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Electrónica circular

El Derecho a Reparar entra en la agenda europea con nuevas regulaciones

Rafael Servent

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La consigna es bien conocida: ‘Por lo que cuesta repararlo, mejor comprar uno nuevo’. Sin olvidar la previa: ‘Antes las cosas sí que se fabricaban para durar’. El resultado es fácil de intuir: montañas infinitas de residuos acumulados año tras año y depredación de los recursos naturales del planeta, en una economía lineal claramente insostenible.

Pero las cosas están cambiando con rapidez. Por lo menos, en Europa. La Unión Europea quiere ser el referente global en sostenibilidad y economía circular, y se multiplican las acciones para alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo, que ambiciona situar a Europa como el primer continente climáticamente neutro en el año 2050. Y algo más: aspira también a que su crecimiento económico no esté ligado al uso de recursos. Es decir, terminar con el modelo de economía lineal de ‘extraer, fabricar, usar y tirar’.

Los fabricantes de electrodomésticos están obligados  a suministrar piezas de repuesto hasta 10 años después de haber retirado un modelo del mercado.

Lo va a hacer vía regulaciones. A diferencia de las directivas, que luego deben trasponer los diversos estados miembros a sus respectivos ordenamientos jurídicos (con los consiguientes retrasos y dilaciones por parte de algunos), las regulaciones de la Comisión Europea son de obligado cumplimiento (y de forma simultánea) en todo el territorio de la Unión. Son, además, tangibles desde el primer minuto de aplicación.

Es lo que sucede desde el pasado 1 de marzo, cuando los establecimientos comerciales minoristas de la Unión Europea empezaron a aplicar la nueva regulación de la Comisión Europea que cambia los criterios de la bien conocida etiqueta energética para bienes de consumo, y que abandona las clasificaciones A+, A++ y A+++ por otra que va de la A a la G. Más desapercibida ha pasado, sin embargo, otra parte de esta nueva regulación, que introduce un concepto que en los próximos años va a ganar fuerza: el Derecho a Reparar.

Hasta la entrada en vigor de la nueva regulación de la CE este 1 de marzo, los consumidores españoles tenían derecho a  un mínimo de 5 años de repuestos.

Derecho a Reparar
Desde el momento de aplicación de esta regulación europea, los fabricantes e importadores de electrodomésticos estarán obligados a poner a disposición de los reparadores profesionales una serie de piezas esenciales (motores y escobillas de motor, bombas, amortiguadores y muelles, tambores de lavadora...) durante un mínimo de entre siete y diez años después de la introducción en el mercado de la Unión de la última unidad de un modelo. Hasta ahora, esos plazos se situaban en España entre los cinco y los siete años.

También en el caso de los consumidores que no sean reparadores profesionales pero que quieran reparar ellos mismos las cosas, los fabricantes deberán poner a disposición determinadas piezas de recambio no esenciales (puertas, bisagras, juntas, bandejas de frigorífico...) durante varios años después de la salida de un producto del mercado. El plazo máximo de entrega para todas estas piezas será de quince días laborables después del pedido.

La aplicación de medidas de economía circular puede incrementar el PIB de la UE un 0,5% y crear 700.000 nuevos empleos hasta el año 2030.

Unas medidas que conectan directamente con las nuevas regulaciones en ecodiseño que están por llegar en la Unión Europea, y que abordarán cuestiones como la obsolescencia prematura. Durabilidad, actualizabilidad y, por supuesto, reparabilidad, son conceptos de los que vamos a oír hablar cada vez más.

Agrupaciones europeas en defensa del Derecho a Reparar han visto -en esta parte de la nueva regulación europea que aborda esta cuestión- un primer paso de otros muchos que están por llegar, aunque con un margen de mejora importante en el horizonte.

El objetivo último es poner fin al ‘es casi más barato comprar uno nuevo que repararlo’. Lo explica David Franquesa, investigador en economía circular de los dispositivos digitales, obsolescencia programada, reutilización y reciclaje en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), además de director de eReuse.org, organización perteneciente a la coalición europea de agrupaciones Right to Repair.

«Si por ejemplo -cuenta Franquesa- un fabricante de lavadoras ha diseñado un producto que no es fácilmente reparable, aunque la pieza que se haya estropeado sea pequeña, tendrás que sustituir todo el tambor, que está soldado a otros componentes, sin tener otra alternativa». 

Desde el lanzamiento de su primer modelo en el año 2013, el fabricante de smartphones holandés Fairphone se ha convertido en un referente del ecodiseño y la electrónica circular. En lugar de un cargador o unos auriculares (que probablemente ya tenga y pueda seguir usando), el comprador de uno de estos dispositivos recibe un destornillador con el cual acceder de manera fácil a todos sus componentes, que puede reparar y actualizar fácilmente, alargando así su vida útil. 

