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Cultura de innovación: factor clave del éxito

Innovar es la principal prioridad para siete de cada diez organizaciones, pero no basta con adornar con plantitas, citas motivadoras y colorido para crear una cultura innovadora; hay que entender qué hay detrás

Alfred Arias

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Escuela de Empresa es una iniciativa conjunta del MBA de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y Economía & Empresas del Diari de Tarragona para construir un espacio de divulgación de contenidos en materia de coyuntura, gestión, liderazgo y emprendimiento.

Según el Boston Consulting Group, la innovación es la principal prioridad para el 72% de las organizaciones. Si revisamos las previsiones de Ernst & Young, en los próximos 5 años, el 50% de las ventas de las empresas provendrá de productos, servicios o tecnologías que hoy día todavía no existen.

Queda claro que la innovación es una palanca clave para garantizar la competitividad y supervivencia futura, en base a satisfacer las futuras demandas de los clientes, además de para garantizar experiencias positivas a los mismos.

Innovar resulta un proceso complejo. Sin embargo, muchas empresas esperan que con las personas adecuadas, la innovación «florecerá y se consolidará» como por arte de magia. Nada más lejos de la realidad.

No basta con adornar con plantas, citas motivadoras y colorido para crear una cultura de innovación. Lo primordial es entender qué hay detrás de esta la cultura de innovación. Diversas investigaciones llevadas a cabo apuntan a diversos elementos diferenciadores que indican que las empresas que los fomentan tienen mayores probabilidades de instalar la innovación en su ADN.

En base a lo anterior, una cultura de innovación supone:

Asumir riesgos
El miedo a lo no conocido es uno de los principales motivos por los que las organizaciones no dan un paso al frente para apostar por la innovación. Es inconcebible crear algo nuevo sin una dosis de lo desconocido y de incertidumbre. Es necesario aceptar los riesgos intrínsecos a la innovación, analizarlos e identificar aquellos más fáciles de evitar o, como mínimo, mitigar.

Dar las gracias
Para cultivar e impulsar la cultura de innovación, es necesario proporcionar retroalimentación positiva cuando las personas ponen en marcha su creatividad. Los líderes que se escudan en la tan manida frase de que «no tenemos tiempo para estudiar nuevas formas de hacer las cosas» matan la innovación.

Crear confianza en el seno del equipo
La innovación se gesta con una idea, y luego necesita de especialistas que la refinen y desarrollen. Y aquí es cuando la confianza en el seno del equipo juega un papel clave, dado que los integrantes del equipo tienen que sentirse confortables compartiendo ideas.

Empoderar a las personas
Las personas nos sentimos mejor cuando tenemos un cierto control sobre nuestro trabajo y en cómo lo realizamos. Este hecho genera estar más satisfechos, implica un mejor desempeño y, como consecuencia de ello, se es más creativo e innovador.

Tener objetivos claros
Las personas y los equipos piensan de forma distinta cuando son conscientes de para qué trabajan, conocen sus objetivos y el impacto que se espera que generen en la organización.

Proporcionar recursos
Las personas necesitan recursos para innovar, no solo de tipo monetario. Las organizaciones de éxito permiten que sus empleados dediquen un cierto porcentaje de su horario a trabajar en proyectos personales que pueden tener un impacto en las mismas.

Colaboración entre equipos
La colaboración entre equipos aporta diversidad, y por tanto ideas variadas y mejores. En ocasiones, no es preciso ser un experto en determinada disciplina para pensar en cómo algo puede hacerse mejor o de manera diferente. De hecho, de esta forma, nos vemos menos condicionados por lo que debe ser práctico o viable, de forma que ideas en principio «poco prácticas» pueden convertirse en completamente viables.

Utilización de expertos externos
A medida que evolucionan las necesidades y expectativas de los clientes y se hacen más complejas, las organizaciones tendrán que trabajar con expertos para desarrollar nuevos productos o servicios. Contar con expertos externos cuando sea necesario, descartando la mentalidad del «no se ha inventado aquí».

Conocer a las personas de la organización
La investigación ha demostrado que conocer pormenorizadamente a las personas de la organización conlleva una mayor creatividad e innovación. La diversidad de personalidades, habilidades, talentos y conocimientos es clave para crear una cultura de innovación.

Empezar por lo básico; romper barreras mentales ficticias, facilitar la interacción y colaboración entre las personas de los distintos equipos y apostar por hacer las cosas de forma diferente.

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