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Cortinas de Montblanc para el Bayern de Munich

Las oficinas de Google y el aeropuerto de Nueva York son algunos de los destinos de las creaciones de esta empresa familiar

Alba Tudó

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El gerente Josep Maria Sans junto con sus dos hermanos Matías y Cristina, con la máquina de su  abuelo .FOTO:A.T

El gerente Josep Maria Sans junto con sus dos hermanos Matías y Cristina, con la máquina de su abuelo .FOTO:A.T

El aeropuerto de Nueva York, Pull and Bear, el Hotel Mandarina Oriental, en Barcelona, Google, PayPal, las cortinas para la celebración del Bayern del Munich cuando ganó la Liga. Éstos son algunos de los clientes de Kriskadecor. Todo el mundo conoce las cortinas de toda la vida hechas con cadena que se utilizan para que no entren las moscas en casa. Aún se siguen vendiendo.
La encargada de hacer estas cortinas es la empresa Josep Maria Sans, establecida en Montblanc, que usa como marca Kriskadecor.

Hace unos años se reiventaron y abrieron mercado a todo el mundo, especializándose en la decoración. Normalmente los diseños que les llegan son para espacios públicos, como hoteles, bares, restaurantes y museos. Entre un 70% y un 80% de su producción lo exportan por todo el mundo: Japón, Nueva Zelanda, Rusia.. Su nuevo producto son las lámparas de diseño hechas con cadenas. Lo presentaron en la Feria de Milán el pasado mes de abril. Algunos clientes ya les piden lámparas de 5 metros. «La voluntad es seguir creando nuevos productos», explica el gerente, Josep Maria Sans, tercera generación de esta empresa familiar.


¿Cómo empezó todo?  La empresa fue fundada en 1925 por Josep Maria Sans Amill cuando aún estudiaba en la Escuela Industrial de Barcelona, compaginando estudios y trabajo. Así diseñó y construyó, con hierros procedentes de chatarras, la primera máquina automática de hacer cadena en la que los eslabones salían engarzados. 
En el año 1957 se incorporó a la dirección de la fábrica su hijo Josep Maria, el cual amplió y perfeccionó la obra de su padre, e ideó una instalación de anodizar aluminio, especial para la coloración de cadenas.


En 2001 el hijo de Sans entró a la empresa, y más tarde sus dos hermanos. «En aquel momento reorientamos la empresa y ampliamos la gama de colores», explica Sans. Así pasaron de dedicarse a la cortina de toda a la vida a hacer un uso más decorativo y ampliar nuevos mercados.
«La gente de otros países no sabe qué es la cadena, pero nos estamos dando a conocer», explica Sans. Hace unos años se dieron cuenta de que la demanda de cortinas de cadena metálica iba a la baja. Durante el siglo XX habían sido un elemento con presencia en muchos hogares del Estado, porque tenían la virtud de dejar pasar la corriente de aire pero no las moscas.

Pero, tras tocar techo en las décadas de los 60 y los 70, la climatización de los hogares se extendió y la función de las cortinas dejó de tener sentido, aparte de que pasaron a ser vistas como un elemento del pasado.Nos cuenta que personalizan el producto. El cliente les muestra una imagen con un dibujo, paisaje o lo que quiera y ellos lo transforman en una cortina creativa y decorativa. «Podemos tardar entre dos y tres semanas», puntualiza.


Un 70-80% de exportación
La empresa de Montblanc cada vez se expande más a otros países. Hace unos años abrieron una filial en Phoenix (Arizona, EEUU), donde trabajan actualmente tres personas. En Montblanc hay entre 20 y 25 trabajadores, con una amplia experiencia y con una facturación anual de 2’5 millones de euros. «Somos una empresa próxima y nos gusta tener un buen trato con el cliente». También venden a particulares.


Ahora lo lleva la tercera generación. «Queremos que la empresa siga creciendo y que pase de generación a generación», afirma Sans, que adelanta que «seguiremos con la línia de iluminación» que acaban de crear.

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