Flores comestibles cultivadas en agua

En Riudoms, esta ‘startup’ agrícola utiliza la digitalización y el análisis de datos en tiempo real para el cultivo hidropónico de plantas aromáticas

Rafael Servent

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Berta Escoda, entre algunas de las canalizaciones en las que crece albahaca. A la derecha, flores comestibles. Fotos: Fabian Acidres

Berta Escoda, entre algunas de las canalizaciones en las que crece albahaca. A la derecha, flores comestibles. Fotos: Fabian Acidres

Albahaca, romero, menta, cebollino... y flores comestibles. Todas, cultivadas en agua. Thridax, startup con sede e instalaciones en Riudoms (Baix Camp) y seleccionada en la última edición del programa de aceleración empresarial Tarragona Open Future, liderado por Tarragona Impulsa en colaboración con Telefónica, quiere hacerse un lugar en el cultivo hidropónico de plantas aromáticas.

En sus instalaciones de 7.000 metros cuadrados de invernaderos en Riudoms (a los que se añaden otros 5.000 metros cuadrados listos para entrar en producción), este proyecto liderado por Berta Escoda Sardà (Reus, 36 años) en colaboración con su padre Joan Escoda (Reus, 68 años) cultiva plantas aromáticas prescindiendo del suelo, en canalizaciones elevadas por las que circula agua con nutrientes.

Uno de los productos que ofrece Thridax. Foto: Fabian Acidres

Algo que permite, según relata Joan Escoda, «un ahorro muy importante de agua, prescindiendo además de herbicidas e insecticidas». Mediante el cultivo hidropónico en invernadero, «la planta no depende de la climatología y puede tener un crecimiento más corto, lo cual te permite ir hacia un producto de valor añadido más alto y ser más respetuosos con las plantas, que no sufren estrés hídrico y donde ahorras entre un 70% y un 80% del agua que utilizarías en un cultivo tradicional en el suelo».

Además, añade Joan Escoda, «la planta, sin estrés hídrico, es más sabrosa y, una vez cosechada, tarda más días en perder su calidad y vigor».

Iniciado hace un año y medio con la adquisición de las antiguas instalaciones de un Garden Center en Riudoms, el paso del proyecto Thridax por el programa Tarragona Open Future sirvió, relata Berta Escoda, para enfocarse en ese valor añadido que pueden ofrecer las plantas aromáticas: «Vimos que teníamos que salir del cultivo de lechugas y buscar algo más, y por eso nos centramos en las aromáticas».

«No queremos, de ninguna de las maneras, un cultivo que genere residuos»

Con una inversión de unos 300.000 euros en la rehabilitación de los antiguos invernaderos, la automatización y monitorización en tiempo real de los cultivos de estas instalaciones es una característica destacada. «Monitorizamos las horas de exposición a la luz, la temperatura, la humedad y los nutrientes que se le suministran a la planta», explica Joan Escoda, que asegura que la tecnología es una gran aliada de la sostenibilidad.

«No queremos -añade- de ninguna de las maneras un cultivo que genere residuos, y en nuestro caso solo generamos como residuo las raíces de las plantas. Y, aunque en la Unión Europea el cultivo hidropónico no puede tener todavía la certificación de ecológico, como sí sucede en los EEUU, todo lo que utilizamos en Thridax es ecológico».

La digitalización y automatización de estas instalaciones, donde hoy trabajan dos personas, permite además graduar la apertura y el cierre de los invernaderos de manera automatizada, en base a la recogida de datos en tiempo real que realizan.

Tras un periodo de inversiones y puesta a punto de la producción (todavía en fase de ajuste), han empezado algunas de las primeras ventas, muy incipientes, de Thridax. Esas primeras ventas han ido destinadas a empresas transformadoras, que elaboran salsas o ingredientes culinarios con sus albahacas, cebollinos y mentas hidropónicas. En breve, confían en poder salir al mercado, a través de distribuidores, con su propia marca.

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