Joaquim Bernat, jefe del del Servei de Normativa i Procediment de l'Agència Catalana del Consum, coincide: «Nos podemos encontrar con que, entre el coste de las piezas de recambio, el desplazamiento y la mano de obra, reparar una lavadora cueste 400 euros, mientras que comprar una nueva valga 600 euros».

«Nos podemos encontrar con que reparar una lavadora cueste 400 euros, mientras que comprar una nueva  valga 600 euros». Joaquim Bernat, Agència Catalana de Consum

«O se piden medidas de ecodiseño para poder reparar componentes más pequeños -añade David Franquesa, de la UPC-, con una reparabilidad más granular, o se pone un limitador en el precio de los componentes de segunda mano o del conjunto de las reparaciones, para que no supere un porcentaje determinado del precio de venta del electrodoméstico».

«Yo no sé si al final la normativa protegerá al consumidor -reflexiona Joaquim Bernat, de la Agència Catalana de Consum-, pero en todo caso es algo que debería hacer el Estado español».

«El consumidor debería tener una etiqueta que le indique cuán reparable y durable es un producto». David Franquesa, UPC

Alejandro Lozano, responsable del área de Bienes Tecnológicos de Consumo (BTC) en AECOC (Asociación de Empresas de Fabricantes y Distribuidores), coincide en que, «como consumidor, yo no solo quiero la pieza de recambio, sino que ésta tenga un precio razonable. Luego está el precio de las horas de operario. Hay un tema de precios muy relevante, en el que habrá que trabajar».

«Después están los plazos de entrega -prosigue-, porque tenemos unas variables en las que, para que la economía circular funcione, aunque me salga más barato reparar, no me puedo estar un mes sin nevera. Son muy necesarias las políticas de apoyo a la economía circular, y desde AECOC vamos a estar apoyándolas, pero queda mucho camino por recorrer».

«En los recambios hay un tema de precios muy importante, en el que habrá que trabajar». Alejandro Lozano, AECOC

En este camino por delante, David Franquesa, investigador de la UPC y director de eReuse.org, reclama que «el consumidor no solo debería tener una etiqueta con el consumo energético de un aparato, sino también otra que le indique cuán reparable y durable es. Ha de ser una información accesible y transparente».

Más temprano que tarde, ese índice de reparabilidad llegará al mercado europeo en forma de etiqueta para el consumidor. Francia ya abrió el camino el pasado 1 de enero con su propia etiqueta. Se trata de tomar en cuenta no solo la eficiencia energética de un producto, sino aspectos de ecodiseño como la facilidad para acceder a sus componentes, la granularidad de esos componentes, la durabilidad en horas del aparato...

El camino que marca el nuevo índice francés: El pasado 1 de enero entró en vigor en Francia el primer índice de reparabilidad de la Unión Europea. Con una gradación de colores y una puntuación en una escala de diez, ayuda a los consumidores a valorar cómo de durable, reparable o actualizable es un producto. Esta iniciativa no será, previsiblemente, la única en la UE. El cambio que se avecina es grande. Joan Carles Calbet, presidente de la Associació de Comerciants d’Electrodomèstics (ACE), reconoce que «sería una información relevante, que el consumidor valoraría, y que beneficiaría a los comercios que nos negamos a vender productos por debajo de determinadas calidades».

Escala de colores del nuevo índice de reparabilidad francés.

Concha Zorrilla, presidenta de la Comissió d’Economia Circular i Canvi Climàtic del Col·legi d’Enginyers Industrials de Catalunya (EIC), está convencida de que este es el camino: «Hace años, cuando se hablaba de economía circular se hablaba solo de residuos. Ahora ya no; es otra economía, que empieza por el diseño».

«Pienso que muchas empresas empiezan a hacer sus deberes -analiza Zorrilla-, y a pensar que la economía va hacia otro lado. Ahora empezarán a florecer actividades de reparación, de mantenimiento, de uso compartido... Todas estas baterías legislativas ayudarán a esta nueva conciencia. Cuando tengas una etiqueta con un índice de reparabilidad, está claro que el consumidor se la mirará. En ese momento, el cambio de modelo hacia una economía circular será imparable».

«El cambio de modelo hacia una economía circular será imparable». Concha Zorrilla, EIC

Las claves del ecodiseño

  • Eficiencia energética y durabilidad: Máximas horas de duración con un mínimo consumo de energía son un objetivo básico.
  • Reparabilidad: Sustituir un componente dañado debe ser lo más sencillo y barato posible, con un diseño que lo facilite.
  • Actualizabilidad: Fin a la obsolescencia prematura. Tanto el hardware como el software deben ser fácilmente actualizables.
  • Mantenimiento: Un buen ecodiseño facilita un adecuado mantenimiento, alargando así la vida útil de los dispositivos.
  • Reutilización: Los productos deben estar diseñados para ser reutilizados en ‘segundas vidas’ para otras necesidades.
  • Reciclado: El reciclado de los materiales no es el final. Con un buen ecodiseño se podrá reaprovechar el máximo de ellos.

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