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Economía Apicultura. Mel Muria

Dos siglos trabajando con abejas

Mel Muria es una de las empresas líderes del país en el sector de la miel y sus derivados

ROSER REGOLF

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Un apicultor de Mel Muria trabajando con parte de la colmena Dadant, una de las más comunes y también de mayor tamaño.FOTO: JOAN REVILLAS

Un apicultor de Mel Muria trabajando con parte de la colmena Dadant, una de las más comunes y también de mayor tamaño.FOTO: JOAN REVILLAS

El poble de la mel. Así es como se conoce popularmente a El Perelló, donde el clima y la variadísima flora del Baix Ebre lo convierten en un lugar idóneo para la apicultura, oficio que sus habitantes practican desde hace centenares de años. Los apicultores perellonenses lideran la lista de productores de miel de naranjo y de romero del territorio catalán, además de ser de los pocos lugares donde la elaboración de la miel tiene lugar durante casi todo el año.

Y no podríamos hablar de El Perelló y la miel sin mencionar una de las empresas bicentenarias de referencia en el sector: Mel Muria. Más de 200 años avalan a la familia Muria como una de las principales productoras de miel de este pueblo del Baix Ebre. Toda una tradición familiar, según explica uno de los integrantes y gerente de la empresa, Rafel Muria: «La apicultura nos apasiona a todos, desde los mayores hasta los más pequeños. En casa lo vivimos como toda una cultura».

Actualmente la familia Muria está representada por Rafel Muria Martí, que junto con su cuñado Vicent Brull Llaó, mantiene el arte artesano de la apicultura familiar en perfecta armonía con la aplicación de las nuevas tecnologías. Además, en los últimos años se ha incorporado también la sexta generación. «Mi hijo Jordi es apicultor y Vicent, hijo de mi hermana, también trabaja con nosotros», sigue Muria..

La primera referencia documentada de la empresa fue Rafel Muria Llambrich, en 1850. Él fue de los primeros apicultores de El Perelló, revolucionando el sector al cambiar la colmena de paja y corcho por la de madera, con la que, más tarde, empezaría a practicar la trashumancia en busca de las mejores flores. Además, Muria también impulsó y fue presidente del primer Ligajo de colmenas, donde formaban parte 225 asociados con 1.820 colmenas manifestadas.

El linaje Muria continuó durante años evolucionando con los métodos de producción. Rafel Muria Benet, nacido en 1929, sustituyó la colmena de 20 cuadros móviles por otras más pequeñas, de donde saldría el modelo actual. El descendiente también practicó la trashumancia, pasando del carro y el caballo, a la motocicleta y el camión. «Creo que mis tatarabuelos nunca se imaginaron que su empresa sería lo que es hoy. Y mi padre estaría muy orgulloso, él me enseñó todo lo que sé», afirma el gerente.

En 1999, la familia Muria estrena su ubicación actual y el Museo Apícola, un espacio de exposición de todas las herramientas y documentos heredados de todos los tiempos. Actualmente, en la puerta de El Perelló, Mel Muria cuenta con unas instalaciones de dos naves de 800 y 1.500 metros cuadrados, donde trabajan entre 18 y 21 personas, según la temporada. Son estos trabajadores, y el gran número de abejas, los que se encargan de producir anualmente entre 70 y 100 toneladas de miel. Una producción que el año pasado se tradujo en una facturación de 1,5 millones de euros.

Y si de lo que hablamos es de abejas, en Mel Muria cuentan con 2.000 colmenas de tipo Dadant, consideradas las colmenas estándar de gran volumen y cuadros de diferentes tamaños. La especie con la que trabajan es la abeja negra ibérica. «Puesto que hay 40.000 abejas en cada colmena y tenemos más de 2.000… deberíamos tener una media de 80 millones de abejas», exclama Muria.

Las colmenas están situadas en diferentes zonas, lo que garantiza el suministro de miel durante casi todo el año, exceptuando los periodos de hibernación. «Como la mayoría de apicultores profesionales, hacemos la trashumancia para poder seguir la temporada de cada floración», explica. De esta manera, en abril empiezan con el romero en las zonas de costa, siguiendo con el naranjo, el tomillo y el brezo. En verano, se mudan hasta los Pirineos para obtener la miel de alta montaña y la de bosque.

«Nuestros principales destinos se encuentran en Catalunya, pero a veces la escasez de lluvia hace que nos tengamos que desplazar hasta Teruel, Soria y otros lugares para conseguir todas las variedades que comercializamos», sigue Rafel Muria. Para la extracción de la miel, los apicultores utilizan procesos mecánicos de última generación, exclusivos para extraer la miel en frío de la colmena y envasarla directamente, conservando todas sus propiedades.

En referencia al mercado, afirman que tanto en el nacional como en el internacional, el 50% de sus clientes son tiendas de dietética, mientras que un 40% se lo llevan las tiendas de productos especializados y un 10% la restauración. Además, ahora mismo la mitad de su producción se destina a la exportación, estando presentes en más de 10 países, principalmente en Europa y Oriente Medio.

Pero desde Mel Muria no se dedican solamente a comercializar la miel y sus derivados, sino que se preocupan también por difundir todos los conocimientos que la familia ha obtenido con la experiencia de muchos años. Lo hacen mediante el Centre d’Interpretació Apícola, un espacio donde apreciar la elaboración de la miel y todos los procesos necesarios para su extracción, además de la historia de la familia. «Tenemos que garantizar que las nuevas generaciones tendrán cuidado de las abejas, ya se ha demostrado lo importantes que son para la biodiversidad de nuestro planeta», sentencia Muria.

Con la visión puesta en el futuro, parece que los Muria tienen bastante claro el relevo generacional. Es por eso que cada año realizan inversiones entre 10.000 euros y 15.000 euros en maquinaria e I+D, entre otros. Además, entre sus objetivos se encuentra aumentar su proyección internacional y la presencia en restauración y gastronomía.

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