Fiebre por los aguacates

Desde Alcanar, Agustí Grau y Meritxell Vidal promueven el consumo ecológico de aguacates y mandarinas y hacen pedagogía del modelo

MARINA PALLÁS CATURLA

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Agustí Grau y Meritxell Vidal en la finca La Calafa, en Alcanar.  Foto: Barcelona Slow Travel / La Calafa

Agustí Grau y Meritxell Vidal en la finca La Calafa, en Alcanar. Foto: Barcelona Slow Travel / La Calafa

Cuando éramos pequeños, o en realidad hace apenas una década, no sabíamos qué era un aguacate ni lo habíamos probado jamás. En nuestro consumo de frutas había mandarinas, peras, manzanas... pero no esta baya verde de piel dura y rugosa que de repente ha invadido nuestras ensaladas, desayunos, aperitivos y cenas. El aguacate ha incrementado exponencialmente su cultivo y consumo en muchos países, también en el nuestro. En Andalucía, mayoritariamente. Pero también se produce, por ejemplo, en Alcanar.

Allí, una pequeña finca llamada La Calafa produce agricultura ecológica y responsable, especialmente de aguacates y mandarinas. Los emprendedores del proyecto, que arrancó hace 8 años, son Agustí Grau y Meritxell Vidal, pareja ampostina de 38 años y padres de dos niños pequeños.

«Mi padre tenía una finca con mandarineros en Alcanar, cuya partida se llama Les Calafes. Empezó con la agricultura ecológica hace más de 20 años, fue uno de los pioneros de la zona. Pensó en cambiar a hacer cultivos subtropicales y se dio cuenta de que allí el aguacate crecía muy bien», explica Grau.

Con el fallecimiento de su padre, hace 8 años, Grau se quedó al cargo de la finca, y junto con Meritxell se formaron en agricultura ecológica y biodiversidad. Emprendieron un proyecto no sólo de cuidar del huerto, sino de abarcar todo el proceso ellos mismos: recoger los frutos, llevarlos a casa y, lo más importante, fomentar y hacer pedagogía sobre el modelo ecológico.

«Descubrí que sabía muchas más cosas sobre agricultura que las que creía. Mi padre me lo había enseñado desde pequeño», comenta el emprendedor. Respecto al boom que ha tenido el aguacate, comenta que «creo que se ha puesto de moda porque empezó en los Estados Unidos y las cosas que funcionan allí llegan aquí. Es un producto muy sano y fácil de conservar, tiene grasas muy sanas y da mucho juego... Puedes comerlo salado, dulce... Sin embargo, el cultivo de aguacate necesita muchísima agua y eso puede generar un problema en algunos países».

El aguacate ha incrementado exponencialmente su cultivo y consumo en muchos países, también en el nuestro

La finca de La Calafa tiene aproximadamente la misma cantidad de mandarineros que de aguacates, si bien la producción de éste no la alcanzan en la totalidad (sólo hacen un 10%) para no desequilibrar biológicamente la finca. Cultivan tres clases de aguacate, mandarinas (especialmente la clementina fina, una variedad autóctona pequeña y de buen sabor) y también tienen otros árboles frutales como un granado, mango, kiwis y guayabas. La recogida del aguacate empieza justo ahora.

Grau insiste en que invertir en productos ecológicos es invertir en el mismo territorio. «Las mandarinas que no son ecológicas a menudo no tienen sabor porque han madurado en cámaras», ejemplifica. «La gente que no tiene tiempo solo va a un supermercado donde los precios están muy bajos. Nuestros clientes están concienciados». El proyecto se extendió hasta alcanzar clientes de Barcelona, pero con el nacimiento de sus hijos pequeños y con falta de tiempo, decidieron acotar la zona y ahora mismo sus clientes son grupos de consumo y tiendas ecológicas de les Terres de l’Ebre, el camp de Tarragona y la Conca de Barberà. 

La Calafa además realiza actividades de ecoturismo, con visitas a la finca y talleres de recetas sobre el aguacate o elaboración de mermeladas, entre otras propuestas.
 

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