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El ingeniero que se pasó a la magia

Sin nombre artístico grandilocuente, el joven tarraconense Óscar Vallhonrat se ha volcado en la magia formativa en centros escolares y convenciones de empresa

Rafael Servent

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Óscar Vallhonrat, mago. Foto: Pere Ferré

Óscar Vallhonrat, mago. Foto: Pere Ferré

Hace poco más de un año, Óscar Vallhonrat (Tarragona, 30 años) decidió abandonar su carrera profesional como ingeniero de telecomunicaciones en una empresa multinacional en Valladolid para regresar a su Tarragona natal (en esta ocasión, en La Secuita) y emprender una nueva vida como mago.

La magia siempre había estado ahí, desde que, cuenta, «me picó con ocho años». Ya entrando en la adolescencia, «con 14 años encontré una tienda de magia en Barcelona donde compré un libro de magia con cartas, y descubrí mi gran pasión». Una pasión que quedó para amigos y familiares, en forma de afición, pero que siguió cultivando durante sus años de estudiante universitario, primero en Terrassa y más tarde en Granada.

Detalle del material con el que trabaja Vallhonrat. Foto: Pere Ferré

En una trayectoria profesional llamada a no salirse de los convencionalismos, Óscar Vallhonrat terminó su carrera como ingeniero de telecomunicaciones, pasó página a sus colaboraciones estudiantiles con el granadino Mago Migue y los dos años que estuvo dando cursos de iniciación a la magia para adolescentes y de magia en familia, echó currículum y logró un empleo ‘serio’, de los ‘de verdad’, como ingeniero en toda una multinacional.

Pero no. «No encontré mi lugar. Así que me dije: lo intento». Óscar Vallhonrat, mago. De vuelta en el Camp de Tarragona, bodas y espectáculos en inglés para turistas fueron sus inicios, con magia de cerca (cartas, monedas, cuerdas) y de salón (pañuelos, anillas, trucos con el cuerpo). Poco a poco, fue dando forma a su proyecto: formar a través de la magia. ¿Por qué no?

En plena resaca de speakers motivadores y dinamizadores de eventos varios, ¿por qué no usar la magia para trabajar en cosas como el team building? «Me interesan mucho las convenciones de empresa: se pueden hacer muchas cosas», explica este joven afincado en La Secuita. «Con un número de magia puedes jugar con la idea que la empresa quiere expresar, intercalándola. Team building, trabajo en equipo... son cosas que se pueden hacer», prosigue.

Este octubre empezará una prueba con cuatro escuelas del Camp de Tarragona

Prueba piloto con cuatro escuelas
Su primera experiencia en el mundo de la empresa fue este verano, durante una jornada para emprendedores organizada por la Diputació de Tarragona. Aunque su proyecto más maduro en la mezcla de magia con educación está en las escuelas. Concretamente, en niños y niñas de entre quinto de Primaria a finales de la ESO.

Si todo sale según lo previsto, en octubre arrancará con cuatro escuelas del Camp de Tarragona (todos ellos centros concertados) donde dará talleres extraescolares en los que se trabajarán aspectos que van desde la expresión corporal hasta la voz, pasando por conceptos como la ‘matemagia’, una disciplina educativa de la magia que sirve para reforzar conocimientos matemáticos.

«Este año será el de prueba» para su proyecto de negocio, explica, «y ojalá funcione bien y pueda crecer», añadiendo nuevas escuelas y volcándose al cien por cien en el mundo educativo y de convenciones de empresa. De momento, lo compaginará con bodas, fiestas mayores, comuniones, espectáculos turísticos y magia familiar. Todo junto, suficiente para vivir de esto y pagarse sus autónomos. Que no es poco. Pasar de ingeniero de telecomunicaciones a mago profesional habrá sido su mejor truco. 

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