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El confinamiento da un respiro al castigado planeta

Menos contaminación, aguas más limpias y cielos más claros. Estas son algunas de las consecuencias directas que supuso del parón brusco de la actividad humana

REDACCIÓN

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La polución por tráfico descendió durante el confinamiento un 89% en Reus y Tarragona. Imagen de abril de 2020. FOTO: PERE FERRÉ

La polución por tráfico descendió durante el confinamiento un 89% en Reus y Tarragona. Imagen de abril de 2020. FOTO: PERE FERRÉ

Fábricas cerradas, autopistas vacías y calles desérticas. Son algunas de las estampas que se han repetido muy a menudo en los últimos meses debido a la llegada de la pandemia. El parón brusco de las actividades humanas tiene, paradójicamente, un gran beneficiado: el medioambiente. El descenso de la cantidad de desplazamientos en vehículos a motor y la disminución de la producción industrial se traduce en menos contaminación, aguas más limpias y cielos más claros. El confinamiento humano ha aliviado el castigado medio ambiente, ha liberado la fauna y la flora y ha reducido el nivel de polución.

La aparición del coronavirus está causando estragos en la economía, pero parece que la naturaleza ha entrado en una fase de rehabilitación forzosa, una especie de revancha contra el ser humano y contra los hábitos de vida.

Los investigadores del grupo Urban Transformation and Global Change Laboratory (TURBA Lab) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Mar Satorras, Isabel Ruiz y Hug March, han identificado retos y oportunidades para cuidar del planeta planteados por la pandemia. «El confinamiento ha acelerado la naturalización de las ciudades, lo que se podría aprovechar para enverdecerlas a gran escala», aseguran los investigadores, quienes también ven una ventaja en «digitalizar reuniones, conferencias y eventos, o racionalizar los vuelos internacionales». Según el grupo, «en la nueva normalidad, podrían reducirse significativamente los impactos ambientales derivados de la hipermovilidad».

Consolidar el teletrabajo es, para los investigadores de la UOC, «una oportunidad para promover patrones de asentamiento en zonas rurales o para redistribuir la población y favorecer las ciudades medianas». También consideran que la pandemia ha hecho tomar conciencia sobre la fragilidad de la sociedad, «lo que puede tener consecuencias en la percepción social de la emergencia climática».

Por otro lado, Sergio Sastre, consultor e investigador en ENT Environment and Management, explica que «los efectos más visibles a corto plazo se pueden apreciar en la calidad del aire y el agua en las ciudades». Sastre explica que «la disminución drástica de la actividad económica quita presión a los ecosistemas. Cuanto más tiempo dure esta reducción más alivio tendrán», y añade que los efectos en la naturaleza solo se podrán apreciar pasado un año, al menos.

Los problemas de tráfico son recurrentes en la Autovía A-7. FOTO: Ángel Juanpere

Nuevos datos tomados por el satélite Copernicus Sentinel-5P muestran la fuerte reducción de las concentraciones de dióxido de nitrógeno en China y distintos lugares de Europa, como Roma y el norte de Italia, París y varias ciudades de España coincidiendo con las medidas de la cuarentena.

La otra cara de la moneda

Pero no todo es positivo para el ecosistema. En el otro lado de la balanza encontramos algunos de los riesgos medioambientales que plantea la pandemia. Los investigadores de la UOC ponen como ejemplo que «los gobiernos decidan pasar la tijera al presupuesto destinado al medio ambiente» y que la priorización del ámbito sanitario, la atención a las personas y la reactivación de la economía «derive en una ralentización y recortes en políticas ambientales».

«Esta situación pondría en riesgo tanto las nuevas declaraciones de emergencia climática y campañas de sensibilización», según los investigadores. También ven una amenaza que puedan flexibilizarse las normas ambientales, como es el caso del gobierno catalán, que anunció en abril una ley de simplificación administrativa para agilizar trámites urbanísticos y ambientales.

Por su lado, el investigador Sergio Sastre alerta de lo que puede ocurrir en un futuro. «Habrá que esperar a ver si existe un efecto rebote, y no se acelera presión sobre los ecosistemas para reactivar la economía». Luis Rico, coordinador general de Ecologistas en Acción, comenta que «es cierto que cuando se detiene el sistema económico mejoran aspectos como la reducción del efecto invernadero, pero toda esta situación es artificial», y añade que «para abordar los problemas medio ambientales habría que lograr cambios económicos profundos. No es real porque es algo transitorio».

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