiento de este observatorio para la economía española «no contemplan un escenario recesivo», con un crecimiento del PIB previsto para este año del 2,3% y «ligeramente por encima del 2% el año que viene».

Las previsiones de BBVA Research apuntan a un crecimiento del consumo de bienes duraderos del 1,8% este 2019 y del 1,7% para el próximo año 2020

«Eso -insiste Juan Ramón García- no es un escenario recesivo en ningún caso. Además, la ralentización no es ninguna sorpresa, es algo que ya estaba previsto».

Crédito al consumo
Buena parte del crecimiento del consumo en estos últimos años, en especial durante los años en los que afloró esa demanda embalsada de bienes duraderos, se aupó en los créditos al consumo. También en este caso es previsible que se ralentice su crecimiento, acompañado de una bajada de tipos de interés, en consonancia con la histórica rebaja sostenida por el Banco Central Europeo (BCE) respecto al precio del dinero en la zona euro.

Así, si el tipo de interés medio de los créditos destinados a financiar el consumo se situaba en 2013 en el 9,05% (primer año en el que empezó a aflorar de forma masiva esa demanda embalsada), en el primer semestre de este año había caído ya hasta el 7,38%, en una tendencia sostenida a la baja -en especial, en los créditos a menos de un año, cuyo tipo de interés medio está ahora en el 3,5%- que previsiblemente se mantendrá.

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