Economía AGROALIMENTARIO

El Calçot de Valls, el orgullo del territorio

La pandemia partió por la mitad la temporada. Hay alternativas a la ‘calçotada’

CARLA POMEROL

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Los calçots de Valls se reconocen porque están atados con un hilo azul. FOTO: DT

Los calçots de Valls se reconocen porque están atados con un hilo azul. FOTO: DT

Uno de los productos que más nos enorgullece como ciudadanos del Camp de Tarragona es el Calçot de Valls. De hecho, cuenta con un distintivo de calidad, establecido por la Unión Europea, conocido como Indicación Geográfica Protegida (IGP). La pandemia ya partió por la mitad la temporada del calçot del año pasado. En plena época de calçotadas, el gobierno central decretaba el estado de alarma. A finales de agosto, algunos payeses ya cultivaron el producto, que se empieza tradicionalmente a consumir a finales de noviembre. 

«Parecía que salíamos del agujero y que los productores empezaban a animarse», explica Francesc Amill, presidente de la IGP Calçot de Valls, quien añade que «desde el Consell Regulador trabajaremos para que se consuma calçots en casa, como alternativa a las calçotadas». Y es que, si las restricciones sanitarias siguen como hasta ahora, la celebración de actos sociales será casi imposible. Desde la IGP, aseguran que la idea es mejorar la promoción y la difusión del calçot a través de las redes sociales, como por ejemplo, dando recetas con este manjar como elemento protagonista.

La IGP apareció como respuesta a la demanda de los payeses del Camp de Tarragona

Según Amill, las pérdidas del sector durante el año pasado fueron de entre el 25 y el 30%. «Es una pena, porque el pasado año habíamos conseguido niveles de consumo de antes de la crisis. La progresión era tan buena que estaba previsto llegar a cantidades récord», asegura Amill. Desde el Consell Regulador de la IGP Calçot de Valls solo piden que el cierre no sea total para poder dar salida al producto. 

Distintivo de calidad

La Indicación Geográfica Protegida (IGP) Calçot de Valls apareció, como respuesta a la demanda de los payeses del Camp de Tarragona, para conseguir un reconocimiento adecuado a la calidad.

Los calçots protegidos por la IGP se reconocen porque están atados con un hilo azul del cual cuelga una etiqueta numerada con el nombre del productor. El área de producción está constituida por los terrenos ubicados en el Alt Camp, el Baix Camp, el Tarragonès y el Baix Penedès. Las prácticas de cultivo son las tradicionales, que tienden a conseguir la mejor calidad del producto. Solo pueden acogerse a la IGP, los calçots que cumplen con los requisitos de la legislación vigente. Para que el calçot sea considerado IGP debe estar entero, sano y no debe tener humedades exteriores anormales, olores ni sabores extraños. 

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